la complicada gestión del galés

Los problemas de Bale con sus entrenadores en el Real Madrid: el jugador ingobernable

Lopetegui también tiró la toalla con Bale. Todos los entrenadores que ha tenido el galés en el Real Madrid han sufrido, de un modo u otro, una decepción y diferentes problemas

Foto: Gareth Bale, serio, abandona el terreno de juego en el Camp Nou. (EFE)
Gareth Bale, serio, abandona el terreno de juego en el Camp Nou. (EFE)

Julen Lopetegui se ha ido del Real Madrid con la decepción de no entender en qué ha fallado para no conseguir hacer de Bale un futbolista que marque las diferencias con regularidad... Otro técnico que también acabó tirando la toalla cuando le quitó en el Clásico para meter a Marco Asensio. El galés no se libró de quedar señalado por el cuarto entrenador que ha tenido en el Real Madrid Ancelotti, Benítez, Zidane y Lopetegui. A todos les ha creado problemas, de una u otra forma, por sus quejas a través de su representante —Jonathan Barnett— a Florentino Pérez: la posición en la que prefería jugar, los partidos que dejaba de disputar, la fragilidad física, mental y las amenazas públicas de marcharse si no tenía más protagonismo. A Lopetegui también se le atragantó por las singularidades de un futbolista difícil de encajar en el equipo —con y sin Cristiano Ronaldo—. Un jugador bajo sospecha que ha provocado recelo en los últimos cuatro técnicos que han pasado por el banquillo.

Con Solari, tampoco se puede decir que empiece de la mejor manera, porque en el estreno copero se quedó en Madrid para descansar cuando otros —Sergio Ramos, Benzema, Casemiro...— sí entienden que es el momento de hacer grupo y viajaron a Melilla. Cada entrenador blanco ha sufrido a Bale de una manera. Unos han sido más drásticos —Ancelotti y Zidane— para no permitirle sus quejas, imposiciones y caprichos. Otros —Benítez y Lopetegui—, por durar menos tiempo, intensificaron un voto de confianza que no tuvo recompensa. Bale hace lo que quiere dentro y fuera del terreno de juego y se siente respaldado por Florentino, al que acude su agente para comunicar las lamentaciones.

Bale siente que está por encima de algunas decisiones de los entrenadores porque llegó con el cartel de estrella en el verano que el Madrid no pudo fichar a Neymar y un precio de 100 millones de euros que le convierte en indiscutible. Es un futbolista especialista en echar pulsos silenciosos y, de momento, han acabado con el mismo resultado: la sensación de no comprender a Bale. El principal problema de Bale es su falta de compañerismo —consentida desde el club y, en menor medida, por los entrenadores, que no le han puesto en su sitio desde el primer minuto—. En el caso de Lopetegui, entró con el mismo tacto de todos: "Bale entrena como un juvenil". Y el galés se lo ha pagado con un rendimiento discreto, no forzar ante el miedo o riesgo de lesión y algunas acciones puntuales como el desentendimiento de la banda derecha en el Camp Nou para sujetar a Jordi Alba.

Ancelotti desveló cómo su relación con Florentino empeoró por las exigencias de Bale. El presidente llamó al italiano, en el final de una espectacular racha de 22 victorias consecutivas, para comentarle que el galés se había quejado de su posición en el campo. Quería jugar por el centro. Florentino le preguntó a Ancelotti qué iba a hacer y la respuesta del técnico fue: "Nada". Al día siguiente habló con Bale para sacarle los colores y comentarle diferentes aspectos tácticos. Ancelotti comenta que después de esa discrepancia se deterioró su relación con Florentino.

Bale, en el Clásico. (EFE)
Bale, en el Clásico. (EFE)

Escasa actitud para trabajar en equipo

Después de Ancelotti llegó Benítez para ceder con la demarcación que imponía Bale. Jugar más centrado ocasionó un problema grave con Cristiano Ronaldo por la incompatibilidad de las zonas por donde se movían ambos. Zidane cogió el relevo con el propósito de apostar por el tridente Bale, Benzema y Cristiano Ronaldo. El galés, con el paso de la segunda temporada, empezó a perder su sitio en detrimento de Isco y un centro del campo más equilibrado. Marco Asensio y Lucas Vázquez, más sanos, sacrificados y comprometidos, también comían el terreno al frágil Bale. Zidane perdió la confianza en un futbolista con escasa actitud para trabajar en equipo y provocar desequilibrios tácticos. Dejó de ser fiable para Zizou y el galés le pagó con su indiferencia. Suplente en los grandes partidos, decidió estallar en la rueda de prensa tras su espectacular partido en Kiev para amenazar con una salida si no cambiaba su situación.

La postura de Florentino Pérez ha sido la de exculpar a Bale para revalorizar a un futbolista franquicia. Un activo del club que se ha hecho más imprescindible con la salida de Cristiano Ronaldo y sin la llegada de grandes fichajes mediáticos. Pero se ha vuelto a comprobar que Bale es un futbolista ingobernable. Ausente de carácter, liderazgo y sobrado de egoísmo. En la breve etapa de Lopetegui, ha sido capaz de hacer cuatro goles al principio de temporada —Getafe, Girona, Leganés y Roma—, dejar de jugar tres partidos —Espanyol, CSKA de Moscú y Levante—, completar solo dos —Atlético en la Supercopa de Europa y Sevilla—, no hacer un gol desde el 19 de septiembre, pedir el cambio en el derbi liguero por fatiga, marcharse a la concentración de su selección para tener que regresar sin jugar, abandonar las tareas defensivas en el Camp Nou, ponerle mala cara a Lopetegui por el cambio y no viajar, ya con Solari, a Melilla para la Copa del Rey. El club, a estas alturas, está a un golpe de tirar la toalla...

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