el galés, obligado a asumir más responsabilidad

El toque a Bale para que cambie la comodidad por una revolución

La temporada de Bale va a menos porque lleva más de un mes sin hacer un gol, no se ha rebelado en el campo y sigue sin demostrar que es la figura del equipo sin Cristiano

Foto: Gareth Bale durante el partido entre el Real Madrid y el Levante en el Bernabéu (Efe)
Gareth Bale durante el partido entre el Real Madrid y el Levante en el Bernabéu (Efe)

Gareth Bale tiene que abandonar la comodidad con la que elige vivir en el Real Madrid. No se puede esconder en su timidez. Son días de toques y avisos a la plantilla desde la presidencia hasta el entrenador. Bale tiene la presión y la exigencia de hacer un partido brillante en el Camp Nou. Le toca aparecer en el encuentro más importante de la temporada, demostrar y convencer por qué se ha quedado en el Real Madrid. Dejarse de fatigas. Abandonar ese perfil bajo que no le corresponde por salario y rol de figura a ojos del entrenador y el presidente. Ya no es un recién llegado. Son 200 partidos los que cumplió ante el Viktoria Plzen. Con un balance de 103 no jugados -77 de ellos por lesión- y 92 goles. Bale tiene que ser más regular para marcar las diferencias y cambiar la comodidad por una revolución en su juego.

En el Real Madrid necesitan y exigen que Bale despierte de su letargo para asumir parte de liderazgo. No es una cuestión sencilla porque para conseguirlo hay que tener un fuerte carácter y una personalidad más rebelde. Lo que le falta, precisamente, al galés porque lo que no se pone en duda son sus cualidades físicas ni técnicas. Ni la ilusión. Pero Bale tiene que revolucionar su juego con más aportación. Dar un plus y demostrar por qué es el futbolista que más cobra -15 millones de euros limpios- de la plantilla. Ha dejado de estar tapado por Cristiano Ronaldo, de tener un papel secundario y no acaba de entender que tiene más responsabilidades en su sexta temporada en el Real Madrid.

Las comparaciones son inevitables en el Real Madrid cuando comprueban que Gareth Bale no coge el papel de futbolista estrella y el que se ha ido -Cristiano Ronaldo- se come el mundo en la Juventus. Este es otro de los motivos que molestan. Ver como el portugués marca las diferencias en Italia y el galés sigue sin asumir funciones -ambición, voracidad, liderago, carácter...- que le conviertan en la bandera del equipo madridista. Bale está en una zona de confort que no se puede permitir ni el propio futbolista ni el club. Si Florentino Pérez aceptó abrirle la puerta a Cristiano Ronaldo y no gastarse los millones en otra figura mundial fue porque ponía todas sus esperanzas en un futbolista por el que pagó 100 millones de euros en 2013 y defiende con uñas y dientes.

Bale en el partido contra el Viktoria Plzen. (Reuters)
Bale en el partido contra el Viktoria Plzen. (Reuters)

La dichosa fatiga muscular

A Bale le dan la oportunidad de ser el ídolo del Real Madrid. De él depende cambiar esa imagen de futbolista frágil y ausente porque no se pueden quemar siempre los mismos en la plantilla. En este escenario de crisis han dado la cara Marcelo -con aciertos y desaciertos-, Sergio Ramos y otros futbolistas que no se esconden -Nacho, Casemiro, Lucas Vázquez y Benzema-. No se conoce con certeza a Bale en el Madrid. De lo que piensa, de cómo se encuentra de salud -no jugó el Mundial y debería estar más fresco que otros compañeros-, sus metas, grandes ambiciones... Vivir al margen de la plantilla cuando ya no está Cristiano, el equipo atraviesa una crisis y Lopetegui se encuentra en la cuerda floja no le conviene. Ni está permitido. Si no asume galones dentro del vestuario ni da relevos a los portavoces, le queda rebelarse en el campo. Es lo mínimo que se le puede exigir al que está en el primer escalón salarial.

Su rendimiento ha ido de más a menos según ha avanzado la temporada hasta el punto de que no marca un gol desde el partido contra la Roma en el Bernabéu -19 de septiembre-. Hasta ese día había visto portería con relativa facilidad y Lopetegui reforzada su trabajo con elogios: “Entrena con la ilusión de un juvenil”. Desde hace más de un mes se ha atascado y quitado de en medio por el miedo -más psicológico- a una lesión porque es un futbolista que tolera poco el dolor. Apareció lo que en el club calificaron como una fatiga muscular para explicar lo inexplicable. No quiso jugar la segunda parte del derbi contra el Atlético en el Bernabéu, pidió el cambio en Vitoria y antes de salir del campo se atrevió -¿con molestias?- a lanzar una falta, se fue con su Selección y le prohibieron jugar para que regresa a Madrid. Capítulos oscuros que tiene que empezar a aclarar en el Camp Nou.

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