lleno de personalidades y futbolistas

De Pedro Sánchez a Isabel Preysler, un palco variado de un River - Boca histórico

El palco del Bernabéu conoció nuevos personajes, desde una representación nutrida de atléticos a la plana mayor del fútbol mundial, pasando por un buen número de políticos españoles

El caos fue tan acusado durante la semana previa al River Plate-Boca Juniors (3-1) que, al final, quedó un palco diverso y colorido como pocas veces. El protocolo es arte de lo conocido, tener claro el lugar de cada uno, pero eso es solo posible si los que aparecen en la zona noble son, más o menos, los de siempre. Cuando se rompe toda convención, todo es posible. En el del Santiago Bernabéu para esta atípica final de la Copa Libertadores se juntaron los clásicos del lugar con presencias insólitas, políticos, deportistas, gente de la cultura y empresarios, sin orden ni concierto, más allá de las dos primeras filas, las que presidía Pedro Sánchez.

El partido no ha llegado a ser una empresa personal del presidente del Gobierno, pero es evidente que se ha mojado para que la Libertadores terminase jugándose en Madrid. Esperaban que Mauricio Macri, presidente de Argentina y expresidente de Boca Juniors, apareciese, pero se quedó en la Casa Rosada para ver la final. No estuvo él, pero sí una buena representación argentina en la grada y también en el palco. Pero antes de eso, y aunque esta vez su equipo no estuviese, Florentino Pérez. El presidente del Madrid salió corriendo de El Alcoraz para colocarse a la derecha de Sánchez. A su izquierda, Alejandro Domínguez, el tercer vértice del triángulo que llevó a Madrid el partido en su condición de presidente de la Conmebol.

La primera fila era eminentemente futbolera, pues a la izquierda de Domínguez estaban Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y Aleksander Ceferin, de la UEFA. El presidente de la asociación mundial también acudió al Monumental en el partido fallido de hace tres semanas, y salió asustado con los escupitajos y las malas formas que se encontró en Buenos Aires. Siguiendo en la fila, los que seguro que no se lo iban a perder, los vicepresidentes de la Conmebol Arturo Salah y el Chiqui Tapia, que además es el presidente de la Federación Argentina. Muy cerca de ellos, Theodoros Theodorikis, secretario general de la UEFA. Completa la primera hilera el presidente de River, Roberto D'Onofrio, pero no parece en las fotos que estuviese el de Boca, Daniel Angelici, en bronca constante con su homólogo.

Vargas Llosa e Isabel Preysler.
Vargas Llosa e Isabel Preysler.

Si la primera fila era del fútbol, la segunda correspondía a la política española. Y fue de lo más diversa. La secretaria de Estado para el Deporte, María José Rienda, se situaba en una esquina; a su izquierda, Marta Higueras, teniente de alcaldesa de la ciudad. El embajador argentino, Ramón Puerta, las seguía y Ángel Garrido, presidente de la Comunidad de Madrid, pudo conversar un rato con los ministros Fernando Grande-Marlaska, de Interior, y José Guirao, de Educación, Cultura y Deportes, pero este seguro que tuvo más rato de charla con el expresidente José María Aznar y su esposa, la exalcaldesa Ana Botella, pues estuvo sentado junto a ellos 90 minutos. En la fila de los cargos, también Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español. Cerca también se pudo ver a Begoña Villacís, portavoz de Ciudadanos en el ayuntamiento. Poca representación, eso sí, de la Federación Española de Fútbol, que ha empujado mucho para que el partido estuviese así. Ana Muñoz, vicepresidenta, destacaba entre tanta corbata.

Mucho futbolero

Y hasta ahí lo más o menos oficial. Fuera de eso todo era posible. En la zona alta del palco, como si viviesen allí, los ejecutivos del Real Madrid José Ángel Sánchez y Antonio Galeano. En medio, el entrenador blanco, Santiago Solari, ex de River. También una buena representación de la directiva blanca. Debajo de la zona noble, una cosa poco frecuente en los partidos del día a día: futbolistas. Enzo Francescoli, James Rodríguez, Javier Zanetti, Mauro Icardi, Míchel Salgado, Nelson Valdez, Hernán Pérez. También técnicos de prestigio, como Carlos Queiroz, Ramón Díaz —mito de River— y Miguel Ángel Ruso. No es aventurado decir que muchos de ellos eran mejores que los que correteaban por el césped.

Pedro Sánchez y Alejandro Domínguez. (Baldesca Samper)
Pedro Sánchez y Alejandro Domínguez. (Baldesca Samper)

Llamativo es el caso del Atlético de Madrid, que como el equipo jugó el sábado pudo disfrutar de este partido en su totalidad. Los rojiblancos, de corazón argentino, se arremolinaron en el campo del rival para la final. Encabezados por Miguel Ángel Gil, dueño, en lo que es un caso extraño, pues le suele poner tan nervioso el fútbol que no acude a los partidos de su equipo. En su zona del palco, Giménez, Correa y Filipe Luis. Curiosamente, todos ellos separados de Savic y Oblak, en la parte central del palco junto a otros jugadores históricos sudamericanos. Y de su entrenador, Simeone, con corazón de River, donde jugó su hijo, que le acompañaba en la zona noble. Griezmann y Godín estuvieron en un palco privado, el primero enfundado en una camiseta blanca y de Boca, dos detalles que difícilmente pudieron gustar a su jefe, aunque este domingo no deja de ser un día festivo más.

Pero no quedó ahí la cosa. Este partido no se lo ha querido perder nadie, en esta semana el trapicheo de entradas y las cataratas de peticiones han sido muy numerosos. Es difícil saber cuál fue el criterio, pero por el palco se pudo ver a Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler, también al periodista Joaquín Estefanía, adjunto a la directora de 'El País'. Y no se necesitaba mirar mucho más para encontrar a Baltasar Garzón, exjuez y ahora relacionado con el mundo de la política. O el ilustre abogado Antonio Garrigues Walker. O Loco Gatti, que jugó en ambos equipos. Si se miraba un poco más, también se podía encontrar a Iván Redondo, jefe de Gabinete del Gobierno de Pedro Sánchez. O al expresidente del Madrid Lorenzo Sanz.

Y en todos los palcos privados, mucho fútbol. Uno con jugadores de la Juventus, como Dybala y Chiellini; otro lleno de barcelonistas, Busquets, Jordi Alba y, por supuesto, Messi, que después de un sábado memorable se encontró en tierra hostil, viendo dos equipos de su tierra y un partido bastante mustio.

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