el atlético pagará un millón de euros al betis

Simeone ficha a Adán, el portero que sentó a Casillas en el Madrid de Mourinho

Adán se crió deportivamente en la cantera del Madrid y ocupó el puesto del mito madridista cuando le castigó Mourinho, pero no llegó a cuajar en el Bernabéu y tuvo que salir

Foto: Adán sale a un disparo de Zaza jugando con el Betis. (EFE)
Adán sale a un disparo de Zaza jugando con el Betis. (EFE)

Iker Casillas es algo bajito para ser portero, o así se lo parecía John Toshack cuando le conoció y le puso de titular en el Real Madrid por primera vez. Su estatura, generosamente tasada en 1.80, no es impresionante para alguien en su posición. Todo lo demás en él, sin embargo, sí lo es, sus títulos, su pasado y sus paradas. También su ascendente sobre el fútbol español y en el Real Madrid. Podía ser corto de altura, pero su sombra es y, sobre todo, ha sido, alargada y oscura, de esas capaces de opacar a cualquiera que le pillase cerca. Y ese concepto lo conoce David de Gea, que le sucedió en la Selección, pero igual o mejor lo entiende Antonio Adán, madridista de cuna que ahora ficha por el Atlético y al que podría escribir una enciclopedia con tan solo una semana de su vida, aquella en la que sustituyó a Casillas.

Y en el centro de todo, Jose Mourinho y su peculiar relación con los emblemas de los clubes a los que entrena. Mourinho, en su tercera temporada, entendió que Iker Casillas era un problema. Le sentó en un partido contra el Málaga y aquel sábado pasará a la historia como uno de los más chocantes de la historia blanca. Estaba quitando de la portería, que no es cualquier cosa, a un emblema del club. Es cierto, no en su mejor temporada, pero siempre hay algo de trauma en apartar a un portero, más aún en uno de su relevancia.

El sustituto aquella tarde fue Antonio Adán, que es madridista convencido desde su infancia, por más que ahora vaya a vestir la camiseta del Atlético de Madrid. De Mejorada del Campo, un pueblo de la Comunidad de Madrid, entró en el club en edad alevín, es decir, con once años. Desde ahí, el típico crecimiento del canterano, con idas y venidas, mejorando poco a poco cada día y convirtiéndose finalmente en una de las mayores promesas del club. El problema, en su caso, es que la historia no da a todos las mismas oportunidades. Del mismo modo que Casillas se encontró a un mediocre Bizzarri y un decadente Illgner como competencia para el arco, Adán tenía que soñar con quitarle la portería a una leyenda. Hay posiciones en las que hay espacio para varios, pero desde luego la de guardameta no es una de ellas.

Él lo consiguió, aunque duró poco tiempo. En su segundo partido en la portería fue expulsado en los primeros minutos de partido. Nunca más volvería a ser titular en el Real Madrid. La polvareda que generó Mourinho, que trató siempre de explicar desde lo deportivo una decisión que tenía una clara componenda sentimental, no le sirvió para afianzarse como meta en el Madrid. Primero por la expulsión, que devolvió a Iker al puesto. Unos días después, la leyenda se lesionó en un lance en un entrenamiento con Álvaro Arbeloa. Una lesión grave que llevó al Real Madrid a tener que cambiar de portero, esta vez con motivo verificable. El problema para Adán es que él no fue el portero elegido. El club se apresuró en fichar a Diego López y relegó a Adán a un segundo plano para siempre. Ese verano tuvo la carta de libertad tras una vida de blanco, no tenía sentido seguir en un club en el que nadie le encontraba un espacio fuera del banquillo.

No triunfar en el Real Madrid no es necesariamente sinónimo de falta de calidad. En ocasiones es eso, claro, demasiado club como para no ser una estrella, pero también hay ocasiones en las que el contexto impide cualquier posibilidad de prosperar. El día que salió del Madrid, la carrera de Adán se reseteó, empezó de nuevo, aunque aún le quedaría tiempo por delante para llegar a conocerse bien. Pasó un año en el Cagliari sin encontrar su espacio, como si estuviese maldito. Después llegó el Betis, y allí también necesitó algo de tiempo, pero también terminó por reconocerse como el portero que despuntaba en la cantera blanca.

Adán, contra el Atlético. (EFE)
Adán, contra el Atlético. (EFE)

Hacerse un nombre en el Betis

De verdiblanco demostró que se le tiene que tener en cuenta. Es un portero alto, que manda en el área, ágil bajo los palos. Muy fiable. Estuvo cerca de conseguir el Zamora de Segunda, fue clave en el ascenso del equipo y, ya en Primera, se asentó como uno de los muchos porteros buenos de la Liga, que en eso sí que es la mejor del mundo. Esta temporada, sin embargo, las cosas no han ido tan bien. Para Adán, claro, el club ha hecho un año magnífico y la satisfacción en los béticos es amplia. Pero Adán ha tenido problemas en el pubis que han derivado en una operación. Las especulaciones sobre su futuro fueron variadas, especialmente cuando se supo que el club de Heliópolis tenía fichado a Pau para el siguiente ejercicio.

Ante esa perspectiva, tuvo que pensar en el futuro. Primero decidió operarse a mitad de temporada, algo que no gustó demasiado en el Betis. La pubalgia es una de esas dolencias que acompañan sin llegar a romperse. Una lata que, en un momento, decidió segar con una cirugía. Era una dolencia que no le impedía jugar, pero si brillar, al elegir el quirófano, de algún modo, también escogía su salida del club.

El destino sorprende, porque lo más probable es que sea de nuevo para estar en el banquillo. Antonio Adán es un buen portero, pero en el Atlético, que ha pagado por él un millón de euros, la portería está reservada para uno de los mejores del mundo, si no el mejor, Jan Oblak. El club rojiblanco ha utilizado como suplente estas últimas temporadas a Miguel Ángel Moyá, que comparte un perfil similar a Adán, españoles, con cierta experiencia, fiables y no problemáticos, porque el canterano madridista se vio en medio de una situación muy incómoda en la lucha Mourinho-Casillas, pero en ningún momento dijo una palabra más alta que otra y todos los presentes destacan su profesionalidad y compañerismo.

Todo eso suponiendo, claro, que el Atlético va en serio y retenga a Oblak. El esloveno, en sus últimas intervenciones públicas, dejó caer que quiere una renovación y la cláusula de cien millones, aunque es alta, no es imposible. El proyecto rojiblanco parece ahora más serio y estable que nunca, Grizemann argumentó su permanencia por lo sólido del futuro atlético, algo que se pegaría con la salida del guardameta. Pero esto es fútbol, y en el caso de que la situación se enrarezca, el Atlético se ha hecho con un portero fiable, un buen modo de apuntalar un proyecto.

Fiable y madridista, algo que seguro se sabrá perdonar en el Metropolitano si las cosas van bien dadas. Adán explicará su posición en la presentación, seguro, pero el hecho incontestable en su biografía es que es un producto de la cantera blanca y ha pasado la mayor parte e su carrera defendiendo el escudo de su nuevo máximo rival. Porque esto es fútbol y así funciona el mercado.

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