acumula 16 partidos invicto

Ernesto Valverde, una bendición para la crisis política del Barcelona

A todo se sobrepone el técnico sin colocarse medallas, dar una voz más alta que otra, pero tirándolas cuando conviene. “No vamos a pedir perdón por ganar, eso te lo garantizo”, declaró

Foto: Valverde sonríe en un entrenamiento. (EFE)
Valverde sonríe en un entrenamiento. (EFE)

Llegó Ernesto Valverde al FC Barcelona cómodo con su perfil bajo; no entusiasmó especialmente su fichaje, pero tampoco provocó controversia. En su presentación hizo un repaso a todos los mitos azulgranas y afirmó humildemente que no llegaba para revolucionar nada ni inventar la pólvora, sino para sumar. 18 partidos después su normalidad, ausencia de ego y los buenos resultados han sido el bálsamo perfecto, el apagafuegos ideal hasta para la crisis política que se vive entre España y Catalunya y que tanta controversia y quebraderos de cabeza le está costando al club azulgrana. Él va a lo suyo. Y sí, el Barça no deslumbra, pero acumula 16 partidos invicto: 11 de Liga -con 10 victorias y un empate- y cuatro de Champions -tres victorias y un empate- más el triunfo de la ida de Copa en Murcia, y siempre que le preguntan qué es lo que más le gusta de su equipo responde: “La solidaridad”.

Se fugó Neymar en plena pretemporada, el Real Madrid le pegó un buen repaso en la Supercopa, se lesionó Dembélé, el fichaje estrella, a las primeras de cambio. Y todo mientras la tensión política y social le hacía la zancadilla para ver si caía en un renuncio y así colocarle en una trinchera inequívoca. Sin alborotarse lo más mínimo y con naturalidad no se ha mojado en nada más allá de “la gente tiene derecho a manifestarse como quiera en el Camp Nou”, mientras a la entidad le llovían palos por todos lados.

Para unos, por significarse a favor del referéndum y en contra del ingreso en prisión de medio gobierno catalán y ‘los Jordis’. Para otros, por quedarse cortos con lemas y pancartas ambiguos para su gusto; sobre todo en el encuentro de Champions frente al Olimpiacos donde el Barça estaba con las manos atadas por la Uefa y desplegó una lona en la que se leía: “Diálogo, Respeto y Deporte’ que fue incluso duramente criticada por la Asamblea Nacional Catalana (ANC). "Así no. Quien sienta el ‘más que un club’ no colgaría esta pancarta en el campo”, publicó la ANC en su cuenta de tuiter horas antes del encuentro.

El Barça ha jugado en su propio estadio en medio de una gran tensión ambiental y con la afición, y los medios, más pendientes de las manifestaciones en la grada, las pancartas y los comunicados, que de lo que podía ocurrir en el terreno de juego. Incluso el 1 de octubre, mientras muchos catalanes sufrieron agresiones por parte de la policía en el referéndum ilegal, el equipo jugó a puerta vacía ante Las Palmas; lo que tampoco contentó a nadie. Ganó. Y cuando concluyó el encuentro Gerard Piqué no pudo reprimir las lágrimas ante los medios. Él que hubiera preferido no disputar el encuentro en contra de la opinión de la mayoría, aunque les hubiese costado seis puntos.

Y Valverde mientras a lo suyo, a encontrar soluciones para acompañar a Suárez y Messi en ataque después de la lesión de Dembélé. Ahora Deulofeu, ahora Denis, ahora un 4-4-2 con Paulinho de doble pivote con Busquets, ahora con André Gómes y la última, ante el Sevilla, resucitando a un Paco Alcácer para la causa. “Somos un equipo solidario”, repite. Y sin duda lo es, como demuestra el dato de ser el menos goleado de la Liga con sólo cuatro goles en contra. Son también los más goleadores empatados con 30 con el Valencia. Y eso que Luis Suárez, el pistolero, el ‘9’, está atravesando por un mal momento y sólo ha marcado tres.

Valverde está haciendo una temporada excelente por ahora. (EFE)
Valverde está haciendo una temporada excelente por ahora. (EFE)

No parece natural, lo es

A todo se sobrepone el técnico sin colocarse medallas, dar una voz más alta que otra, pero tirándolas cuando conviene. “No vamos a pedir perdón por ganar, eso te lo garantizo”, declaró tras vencer al Sevilla y ser cuestionado por el juego irregular de su Barça. Tampoco saca pecho por los ocho puntos de ventaja al Real Madrid “porque esto puede dar muchas vueltas”, y desarma, una y otra vez por su llaneza, alejado de frases grandilocuentes y huyendo de cualquier conflicto para centrarse en su trabajo. Pocas veces un apodo define tanto a quien lo lleva: el ‘txingurri’, la hormiguita que sin hacer ruido ni llamar la atención va trabajando como parte integrante de un colectivo y suma, suma, suma.

Ernesto Valverde está resultando ser una bendición para un Barça metido de lleno en la centrifugadora -cuando no en la trituradora- tanto por lo que asumió deportivamente en verano con el ciclón Neymar tomando fuerza de huracán, como por su lejanía respecto a cualquier posición polarizada en política. Torea con maestría y como si no pasara nada cualquier cuestión en sala de prensa. No es fácil parecer tan natural, y la clave está ahí; que no lo parece, lo es.

Ya ha quedado despejada también la duda de si sabría manejar un vestuario de estrellas porque tiene clarísimas cuáles son las jerarquías y le ha vuelto a dar galones a Iniesta, por ejemplo, que después de airear sin complejos que su continuidad estaba en el aire y su conflictiva relación con Bartomeu y su Junta, ha firmado una renovación de por vida porque vuelve a sentirse importante en el césped. También en no mover a Suárez del campo a pesar de los pesares, porque debe ser consciente de que sería la puntilla para el uruguayo, es cuestión de tiempo que las enchufe y además está nada más y nada menos que Messi, su amigo, por medio. El gallinero no se alborota; se mueven sólo algunas piezas buscando el equilibrio y a sumar, a seguir sumando.

Si después de todo lo que pasó en verano, si después de todo lo que política y socialmente se ha vivido en otoño, alguien hubiera apostado a que hoy, en noviembre, el Barça como equipo, estaría así: primero en la tabla, invicto, el más goleador, el menos goleado, con pie y medio en los octavos de Champions, se habría llevado una pasta. El ‘txingurri’ no le da demasiada importancia, pero como la hormiguita que es, sigue currando cuando se avecina el invierno y en primavera ya veremos qué pasa. Por él, desde luego, no será.

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