tres goles de boateng y otros tantos de coutinho

El Barcelona se deja la imbatibilidad ante el Levante pero se salva del ridículo al final

El Barcelona perdió 5-4 en un partido loco en el que llegaron a ir perdiendo por 5-1. Yerry Mina hizo agua en la defensa y, sin Messi, la remontada estuvo cerca pero no se terminó

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¿Hasta qué punto le preocupaba al Barcelona pasar a la posteridad como el único equipo en haber ganado la Liga imbatido? No demasiado, la verdad, y por eso mismo no lo hizo. Entró en el campo del Levante como unequipo apático, sin mucho que hacer. Si ganaban por inercia, como tantas otras veces, mejor; pero si no lo conseguían tampoco iba a haber llanto. Lo que cuenta es el metal, el campeonato, y eso ya lo lograron hace unas semanas. Solo la opción de hacer un gran ridículo, que les sobrevoló, cambió la dinámica del encuentro. Porque lo de la imbatibilidad no, pero mirar al marcador y ver un 5-1 en contra era demasiado. Hicieron cosas para remontar, pero se quedaron por el camino. Cuatro goles son muchos goles.

Y no estaba Messi. Ni en la convocatoria. Eso mismo ya marcaba de inicio el poco interés que tenían los azulgrana por un récord que, a decir verdad, no deja de ser papel mojado. Está muy bien, son cosas que se recuerdan y eso, pero ni se cobra más, ni te dan más puntos, ni nada que se le parezca. Estos hombres están ahora pensando en que en junio empieza el Mundial y allí tienen que ir con todo. No como en el Ciutat de Valencia.

Este partido, de relajación excesiva, sirvió para pasar un buen rato, que en un fútbol sin condimentos, sin necesidad de resultados, sin emoción, no está mal. Llevaban al Barcelona sin marcarle cinco goles desde el año 2003. Fue el Málaga. Es curioso que sean estos dos equipos, pero es que hay tardes en las que se alinéan los astros. El Levante sufrió ens u momento, pensó que se iba al hoyo, pero por el camino apareció Paco López, antes desconocido, y empezó a ganar a lo loco. Hasta ganó al Barcelona, lo que decían imposible. Sin Messi, sí, pero Barcelona. No tiene equipo el Levante para bajar, en absoluto, así lo demostró en este partido.

La alegría del Levante

Es el caso de Ennis Bardhi, un jugador extraño que marca golazos, no goles. Dos en este caso. O Boateng, que en esta ocasióm marcó tres goles y es un delantero rápido y oportunista. O Morales, que es un buen jugador. Lograron poner a su equipo 5-1. En serio, 5-1. A partir de ahí se dio maquillaje, reacción del Barcelona y esas cosas. Pero ese rato en el que miraron al luminoso y vieron 5-1 no se lo quitará nadie a los levantinistas. Te levanta el ánimo. Sus jugadores estuvieron brillantes, pero claro, para pintarle así la cara al Barcelona la otra parte también tiene que fallar.

Yerry Mina, ese jugador. En uno de los movimientos más extraños del año, el Barcelona se deshizo de Mascherano y creyó tener una urgencia. Que el argentino, claramente ineficiente, se fuese, no tendría que haber conllevado la necesidad de traer o adelantar la llegada de un central que, por lo visto, no es capaz de detener a delanteros de Primera. A la media hora se rompió Vermaelen, cuando los azulgrana ya perdían 2-0. Que el belga tenga problemas físicos no se encuentra exactamente entre las cosas más sorprendentes que pueden ocurrir en el fútbol.

Salió Piqué y solo mejoró el folclore. El central, con sus cosas, fue de los que más se propuso darle la vuelta, no tanto por la imbatibilidad sino por esa irresistible necesidad que tiene de dar un poco la nota. Se fue al ataque en unas cuantas ocasiones, protestó, terminó tarjeteado, se mostró poroso en defensa, en eso que debría ser su trabajo pero solo lo es cuando no está más pendiente de las relaciones públicas que del partido. Lo más curioso de todo esto es que Marc-Andre Ter Stegen, ese porterazo, se volvió a Barcelona con cinco goles encajados y cara de confusión. Él no está hecho para esto.

Coutinho, Dembélé y lo inexplicable

El partido fue divertido a ratos, porque los goles son divertidos. Cuando se quiso dar cuenta el Barcelona tenía un déficit de cuatro goles, demasiados para cualquier equipo. Valverde sabía que Messi no estaba en el banquillo, porque de haber estado es probable que hubiese entrado un rato a probar suerte. Al Sevilla, en un partido más académico pero igualmente perdido, le dio la vuelta con dos goles cuando el encuentro se extinguía.

Y el Barcelona volvió, estuvo cerca incluso de ganar, pero no fue suficiente. Volvió porque Coutinho se parece más a un delantero que a Iniesta, así que aprovechó la tarde tonta para marcar tres goles. También porque los árbitros no suelen dejar de pitar penaltis al Barcelona, aunque estos sean suaves. Luis Suárez hizo su gol desde el punto. Pero vayamos al caso del brasileño, que tiene miga.

Es obvio que tiene cualidades futbolísticas, pero estas están mucho más relacionadas con el gol que con la conducción del juego. Llevan meses vendiéndole como el próximo Iniesta, pero si miran la definición anteiror verán que no, que no es Iniesta, que Iniesta es el opuesto. Dembélé, a quien volvieron a dar galones y responsabilidad, fue un sombre sobre un campo en un partido que le tendría que haber beneficiado. 140 millones ha costado el chico, y juega en la posición de Griezmann. Es rápido, seguimos sin verle más.

La derrota no es nada para la imagen general, pero sí un pequeño dolor de orgullo. Por los goles encajados y por no conseguir hilvanar la temporada perfecta. Dien que lo perfecto es lo opuesto de lo bueno. Lo bueno llegó antes, ahora la nota de la temporada ya solo queda a falta de saber solo una cosa más ¿Será el Real Madrid campeón de Europa? Quien no crea que son vasos comunicantes no pensará que ese partido importa al Barcelona. Es posible que no viva en el planeta tierra.

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