ramos, piqué y Busquers suman 342 partidos

El triángulo defensivo que puede ser la mayor debilidad de la España de Lopetegui

Los merecidos parabienes que recibe la selección por su extraordinario ataque llevan al otro lado de la moneda ¿quién defiende? tres jugadores son claves, los recambios no dan las mejores sensaciones

Foto: Busquets, Ramos y Piqué hablan en un entrenamiento. (EFE)
Busquets, Ramos y Piqué hablan en un entrenamiento. (EFE)

La euforia se extiende por España. Hay un 'crescendo' de comentarios elogiosos para la Selección. La victoria contra Italia en el Bernabéu fue un golpe en la mesa, por mal que estén los transalpinos. Y después de eso se sucedieron otros buenos resultados con fútbol de brillo. Esta España juega bien, huele a esa España que también lo hacía y terminó cuajando uno de los mayores dominios del fútbol de selecciones que comprendió dos eurocopas y un Mundial, ni más ni menos.

Los parabienes se suceden y Julen Lopetegui, que hizo torcer el gesto a unos cuantos cuando fue designado, parece el hombre idóneo para el puesto. De repente todo marcha, no hay engranaje que descarrile. Se ha encontrado una estrella mundial en Isco, un delantero relevante en Morata. Se ha ido recuperando todo aquello que ya se sabía, Iniesta o Silva, que no se van a descubrir ahora de repente; también Thiago, con galones de líder. En cada lateral parece haber cien opciones, todas ellas buenísimas, con jugadores que se proyectan en ataque y son capaces de llegar al fondo y centrar. El portero, De Gea, se cuenta entre los mejores del mundo.

Todo bien, recuerdos gratos de aquellos mundiales y eurocopas. Ahora bien, hay un factor que está poco testado y que, sin duda, es el más preocupante de esta nueva España de Lopetegui. ¿Quién defiende en todo esto? La España de Luis, también la de Del Bosque, aparece en la historia como un equipo creativo, con jugadores finísimos y un extenuante trabajo de toques hasta llegar a la portería rival. Y, siendo cierto todo eso, los resultados recuerdan que tan importante como todo aquello fue la capacidad para no encajar goles.

La España campeona no encajaba

Hay un dato demoledor. En todos los cruces de aquel cuatrienio prodigioso España no encajó un solo gol. Diez partidos de eliminatoria, a vida o muerte en los que la portería de Casillas, por aquellos días indiscutibles, fue infranqueable para todos los rivales. En el Mundial, de hecho, la selección fue campeona después de ganar todos sus partidos de cruces por un escueto 1-0. Portugal, Paraguay, Alemania y Holanda. Todos por la mínima, todos con el rival en blanco.

Esa extrema fiabilidad se construyó con Puyol en el centro, acompañado de Piqué, con Ramos a la derecha y Busquets -antes Senna- anclando el equipo desde el pivote. Ahora la pregunta es evidente ¿se puede replicar aquella fórmula? ¿puede esta España ser tan extremadamente fiable como lo fue la de los años campeones?

España depende en este sentido de tres jugadores: Busquets, Ramos y Piqué. Un triángulo que tiene que ser fuerte para no cometer errores tontos, para saber hacer la cobertura a los laterales y para entender que de medio campo hacia adelante, aunque solo sea por ausencia de físico, las carencias defensivas pueden ser notables. Las buenas noticias para Lopetegui están, precisamente, en que son Busquets, Ramos y Piqué.

Ramos es el jugador de campo que más veces ha vestido la camiseta de España (148), Busquets el último en llegar a las 100 (101, undécimo en la historia) y Piqué no está nada lejos de eso mismo con sus 93 internacionalidades. La experiencia está ahí, suman entre todos 342 presencias con la selección y eso tiene muy poco de casualidad. Estuvieron ahí en la época gloriosa y pretenden seguir presentes en lo que esté por venir.

Son, por lo general, gente fiable, aunque los tres han tenido momentos en los que no todo funcionó a la perfección. Ramos a veces es alocado. Piqué ha tenido fases de su carrera con un menor compromiso en el que un estado físico deficitario le convertía en un central menos fiable. Busquets también necesita de estar físicamente perfecto para ejercer su función, algo que la temporada pasada se notó bastante en su club, el Barcelona.

Las dudas en los suplentes

Es un triángulo casi perfecto, pero también uno frágil. Se necesita del concurso de los tres y que lleguen a tope al Mundial, sin ellos las opciones de España son más remotas, pues son jugadores de difícil sustitución. España en los últimos años no ha encontrado centrales de garantías, no al menos al nivel de los citados previamente. Iñigo Martínez, que parece del gusto de Lopetegui, ha naufragado siempre que ha ido con la selección, como si la camiseta le fuese grande. Nacho es servicial en el Madrid, y Bartra juega con frecuencia en el Dortmund, pero tampoco se engaña nadie al pensar que entre ellos y sus titulares hay un salto de calidad evidente.

Menor aún es la capacidad para encontrar un sustituto de Busquets, aunque solo sea porque como el pivote sí que no hay ninguno. Quizá la opción más obvia si él falla sea Saúl, pero no es en absoluto un jugador de su mismo corte. El barcelonista es posicionalmente más estable, mejor defensor y una de las mayores inteligencias que se ha visto en un terreno de juego para elegir la opción más clara en la salida del balón. Saúl, que es bueno y será mejor, es un futbolista diferente, con más recorrido y llegada. Illarramendi, que sí que juega en la misma posición con más frecuencia, tiene sobre sí la sombra de la duda de la fiabilidad. En la Real ha estado bien, incluso brillante, pero su paso por el Madrid generó una desconfianza sobre su capacidad de adaptarse a la más alta de las élites.

Faltan unos cuantos meses para viajar a Rusia de manera definitiva. Lopetegui, que se encontró un grupo desnortado, ha ido calibrando sus posibilidades. No hay, dicen los agoreros, motivos para echar las campanas al vuelo. No se ha ganado a nadie. Todo es verdad, como lo es que España juega muy bien, que tiene jugadores de primer lugar y que no son tanto los resultados como la experiencia de uso. Hay una parte visible y evidente, trata muy bien el balón. La duda es de si también sabrá atajarlo.

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