presentado como una estrella del rock

La libreta de Luis Enrique: las 4 exigencias para los jugadores

Luis Enrique también habló de fútbol en su presentación como seleccionador español. Sabre que no podrá hacer un equipo, pero intentará parecerse, y el análisis del ataque será su clave deportiva

Foto: Luis Enrique, en la rueda de prensa. (EFE)
Luis Enrique, en la rueda de prensa. (EFE)

Con una pantalla enorme y un auditorio expectante, como una gran estrella ¿del rock? apareció Luis Enrique en la Ciudad del Fútbol. No era su primer día como seleccionador, pero sí el primero en el que le iban a observar los ajenos a la casa. Las pruebas llegarán más adelante, el examen final será dentro de dos años, en la Eurocopa. Pero antes, mucho antes, solo con un micrófono en la mano, ya se pueden ir rascando cuestiones del fútbol que quiere hacer, del que esperan que haga y del que podrá hacer con los mimbres que tiene.

Evolución, no revolución

"No va a haber una revolución, es una palabra que no me gusta". Luis Enrique ha sido contratado, y nadie se empeña en negarlo, para hacer lo mismo que hizo en el Barcelona. Y eso tiene nombres y apellidos, la idea básica será la misma de siempre, hay que tocar el balón, tener la posesión y ser ofensivos. A partir de ahí, hay que intentar integrar y rehacer todas aquellas cosas que se han ido deshilachando durante estos años posteriores a 2012, el último gran éxito de la selección española.

Haber llegado a este estilo, que remarcan que aparece con Luis Aragones, es consecuencia casi de la especie, como si este fuese el único modo de jugar con la materia prima que hay. "Creo que España, gracias a Luis Aragonés, encontró lo que somos de verdad. Somos talentosos, no muy fuertes, pícaros, pillos, listos, jugamos bien el fútbol, somos nobles... me gusta lo que ofrece la Selección y la imagen que da fuera de España".

También dio pinceladas sobre lo que había visto a faltar en los últimos proyectos, que es evidente, por los resultados, que tuvieron carencias. No quiso cargar tintas contra sus predecesores, pero dejó caer que se tienen que encajar menos goles y que la presión alta, perdida en tiempos recientes, vuelva a ser una de las señas de identidad de este equipo. Todo esto, sin embargo, no es la máxima prioridad.

Trabajar el ataque

Es la penúltima evolución del fútbol. Durante décadas, el entrenador era un táctico, alguien que miraba la defensa y el repliegue. Pasaron años en los que los movimientos defensivos se automatizaban y trabajaban hasta la saciedad, que todo era pensar en cómo agobiar al rival. Con Cruyff, como primer bastión, se incluyó el balón en el entrenamiento de manera integral. Era lo moderno, pensar todo desde el balón. Pero, más adelante, principalmente con Guardiola, se dio el siguiente salto de verdad: aprender y enseñar los movimientos ofensivos. Controlar los automatismos, que van mucho más allá de colocarse en líneas en el campo.

"A España, como al Barça, le toca jugar en la fase más difícil del ataque, porque hay mucha densidad de jugadores y pocos espacios, hay que generar ocasiones con centros, disparos y combinaciones muy rápidas. Tenemos muchas cosas a analizar y que debemos enseñar. La fase de finalización es la que más he sufrido y disfrutado como entrenador". Más allá de los tecnicismos un poco rimbombantes, necesarios de algún modo para darle lustre al trabajo, lo que recuerda es que Luis Enrique trabajará, por encima de todo el ataque. Y eso no es solo decir la frase típica de "poneos a jugar y divertíos".

Está será la primera y más importante de las normas de Luis Enrique, lo que le ha surgido como prioritaria tras solo unos pocos días de trabajo. Y es completamente lógico, en los tres últimos partidos de la Selección, porque con Portugal fue algo diferente, España se encontró metida en el campo contrario contra una acumulación de jugadores imposible que, como demostró, no sabía atacar. Al técnico asturiano se le pide, sobre todo, un antídoto contra defensas con espíritu de ejército de regulares. Con el Barcelona, que sufría un mal parecido, lo consiguió, aunque en esta ocasión la solución es menos evidente: Messi sigue jugando con argentina y no aparecerá para resolver la papeleta.

Un equipo contra el reloj

Ver un Mundial de fútbol es una experiencia divertidísima, de mucha intensidad y maravillosa para el aficionado. Ahora, el fútbol, lo que es el fútbol, tampoco es lo que más brilla en este enorme evento. No solo porque haya muchas, quizá demasiadas, selecciones a las que el talento no les da para ello, también porque los equipos no están lo suficientemente bien trabajados. No es un problema de la calidad de los seleccionadores, que hay de todo, sino de que no hay tiempo suficiente para convertir un grupo de jugadores en un equipo.

"Nunca vamos a poder comparar una selección y un club", asume de antemano Luis Enrique, "pero creo que es importante matizarlo, aunque vengan solo una semana al mes, quiero que reconozcan pautas y automatismos. También lo que significa la convivencia, ser como un equipo, pero de ahí a poder comparar hay una gran diferencia, porque en el club hay un contacto diario".

Faltará tiempo, porque esa es la naturaleza propia de la selección. Y ese es también el reto escogido por Luis Enrique, en en sus palabras recuerda que quiere dejar su impronta y que sus hombres trabajen como un todo, y no como una suma de partes. A lo largo del tiempo, en todo caso, se ha visto que los equipos mejor pertrechados para una competición corta como un mundial o una eurocopa, más allá del talento, son los que saben a lo que juegan. Y de eso se trata ahora.

El manejo del grupo

Esta es la parte que menos tiene que ver con lo que pasa en el césped, pero también es parte de la hoja de servicio del seleccionador y uno de los puntos en los que Luis Enrique más tiene que esmerarse. Aunque el propio hecho de que le contraten, conociendo su personalidad y trato, es un mensaje del presidente Rubiales. Como Loquillo, no vino aquí para hacer amigos. Y, sin embargo, no vale con enseñar los dientes, hay unos jugadores a los que tratar, con sus ilusiones, sus características y también sus egos y sus problemas.

Por el momento no ha llamado a nadie. Y se han filtrado convenientemente dudas sobre Sergio Ramos, capitán de la selección con 156 partidos en la hoja de servicio. Especialmente lo relacionado con el exceso de mando que tiene, o se supone que tiene, el central. De momento, y a falta de más datos, Luis Enrique recuerda que el capitán siempre es quien más veces ha vestido esa camiseta, y que esa escala de méritos tiene una importancia en sí misma. Que los que lleguen mañana al equipo querrán ser algún día lo que hoy es Ramos.

Luis Enrique, quizá porque sabe que su fama le precede, sea justa o no, empezó su tiempo como seleccionador con un mensaje de paz, amor y concordia. "A mí me gusta tener cercanía con los jugadores, son jóvenes, trasmiten ilusión y es de las cosas que más me gustan. Pero claro, el jugador tiene una visión individual, la mía es colectiva, me gusta consensuar, pactar, y tendré que decidir las cosas más complicadas. Desde el 'staff' queremos ayudar a los jugadores, el trabajo difícil es el de ellos", explicaba. En otro momento de su muy extensa rueda de prensa, comentaba también que él es hombre de pocas normas, aunque las que tiene deben ser claras. También que, si toca dar una colleja, la dará.

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