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¿Un Messi o Cristiano en un país arrasado? El milagro del fútbol en Irak
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De una zona de guerra al posible estrellato

¿Un Messi o Cristiano en un país arrasado? El milagro del fútbol en Irak

En un país cuyo gobierno se centra en recuperarse del Daesh, proliferan las escuelas de fútbol que intentan crear una cantera para Irak para que los niños puedan olvidar el conflicto

Foto: Los niños iraquíes en el campo de entrenamiento cerca de Bagdad. (Fotos: Nuria Tesón)
Los niños iraquíes en el campo de entrenamiento cerca de Bagdad. (Fotos: Nuria Tesón)

No es difícil adivinar quienes son los ídolos futbolísticos en este pequeño campo de entrenamiento a las afueras de Bagdad. Los rostros de Messi y Cristiano Ronaldo observan desde los muros en sendos grafitis multicolor sobre un fondo verde. Entre ambos, los escudos del exequipo de Cristiano y el club actual del argentino: el Real Madrid y el Barcelona. Poco a poco, con las mochilas cargadas los chavales van desfilando bajo la mirada de las estrellas del fútbol Mundial. Se ponen su equipación y saltan al terreno de juego.

Sobre la hierba, Hassan Turki les recibe junto al resto de entrenadores. Un pitido: “¡Pase!” Otro pitido “¡Pase!” Otro pitido “¡Pase, pase, pase!” Entre las órdenes concisas de los entrenadores, los críos aprenden a dominar el balón. Los más avezados, con las medias sin estirar y el sudor empezando a correrles por el rostro, afilan la mirada y se afanan en seguir el ritmo. Piiii, piiiii, piiiiiiii. Los más pequeños, de apenas seis años, observan de hito en hito y se acostumbran al rodar del esférico sobre el terreno de juego, mirando por encima del hombro cuando lo pierden, para ver si el entrenador les amonesta.

Turki se hace a un lado y observa los movimientos de su equipo de futuras estrellas. Él mismo fue una estrella del fútbol iraquí. Medio central de 36 años aunque él dice que tiene 40. En 2001 participó en el Mundial sub-20 y ahora sueña con que alguno de sus chavales pueda cumplir el sueño que muchos futbolistas iraquíes tuvieron que aparcar mientras se hundían en años de conflicto. También el que muchos no llegaron a rozar porque el régimen de Saddam Hussein tampoco favorecía el fair play. Bajo la dirección de su hijo Uday, en los 80, la separación entre fútbol y estado se acabó. Imponía a determinados jugadores y torturaba a aquellos que perdían los encuentros. Años más tarde el equipo nacional fue sancionado por la FIFA por enviar a jugadores que sobrepasaban la edad legal a campeonatos juveniles. No fue hasta 2004, tras la invasión de Estados Unidos y el derrocamiento de Saddam que Irak volvió a competir en unos Juegos Olímpicos.

placeholder Hassan Turki da indicaciones a los jóvenes futbolistas
Hassan Turki da indicaciones a los jóvenes futbolistas

El jugador abrió por entonces su escuela de fútbol. Un reducto verde donde, asegura, quiere que los niños “aprendan los valores del deporte, entrenen juntos y lleven una vida normal”. No es el único. En el país han proliferado las academias deportivas como la de Turki en la que “se forja la cantera de Irak”. “No tenemos apoyo por parte del Gobierno”, lamenta, “sólo cuento conmigo para que la escuela siga adelante. Pero lo entendemos no sólo como una responsabilidad deportiva sino también hacia los niños”.

Durante las vacaciones alcanzan casi 250 niños de diferentes edades. “Tenemos que crear una cantera, no tenemos gente en las categorías inferiores. Y el Gobierno no presta ninguna atención al fútbol en este momento”, detalla Turki. Un síntoma más de las dificultades que atraviesa el país. Y un ejemplo de cómo la clase política se ha desvinculado de sus ciudadanos, inmerso en una reconstrucción tras los estragos causados por Daesh, que requerirá una inversión de 100.000 millones de dólares. “Queremos dejar atrás el terrorismo y todo lo malo a lo que nos enfrentamos”, explica. “Queremos dar la oportunidad de jugar a los niños y también crear este ámbito deportivo para compensar la ausencia en los clubes nacionales. Es para nosotros una responsabilidad. Somos exjugadores, como el Gobierno no presta atención a estas categorías tenemos que hacerlo nosotros”.

Foto: El Mundial fue todo menos tranquilo para Messi y Argentina. (Reuters)

En un lateral del campo dos críos de unos 11 años se alternan en la portería. Turki les observa desde el banquillo y explica: “Es conocido que los iraquíes somos creativos incluso en el sufrimiento, forma parte del carácter y de la naturaleza de los iraquíes. Esto no se aplica sólo al deporte, también a la cultura, a la ciencia… como líder deportivo tengo que seguir adelante, encontrar un lugar donde trabajar, para mí es un reto personal también. Todos estamos de acuerdo en que todos los gobiernos que han pasado por aquí no han hecho nada por los iraquíes, así que no esperamos que vengan a solucionar nuestros problemas”.

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Los partidos son de Champions

Cualquiera diría que los chavales se juegan la final de la Champions al enfrentarse en una pachanga al final del entrenamiento. Uno de ellos, incluso lleva la enseña estrellada de la competición europea en el chaleco que le distingue del equipo contrario. La violencia ha impactado a toda la sociedad, y también a los niños, por lo que Turki aspira a “llenar ese vacío que la guerra y también la corrupción han dejado en sus vidas. Y cumplir con nuestro papel de líderes para que estos niños crezcan y encuentren su propósito en la vida, su razón de vivir”. Es difícil hablar de sueños y de trabajo en un país donde el 62,8% de la población son jóvenes entre 15 y 24 años, según datos de la ONU. El 32,8% de ellos está desempleado.

El exjugador espera que la escuela sirva no sólo para alentar a los chicos a olvidar diferencias sectarias, uno de los grandes problemas en Irak que intenta superar una sangrienta época en la que la mayoría suní y las minorías suní y cristiana se vieron inmersas en un baño de sangre. En el terreno de juego no hay otra diferencia que la que marcan los colores de los dos equipos. “Antes de la invasión no existía esta cultura de sectas. Estos son mis amigos desde hace años -explica señalando al resto de entrenadores-, y no sé a qué secta pertenecen”. “Hablar de este tema me entristece. El objetivo es entrenar sin diferencias. Las diferencias sectarias son sólo una huella de la invasión”, lamenta.

Para incentivar a sus jóvenes talentos Turki ha impuesto también condiciones para unirse al equipo: “Los niños deben tener buenas notas”. “Al principio venían algunos que no tenían buenos resultados, pero el hecho de que les hayamos impuesto eso les motiva para estudiar más”. El jugador reitera que sólo pueden contar con ellos mismos para reconstruir Irak. Y ve en el fútbol la llave para abrir un mundo de posibilidades a los niños iraquíes: “Si vienen a jugar pero no tienen buenos resultados académicos significa que no serán capaces de construir un futuro. Los valores del deporte les ayudan y enseñan a ser más constantes en la escuela también. Así mejoran en sus estudios y en sus vidas”.

No es difícil adivinar quienes son los ídolos futbolísticos en este pequeño campo de entrenamiento a las afueras de Bagdad. Los rostros de Messi y Cristiano Ronaldo observan desde los muros en sendos grafitis multicolor sobre un fondo verde. Entre ambos, los escudos del exequipo de Cristiano y el club actual del argentino: el Real Madrid y el Barcelona. Poco a poco, con las mochilas cargadas los chavales van desfilando bajo la mirada de las estrellas del fútbol Mundial. Se ponen su equipación y saltan al terreno de juego.

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