UN GRAN MIÉRCOLES PARA EL AFICIONADO CULÉ

La fiesta culé ha empezado: Messi enciende la mecha y el Madrid pega el petardazo

Fue un día estupendo para el Barça. El equipo culé se llevó el Gamper, Messi habló por primera vez como capitán y el Madrid perdió la final de la Supercopa de Europa en Tallin

Foto: Messi dio su primer discurso como capitán. (EFE)
Messi dio su primer discurso como capitán. (EFE)

Hace cuatro días que el FC Barcelona ganó la Supercopa de España tras imponerse en la final al Sevilla, pero la temporada de verdad comenzó este miércoles y el barcelonismo la ha abrazado con auténtico entusiasmo, con la ilusión de un niño esperando la Noche de Reyes. ¿Los culpables? Leo Messi y el Real Madrid. En cuestión de horas, en una misma tarde, Messi dio su primer discurso como capitán antes de disputarse el Gamper y el Madrid se estampó en Tallín en una final internacional por primera vez en 18 años. Definitivamente, la fiesta ha empezado por todo lo alto para la afición culé.

Messi ya ha sobrepasado la categoría de futbolista estrella en el Barça para convertirse en una especie de deidad y se esperaba con una mezcla entre curiosidad y expectación lo que tuviera que decir como primer capitán antes del Gamper. Después de bromear con Valverde -hablo yo primero o hablas tú-, tomó el micrófono tras el entrenador, que había sufrido lo que tantos otros antes que él; ese efecto sonoro que provoca que te equivoques inevitablemente porque te estás oyendo con retraso en un espacio tan amplio como el Camp Nou. El argentino estuvo mucho más seguro que Valverde, y en un minuto y medio consiguió más que todos los discursos de Bartomeu, las portadas y cualquier anuncio de un publicista inspirado: ilusionar al barcelonismo.

“Para mí es un orgullo muy grande ser capitán, sé lo que conlleva y tuve la suerte de tener grandes precedentes como Puyol, Xavi, y por último, el gran Andrés Iniesta, que lo vamos a extrañar mucho. Con respecto a este año, creo que tenemos una plantilla para ilusionarse, los fichajes que vinieron nos van a ayudar muchísimo a ser mejores de lo que éramos y si bien el año pasado fue muy bueno que ganamos la Copa y Liga, también es verdad que todos nos quedamos con la espinita de la Champions y por la eliminación, por cómo fue más que nada. Así que hoy prometemos que vamos a hacer todo los posible para que esta copa tan linda y tan deseada por todos vuelva a estar acá en el Camp Nou. ¡Visca el Barça y visca Catalunya!”, fueron sus palabras.

Las 70.000 personas presentes en el Camp Nou, la mayoría turistas y muchos argentinos con la camiseta del Boca, le aplaudieron, pero el eco de su discurso resonó por todos los recovecos en los que los culés estaban escuchándole. Porque si Messi promete que esta temporada va a por la Champions es como para tomarle muy en serio. El astro no sólo se ha puesto el brazalete de manera simbólica, sino que ha decidido con firmeza que el objetivo número uno es la Copa de Europa después de reconocer que aún le escuece la eliminación de Roma.

Por supuesto, no hubo ninguna mención para el Real Madrid, pero a nadie se le escapa que la tercera Champions consecutiva lograda por el conjunto blanco -la cuarta en cinco años- está muy presente en la mente de todos los culés y agranda exponencialmente la sensación de fastidio. Messi ha prometido que ‘hasta aquí hemos llegado’ y lo que él dice va a misa. Además, tanto en la Supercopa de España como en el Gamper se le vio fresco, enchufado, en forma, una imagen totalmente distinta a la última que ofreció en el Mundial de Rusia con su selección de la que ahora piensa tomarse un descanso ya veremos hasta cuándo. Messi ha sabido calentar a la afición y se espera que a partir de ahora, como primer capitán, vuelva a salir en momentos claves para motivar a la tropa. Su voz es tan necesaria en algunos momentos como sus goles o sus asistencias. Y a la primera ha dado en el clavo.

Costa (i) fue clave en la alegría del Barça. (Reuters)
Costa (i) fue clave en la alegría del Barça. (Reuters)

El sopapo blanco, la guinda

La plantilla azulgrana acababa de llegar al vestuario después de ganar el Gamper cuando Diego Costa marcó el primer tanto para el Atlético en Estonia. Faltaba aún mucho por delante y la final no se decidió hasta la prórroga, pero la derrota del Real Madrid, la primera en una final desde precisamente ante Boca Juniors en el 2000 en el Mundial de clubes. 18 años y 13 finales después el Madrid hincó la rodilla y los culés -antimadridistas en general por naturaleza- lo celebraron en la intimidad con gran satisfacción.

Esta temporada ya no habrá duelo Cristiano-Messi, y el hecho de que Florentino Pérez no haya fichado aún a ningún delantero para suplirle se mira desde Barcelona con desconfianza; no se lo terminan de creer. Pero, por el momento, que les quiten lo bailao. Su amo y señor, Leo Messi, les ha asegurado que tiene la Champions entre ceja y ceja y las primeras señales que emite el rival histórico, el enemigo, son de flojera. Y ya no sólo en ataque, sino sobre todo en defensa.

Esto no ha hecho más que comenzar y ya comprobaremos cómo acaba. Pero unas cuantas palabras de Messi, una promesa y un trompazo del Madrid han provocado que el culé esté ya celebrando, frotándose las manos y deseando que empiece lo bueno.

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