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La depreciación de Busquets y por qué Luis Enrique no podrá competir contra el pasado

Luis Enrique dijo en su primer día de trabajo que difícilmente se llegaría a los límites de la edad de oro. Sigue buscando el equipo y no es difícil encontrar fallos en la estructura del equipo

Foto: Busquets, en el partido contra Inglatera. (Reuters)
Busquets, en el partido contra Inglatera. (Reuters)

La defensa de Luis Enrique a De Gea era del género obvio, señalar al individuo siempre es un error en un deporte de equipo. También en el caso del portero, que si encaja mucho es solo porque hay muchas veces que le llegan al área. Los entrenadores, que se encargan fundamentalmente de engarzar piezas de un puzle, tienen una visión holística del juego, el colectivo como algo que va mucho más allá de las piezas una detrás de otra. El cocinero, con sus ingredientes, busca llegar a un plato, no a la suma de los elementos. Hay, en todo caso, algunos que por diversas cuestiones sirven de termómetro de la situación. Futbolistas que por jerarquía o por posición definen el estilo llevado a cabo y el éxito —o fracaso— del mismo. El portero, sí, pero en España la pieza central, la clave de bóveda, siempre fue Sergio Busquets.

España ha perdido dos partidos encadenados con rivales de entidad, en ambas ocasiones pareció frágil. Hay una parte de esa percepción que se corresponde con los errores individuales de algunos defensas, pero va más allá de lo circunstancial, las llegadas de los rivales son mucho más frecuentes de lo que se espera de un equipo que asegura querer tener la posesión del balón. Muchas contras, demasiadas, pero también ratos de dominio intenso del contrario que no cuadran con el libreto que se está vendiendo. Y sí, es cierto, todo eso se corresponde a una cuestión de equipo, pero todo sería diferente si Busquets estuviese a su nivel.

Llegó un punto en Busquets, en el pasado, que se dijo tantas veces que estaba infravalorado que comenzó a estar un poco hinchado de más. Es, en todo caso, uno de los grandes, un jugador genial que ha sido capaz, desde el silencio, de imponer a sus equipos su sello. Es un jugador extremadamente solvente, y es cierto que no es el más bonito de ver, no se le recuerda una filigrana de más, pero tampoco muchas entregas fallidas. En tiempos ejerció de escoba, capaz de dinamitar todas las jugadas enemigas con su colocación siempre acertada, y el catalizador de todo lo que ocurría en el ataque, aunque solo fuese porque en él empezaba el juego que otros, más verticales u ofensivos, transformaban en peligro. Todo eso, que está ahí, ahora está desdibujado. Porque él no está bien.

Rodri y el doble pivote

Le ha ocurrido en el Barcelona, que esta temporada está especialmente poroso, y también a la Selección, que se encuentra más desprotegida desde que el jugador que sostenía el mediocampo ha perdido el pie. Le está costando coger el punto porque los años tampoco perdonan y su posición tiene una exigencia máxima. En su caso, y a diferencia de la mayor parte de sus compañeros de generación, tiene un relevo claro, pues Rodri, con su juventud, ya parece uno de esos chicos capaces de mantener un equipo con su simple presencia. ¿Como Busquets? Palabras mayores, no se le puede pedir a un crío que se ponga en los hombros el peso del pasado más laureado.

Cabe incluso la posibilidad de que jueguen juntos, a ver si así el equipo se robustece. Tampoco sería como inventar la pólvora, pues una solución similar ya eligió Del Bosque cuando pintó un mediocampo en el que se conjugaban Busquets, que en aquel momento era el joven hambriento con mucho fútbol, y Xabi Alonso, un jugador inteligente, de juego posicional impecable y gran generador de fútbol. Aquel experimento terminó con una Copa del Mundo en las vitrinas de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, aunque volviendo a la visión conjunta, no fue solo cosa de ellos.

Fue de un equipo eterno que ya no está y al que todavía nos aferramos. La transición es dura poque tiene que serlo, no puede ser de otro modo. Iniesta todavía juega al fútbol. Xavi o Xabi no son Obdulio Varela y, aunque dispongan ya del certificado de viejas glorias, no tienen por el momento el aspecto de serlo. Aquel equipo está reciente en la memoria, aunque hayan pasado más de ocho años desde que asaltaron el Soccer City de Johanesburgo. Pero ya no está, y ese ese el centro de toda esta historia. También una de las cosas a las que se tiene que resignar Luis Enrique, la eterna comparación entre lo que hubo y lo que hay.

David Silva será homenajeado este domingo en el España-Bosnia y Herzegovina. (EFE)
David Silva será homenajeado este domingo en el España-Bosnia y Herzegovina. (EFE)

"Es lo que hay"

En la primera rueda de prensa que dio como seleccionador ya dejó caer que él no tendrá los mimbres del pasado. No lo dijo con contundencia, pero sí comentó que igual esa comparación, la de la España gloriosa, no era alcanzable. Añadía, eso sí, que no van a salir tampoco a jugar aquellos de nuevo, así que no competirán contra esos jugadores, sino contra otras selecciones, que tendrán buenos jugadores, sin duda, pero difícilmente llegarán a la armonía de un equipo que marcó una época en el fútbol mundial. Esta frase suena rimbombante, pero no lo es, y es otra de esas cuestiones que el tiempo pondrá en evidencia. A medida que pasen los años se verá más y más que encadenar dos Eurocopas y un Mundial es una tarea casi única.

En su rueda de prensa previa al partido de este domingo contra Bosnia, Luis Enrique intentó matizar su frase previa el jueves en Croacia: "Es lo que hay". La segunda versión dice que se refería al sistema de competición (?), pero casi todos le entendieron que este equipo da para lo que da. Está Sergio Ramos y una catarata de centrales que no son malos, pero tampoco excelentes; un Busquets algo ajado e interiores muy buenos, pero que no son ni Xavi e Iniesta; atacantes de nivel, alguno más incluso que eso, pero en ningún caso estrellas universales. La España de hoy, la que tiene que configurar el asturiano, es una mezcla de buenos jugadores, con futuro y que puede competir por todo, y eso incluye también ganar un Mundial o una Eurocopa. Lo que no es, en ningún caso, es un equipo tan excelso como aquel.

En Las Palmas de Gran Canaria, Silva hará el saque de honor. Se ha ido del equipo y es su casa, buen momento para hacerle un homenaje a un personaje esencial de todo este tiempo. Y a veces no fue titular, y a veces no parecía una estrella. Esa es una de las definiciones más amplias de aquel equipo, un contexto en el que jugadores de la dimensión de Silva, tremendos, absolutos, estrellas por derecho propio, podían confundirse con el paisaje. Ya no hay eso, se están yendo y los últimos en quedar, Busquets y Ramos, ya no pueden compensar solos todas las depreciaciones de sus alrededores. Están mal porque lo están, pero además es que en el contexto nuevo todo es más difícil.

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