Mansour bin Zayed Al Nahyan, dueño del al jazira

Bin Zayed, el jeque del mayor imperio del fútbol y pro Guardiola, reta al Real Madrid

Cientos de millones invertidos en el Manchester City para acabar participando en el mayor torneo del mundo de clubes con el Al Jazira, y no como campeón de Asia, sino de Emiratos Árabes

Foto: El jeque Mansour, en el palco del Etihad Stadium. (Cordon Press)
El jeque Mansour, en el palco del Etihad Stadium. (Cordon Press)

A la sombra (bien de primera necesidad en la zona) de las cúpulas de blanco resplandeciente de la mezquita del jeque Zayed crecen las raíces todavía jóvenes del Al Jazira en el estadio que también homenajea al jeque Zayed. En un lugar donde la calidad se compra como en España las bolsas de pipas, un club de fútbol rodeado de lujo se presenta al mundo en una competición que juega por haber 'ganado' el derecho a ser sede de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Al ganar la no demasiado prestigiosa y sí muy llamativa económicamente liga árabe del Golfo esta pasada temporada, el Al Jazira jugará contra el Real Madrid. Ha tenido que pasar dos rondas, pero ahí está, llevando el nombre de su club, no de la famosa televisión árabe (Al Jazeera), a las pantallas del planeta.

Jugar en medio del desierto en un estadio de una hierba en perfecto estado, un oasis de frescura acaudalada que resultó suficientemente atractivo para Luis Milla, por ejemplo, un exmadridista que se fue allí a entrenar después de ganar la Eurocopa sub-21 y fracasar en los Juegos Olímpicos de Londres. También convenció a Lassana Diarra, de infausto recuerdo para el aficionado blanco. Quién le iba a decir a Lass que volvería a cruzarse con el Real Madrid después de salir por la puerta de atrás, aunque con la liga ganada, eso sí, en 2012. ¿Quién es el que nutre de efectivo a este club para ser tan interesante para el futbolista europeo? Por el nombre quizás les cueste ubicarlo: Mansour bin Zayed Al Nahyan.

¿Que ese quién es? Pues muy fácil: el dueño de varios clubes en cinco de los seis continentes (solo le falta África). Es el hermano del emir de Abu Dabi (presidente de honor del Al Jazira) y dueño del Manchester City, Girona, New York City, Melbourne City, Yokohama Marinos y Atlético Torque. El mayor imperio futbolístico de la actualidad que sigue extendiendo sus garras allá donde atisba una oportunidad de negocio, como ocurrió, precisamente, con la compra del Girona este mismo año. Un modelo que pretende ser de éxito en el deporte, no solo en los negocios pero que, por ahora, sus frutos no son los que había esperado cuando empezó en este mundo allá por 2008 con la adquisición del paquete accionarial del Manchester City.

De hecho, la primera vez que va a sentir que uno de sus clubes juegue por el cetro mundial (aunque para los europeos sea la Champions League, el Mundial de Clubes no deja de ser precisamente eso, la competición por ser el mejor del mundo) será con el equipo de casa y no con el que ha puesto la gran mayoría de sus inversiones, el Manchester City. Como decíamos más arriba, el Al Jazira participa como campeón de la liga árabe del Golfo, el torneo del país que ejerce de anfitrión. Ninguno de los equipos que posee ha sido campeón de confederación bajo su mando y esta es su primera vez en el Mundial, aunque su verdadero deseo y objetivo es jugarlo con el club 'skyblue' como ganador de la Champions League.

Los jugadores del Al Jazira celebran incrédulos su victoria ante el Urawa Red Diamonds que le dio acceso a semifinales del Mundial de Clubes (Reuters)
Los jugadores del Al Jazira celebran incrédulos su victoria ante el Urawa Red Diamonds que le dio acceso a semifinales del Mundial de Clubes (Reuters)

Guardiola, su ojito derecho

1.514 millones de euros (según datos facilitados por el portal especializado en traspasos, 'Transfermarkt') ha gastado en fichajes desde el verano de 2008, cuando compró el City. Desde Robinho a Mendy, pasando por De Bruyne, Silva o Sterling. Y nunca ha estado verdaderamente cerca de ser campeón de Europa. Cuando más se acercó fue en 2016, cuando cayó en semifinales de la máxima competición continental contra el Real Madrid. Solo un gol en propia portería de Fernando le privó de la final en una eliminatoria realmente pobre. Nunca antes había alcanzado la penúltima ronda de la Copa de Europa, aun si aquel hito en la historia del club mancuniano apenas supuso una alegría, pues el fútbol que desplegaba dejaba mucho que desear y, de hecho, Manuel Pellegrini fue despedido para abrir de par en par las puertas del City a Pep Guardiola.

En nadie ha creído tanto Ferrán Soriano y Txiki Begiristain (y, por tanto, el jeque Mansour) desde que están en el City que en Pep Guardiola. No ha habido un mánager que tuviera tanta libertad para hacer y deshacer a su antojo, como sí puede permitirse el de Sampedor, con los resultados como prueba empírica de lo acertado de la decisión de entregarle las llaves del Etihad Stadium. Líder de la Premier con 15 victorias y un empate, líder en su grupo de la Champions y vivo en todas las competiciones de copa inglesas. Por primera vez se creen con posibilidades reales de ser campeones de Europa, y lo pueden decir teniendo los pies en el suelo, sin los aires de grandeza pretéritos que les creaba un espíritu pretencioso que jamás llegaron a saciar, ni siquiera con las dos Premier League obtenidas en estos nueve años de mandato emiratí.

Al jeque Mansour le hace especial ilusión jugar contra el Real Madrid en casa un partido oficial. La población de su emirato llenará (o debería) el estadio Jeque Zayed, alrededor de una de las más puras demostraciones de poderío económico en el mundo. Sería todo un acontecimiento histórico para él como máximo mandatario ganar al Madrid este encuentro, sabiendo, eso sí, las escasas opciones que existen. Pero no sería comparable a hacerlo con su criatura, que no es la de su tierra natal, sino la de Mánchester, allí, en el Reino Unido, en Europa, donde realmente importa todo. Volver en 2018 al mismo escenario, pero teniendo a su City participando, eso es lo que quiere, lo que ansía. Gasta cientos de millones en crear un Louvre, en coches, en edificios aparentemente inservibles, pero nada le haría tan feliz como una Champions League.

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