la decisión de llevar el barÇa-Girona a EEUU

La maniobra de Roures y los Guardiola que ha catapultado el 'derbi indepe' a Miami

La cercanía del empresario televisivo al Girona y su preeminencia sobre el negocio de La Liga que dirige Javier Tebas han llevado a EEUU un partido fagocitado por el independentismo

Foto: Imagen: Enrique Villarino.
Imagen: Enrique Villarino.

Javier Tebas decidió hace tiempo que la Liga, en su pelea por ser la competición más grande del mundo, no podía pensar demasiado en el público español. La explicación era puramente aritmética: la Premier League se beneficia de un país más poblado, con una mayor renta per cápita y una mayor extensión de la televisión de pago, un cóctel que la hace inexpugnable. El dirigente concluyó que solo internacionalizando la batalla había opciones de ganarla. Y esa expansión está a punto de contribuir a la internacionalización del conflicto catalán si sigue adelante el plan de celebrar el próximo Girona-Barcelona en Miami el 26 de enero, aunque este miércoles se ha encontrado con la oposición del Gobierno (CSD).

La pasada temporada, a finales de septiembre, se disputó este mismo duelo en el Camp Nou. Ambos clubes publicaron la semana previa comunicados pidiendo que "se respetase el derecho a decidir", el estadio se llenó de pancartas que exigían el sí al referendum ilegal que se iba a celebrar el 1 de octubre y en ningún caso evitaron la polémica social que rodeaba al encuentro. Por más que los dirigentes futbolísticos, cuando conviene, hablen de la insensatez de que se mezclen política y deporte, en aquella ocasión nadie hizo nada por evitarlo.

Ahora, ese mismo encuentro ha sido el escogido para promocionar y expandir el fútbol español por el mundo. Y Javier Tebas aboga por que, esta vez, no se hable nada de política: "No creemos un incendio donde no lo hay, la Liga, Estados Unidos, la policía americana, el Barça y el Girona queremos una fiesta del fútbol. No queremos política en ese partido, vamos con el trabajo de la marca España".

Las implicaciones de disputar un partido así en el extranjero son variadas y las expresaba recientemente Augusto César Lendoiro, histórico dirigente futbolístico y conocedor de las entrañas del deporte español: "Si hacemos una encuesta preguntando qué partido no se debería llevar a EEUU por el tema político, el primero sería este. No se ha pensado en las consecuencias". La opción de que los aficionados catalanes acudan con emblemas independentistas y pancartas que pidan la liberación de los políticos presos es muy real. Si eso es finalmente lo que trasciende del partido, y los medios locales deciden poner el acento en las cuestiones políticas, sería todo lo contrario a lo que se predica desde La Liga, donde aseguran que no solo se busca llamar la atención sobre el fútbol español, sino también sobre la marca España.

"Lo importante es que el deporte se quede solo en el ámbito del deporte, porque representa a todos los aficionados sin importar las ideologías", explica Sixto Cadenas, de Societat Civil Catalana, ante la opción de que el independentismo se haga notar en un encuentro que, si los planes salen bien, todo el mundo estará observando. En un plan desvelado por la Cadena COPE, se dice que los símbolos independentistas estarán prohibidos y serán requisados en la entrada al estadio y, también, que se repartirán banderas españolas y sonarán los himnos estadounidense y español. Una mezcla que, llegado el caso, puede ser explosiva.

La elección del "derbi del independentismo"

Para entender cómo se ha elegido este partido, una opción de 380 posibles, hay que conocer las fuerzas internas que mueven a La Liga. La determinación de jugar fuera se tomó hace tiempo porque, según relatan desde el entorno de Tebas, el proceso habitual en la organización implica que primero se deciden las cuestiones concretas y luego se les busca justificación y cobertura. Hace un año, el 'Financial Times' publicó que el campeonato barajaba disputar partidos fuera de España, algo que se confirmó desde la institución los días siguientes. Se valoraron durante meses las opciones, pues una decisión así implica cuestiones aparejadas, como el trato a los socios que pagan su abono anual y que, por esta idea, dejan de tener un partido en su estadio. Quedaba, además, una cuestión clave por solventar: qué equipos disputarían el partido.

Uno de los dos clubes del partido tenían que ser, necesariamente, o el Real Madrid o el Barcelona. Son los dos principales activos del torneo, todos los estudios económicos señalan que la fortaleza del campeonato viene, fundamentalmente, del duelo entre estos dos clubes. Sus marcas son las más internacionalizadas, aquellas por las que un aficionado extranjero estaría realmente dispuesto a pagar. Es más, el partido de pretemporada que disputaron ambos equipos en Miami el pasado año es el único que ha sido rentable a Relevant, la empresa que los organiza y que, en las últimas semanas, ha suscrito un acuerdo con La Liga para llevar la expansión de la marca en Estados Unidos. En el comunicado de ese acuerdo, de hecho, se incluyó de tapadillo la posibilidad de que se disputase un encuentro en el país americano, lo que se ha precipitado posteriormente.

Los dos gigantes del fútbol español ven con buenos ojos un partido oficial fuera de las fronteras españolas. Ambos, como le ocurre a La Liga pero con una agenda diferente, también tienen como centro de su actividad la expansión internacional, una carrera que les permite competir con otros gigantes europeos e, incluso, con los dos clubes financiados por las monarquías del petróleo, PSG y Manchester City. La relación de Tebas con los dos presidentes terminó volcando la balanza a favor del Barcelona.

Tebas y Florentino Pérez no mantienen un buen trato. El presidente del Real Madrid, en las últimas elecciones a La Liga, fue de los poquísimos que no le dieron el aval. Es más, la otra candidatura que se barajó, la de Álex Aranzabal, tenía detrás la mano del mandatario blanco, que trataba de poner coto al poder que Tebas ha cogido en la patronal. Rencillas que han llevado a situaciones como que el Madrid sea el único equipo que no apoyó el reglamento de retransmisiones promovido por La Liga, un documento que llegó a denunciar en la Audiencia Nacional. Con el Barcelona, aunque también ha habido fricciones relacionadas principalmente con la política nacional, la relación siempre ha sido más fluida. Tocó La Liga esa puerta y pronto encontró el sí de Josep Maria Bartomeu.

Jaume Roures y Pere Guardiola.
Jaume Roures y Pere Guardiola.

La relación Guardiola-Roures

Quedaba por ver cuál era el otro equipo, que tenía que ser uno más pequeño. Para eso, nada mejor que recurrir a los clubes cercanos a Tebas, que aceptan en la asamblea todas las decisiones promovidas desde la presidencia, incluida la subida de sueldo del mandatario. Se eligió el Girona, que dentro de ese perfil es, sin duda, el equipo más identificado con la casa. Pere Guardiola, hermano de Pep y empresario futbolístico, es el dueño del 50% de la entidad. Su relación con La Liga, estrechísima, está directamente relacionada con uno de los personajes más poderosos del fútbol nacional: Jaume Roures.

Pere Guardiola compró su parte del Girona —la otra mitad pertenece a los jeques propietarios del Manchester City— por medio de una compañía en Malta. Antes de aquello, tuvo negocios en común con Roures a través de Media Base, la empresa con la que Guardiola empezó en esto del fútbol y que estaba financiada por el empresario televisivo. Con ella se llevaron a cabo diferentes asesorías, incluida durante un tiempo la dirección deportiva del Granada. Roures y Guardiola no solo tuvieron empresas en común, también formaron parte del negocio de expansión de La Liga en Asia, pues fueron los encargados de vender la mitad de una sociedad de La Liga con sede en Pekín.

Los que trabajan con Tebas saben que no hay decisión suya que no incluya una consulta con Jaume Roures. Los más cercanos aseguran que ambos, con cierta psicosis por la seguridad, mantienen comunicaciones por teléfonos exclusivos para ese fin y horas prefijadas para llevar a cabo sus conversaciones. Han viajado juntos por todo el mundo y mantenido vínculos empresariales, incluyendo una AIE en Oriente Medio que los tuvo a ambos como copresidentes y que fue disuelta en 2017. Mediapro, además, se hizo con la mayor parte de los derechos televisivos en la primera puja tras el real decreto, lo que la posicionó como la empresa de referencia para La Liga y, todavía hoy, y aunque solo haya concurrido —y ganado— en la venta del paquete de bares de la última subasta, sigue siendo la principal productora con la que se trabaja desde la patronal del fútbol.

Con ese triángulo establecido, el Girona se convirtió en uno de los equipos preferentes de La Liga para experimentar. Los dueños del club catalán no solo no iban a estar en contra de jugar fuera, sino que activamente iban a pujar por ello, pues además se espera que esta aventura tenga un retorno económico importante. La versión oficial dice que el club pidió jugar en el extranjero. Eran varios los equipos que hubieran querido ser los elegidos —algunos lo han dicho públicamente, como el Huesca—, pero finalmente se apuntó al Girona y su relación especial con las estructuras de La Liga. En la justificación se incluyen también factores como que el encuentro tenía que ser en un momento de parón europeo, para que el equipo grande pudiese cuadrar su agenda lo mejor posible. Fuentes de La Liga cuentan a El Confidencial que en ningún caso se barajó otra opción.

Aunque deportivamente sea difícilmente justificable —pues lógicamente la afición tendrá más simpatía por el Barcelona, mucho más reconocido internacionalmente—, el equipo pequeño tenía que ejercer de local. El Girona, si finalmente se disputa ese partido en Estados Unidos —que está pendiente de aprobación de las federaciones nacionales implicadas, la UEFA, la Concacaf, la FIFA y el Ministerio de Asuntos Exteriores—, acepta ponerse el partido un poco más difícil a cambio del rédito que le puede sacar. Hay un motivo técnico para que el local sea el pequeño, y es que, según se filtró convenientemente a medios locales de la ciudad catalana, La Liga plantea pagar el desplazamiento a parte de los socios, a los que ofrecerá gratuitamente un viaje exprés. Los que lo deseen, podrán pernoctar en Miami por 400 euros. Además, también abrirá la opción de que los socios que no quieran ir a Estados Unidos tengan una localidad en el Camp Nou en el partido de vuelta. Toda esta logística, por descontado, es mucho más sencilla con una masa social reducida que en una que, como el Barcelona, cuenta con 143.000 socios.

Javier Tebas y Jaume Roures. (EFE)
Javier Tebas y Jaume Roures. (EFE)

Tebas, Roures y la divergencia política

El Girona-Barcelona siempre fue la opción preferida, pues en este caso lo económico pasa muy por encima de todas las connotaciones posibles del encuentro. No importa la política, lo cual tampoco puede sorprender, pues es difícil encontrar dos personas más divergentes en ese sentido que dos piezas clave en esta historia: Javier Tebas y Jaume Roures.

No es dudosa la alineación del presidente de La Liga con las tesis opuestas al independentismo. Él, que en su juventud tuvo relación con la extrema-derecha en su provincia, Huesca, ha sido tajante en las cuestiones relativas a Cataluña, llegando a proponer "un 155" si se pitaba el himno español en la final de Copa y asegurando que, en caso de secesión, el Barcelona saldría automáticamente del campeonato español. Además, recientemente, y como adelantó El Confidencial, ha contratado para su equipo a Roberto Bermúdez de Castro, antiguo secretario de Estado de Administraciones Territoriales que tuvo que desarrollar el artículo 155 en Cataluña. Su posición política contrasta súbitamente con la de su tradicional socio, Jaume Roures.

El empresario audiovisual ha afirmado siempre ser troskista y en ocasiones pasadas se ha identificado como votante de Podemos, pero también ha estado cerca del independentismo. Él estableció el centro de prensa del referéndum del 1 de octubre y, según desveló este periódico, ha sido señalado como el estratega de comunicación del 'procés' en las investigaciones de la Guardia Civil. Pere Guardiola, dueño de la mitad del Girona, es hermano de Pep, que ha puesto siempre énfasis en su independentismo y en muchas ocasiones ha llevado el lazo amarillo que pide la liberación de los presos.

La extrema disparidad política de Roures y Tebas —que incluso se ha identificado con algunas tesis políticas de Marine Le Pen— no ha sido nunca un estorbo para que su relación profesional fuese siempre fluida. En este caso, y a pesar del peso político que pueda tener este encuentro, la parte empresarial ha ganado la partida. El Girona y el Barcelona son perfectos para llevar a cabo este experimento por su estrecha relación con las estructuras del fútbol, aunque sean muchas las cuestiones que pueden llegar a salir mal por la fuerte carga social que tiene este duelo. Las consecuencias políticas, si en algún momento se pusieron encima de la mesa, nunca tuvieron la importancia suficiente como para que se buscasen otras alternativas. El grande afín a Tebas y el club que posee el socio de Roures eran, por motivos internos, los dos clubes que cuadraban en este proyecto. Y así se llegó a este partido como el primero liguero que sacarán de España.

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