un mundial contaminado DESDE EL INICIO

España ha sido un fiambre desde Rubiales hasta Hierro y el último jugador

Es el final de una Selección que ha sido un desastre por el juego insulso y anodino en el césped y que tiene el origen en la decisión de Rubiales de cargarse a Lopetegui

Foto: Fernando Hierro, con gesto serio y cara de decepción tras ser eliminado del Mundial de Rusia. (EFE)
Fernando Hierro, con gesto serio y cara de decepción tras ser eliminado del Mundial de Rusia. (EFE)

Es el final de muchas cosas. De Hierro, Piqué, Iniesta... Y podríamos poner más nombres de futbolistas que por su edad y horrible rendimiento deberían dar el paso de dejar la Selección. Es el momento de que Luis Rubiales dé explicaciones como presidente de la federación y hable abiertamente, con detalles y con la verdad por delante, de cómo y por qué echó a Lopetegui. Si es cierto que se enteró cinco minutos antes de que firmara por el Real Madrid —Lopetegui lo desmiente—, si no estaba informado de las conversaciones o realmente le entró un ataque de orgullo. De la eliminación de la Selección del Mundial no solo son responsables un director deportivo que tuvo que ponerse el chándal para ser entrenador de urgencia y un equipo cogido entre alfileres que ha sido incapaz de mostrarse superior a Portugal, Irán, Marruecos y Rusia.

España solo ganó un partido de cuatro con un único gol de rebote de Diego Costa para superar a Irán con sudores fríos y salir sonrojados del campo. Empató tres partidos, para caer eliminada en los penaltis por el contrincante más flojo, porque Rusia tiene de potencia futbolística lo que España de pozos de gas y petróleo. Cualquier parecido al equipo de ensueño que la Selección española creía tener y soñar para volver a ser campeones del mundo era un espejismo, porque el estilo de juego es gris, insustancial, anodino y simple. Rusia, como los anteriores rivales en la fase de grupos, cedió la pelota y se rio en nuestra narices.


Pero antes de profundizar en el estilo, la falta de liderazgo, soluciones en el campo y en el banquillo, hay que empezar por el origen de lo que ha sido el derrumbe. El despido de Lopetegui reventó la concentración española, y seguimos sin tener claro qué es lo que motivó que el presidente Luis Rubiales rompiera un equipo de autor. Siempre nos quedará la duda de si con Lopetegui este fracaso no habría llegado en octavos de final y con tan mala imagen en cada uno de los partidos. Lo que sí debemos tener claro es que el cargo de seleccionador era compatible con el de ser técnico del Real Madrid después de la cita mundialista y que faltaron diálogo, negociación, tacto y posturas intermedias entre todas las partes para buscar lo mejor para la Selección. Si actuó mal Florentino por tocar a Lopetegui, peor estuvo Rubiales no haciendo caso al grupo que lideró Sergio Ramos, que le pidió que se tragara el orgullo y guardara la mano dura para no cortarle la cabeza a Julen Lopetegui. Todos se han hecho daño.

Iniesta se marcha cabizbajo consolado por Sergio Ramos. (EFE)
Iniesta se marcha cabizbajo consolado por Sergio Ramos. (EFE)

Un desastre futbolístico y de gestión

A partir de la destitución, nada fue igual. A Rusia llegó una Selección que sabía ejecutar un plan de juego defensivo y ofensivo y que enamoraba por haber quedado por encima de Italia en la clasificación y con buenas actuaciones en amistosos de primer nivel —Alemania y Argentina—. El despido de Lopetegui intoxicó, emponzoñó y vició el ambiente interno de la concentración y el del juego. Fernando Hierro le ha puesto buena cara al mal tiempo, ilusión a un velatorio y paciencia a un polvorín. Es el menos culpable porque fue, ante todo, un hombre de club y de un presidente insensato y alocado que ha tenido un momento de gloria muy efímero.

Hierro tiene que dejar de ser el seleccionador y Rubiales debería pasar una moción de censura con su directiva para conocer si tiene el respaldo mayoritario para seguir tomando decisiones de tanto calado como la de echar a un seleccionador dos días antes de comenzar un Mundial y cargarse todo el proyecto que se construyó en un tiempo de dos años. ¿Cuál es ahora el proyecto?

Los jugadores tienen su culpa en un Mundial que era una mala película de cine mudo por el bajo nivel futbolístico y los despistes que han provocado que España esté eliminada cuando tenía la fortuna de ir por el mejor cuadro del campeonato. Sin Lopetegui, el talento y la calidad individual deberían haber sido suficientes como para sobreponerse a las dificultades que ponían los rivales y olvidarse de las tensiones extraderpotivas, que nunca desaparecieron si recordamos esas palabras de Saúl, antes de jugar contra Marruecos, para volver a reivindicar la figura de Lopetegui y la injusticia de la decisión.


España ha sido un fiambre en el césped, y del estilo dominante con el toque, la posesión, la intensidad, rápida circulación de la pelota para descerrajar a las defensas cerradas solo quedan los restos. El juego ha sido aceitoso y graso, hasta caer en el aburrimiento por la falta de profundidad y capacidad para desbordar por las bandas y el juego interior. Un desastre con el balón en los pies y sin él, porque tampoco hemos tenido la capacidad de presionar para robar la pelota. La bola de la fatalidad se ha ido haciendo más grande con los fallos defensivos atrás y un equipo partido en dos en el que Busquets era una sombra de lo que rinde en el Barcelona. El colmo del horror ha sido la falta de atención, concentración y los regalos que son impropios de deportistas de élite que se juegan un Mundial.

Todos, en mayor o menor medida, señalados. Desde De Gea, con las manos flojas y su inseguridad, pasando por la falta de contundencia de Piqué y Sergio Ramos. El virus de la mediocridad contagió a los laterales —Carvajal y Jordi Alba—, Iniesta y su frustración, que le llevó a ser suplente contra Rusia, la vulgaridad de Silva y la falta de soluciones desde el banquillo de Hierro entregado a lo que se les ocurriera a Iago Aspas, Marco Asensio, Lucas Vázquez, Rodrigo… Una España decepcionante, triste, que tiene que hacer limpieza, y el primero que tiene que empezar a acertar para sacarnos de esta vergüenza es Rubiales eligiendo a un nuevo seleccionador, calmándose en el cargo y aprendiendo de la experiencia que significa ser un dirigente transparente, pero consecuente.

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