tiene varios frentes abiertos en su plantilla

El muro de silencio de Simeone que separa al vestuario del Atlético de Madrid

Debido a la política de confiar principalmente en sus hombres, se pueden observar dos frentes bastante diferenciados: están los pertenecientes al núcleo duro del 'cholismo', y luego, el resto

Foto: El núcleo duro del Atlético: Simeone, Gabi y Godín. (EFE)
El núcleo duro del Atlético: Simeone, Gabi y Godín. (EFE)

Entre las virtudes del actual Atlético de Madrid nunca ha estado la autocrítica. Tampoco le ha hecho demasiada falta en este lustro largo de posicionamiento casi perenne en la élite europea, ya que preponderaban las alegrías y las buenas caras y los pequeños tropiezos se achacaban constantemente al ya manido "no podemos competir con los más ricos" de Simeone, y a correr.

No les falta razón, la diferencia de ingresos y de gastos entre el Atlético y los que dominan el circo futbolístico es enorme y aun así, ahí han estado, no sobreviviendo, sino ganando, siempre hasta que se cruzaba el Madrid. En el peor momento del club desde que lo entrenara Goyo Manzano, mirarse el ombligo y comprobar cómo se ha perdido la forma se hace más que obligatorio.

El núcleo duro de Simeone, y el resto

El interior del vestuario rojiblanco ahora mismo se encuentra en estado de ebullición. Se suele decir que en situaciones de extrema necesidad, las rencillas personales existentes entre los afectados quedan a un lado por la causa común, pero la brecha existente es grande y complicada de suturar. Principalmente se pueden observar dos frentes bastante diferenciados: están los miembros pertenecientes al núcleo duro del 'cholismo', y luego están el resto.

Esta separación es gigantesca pues afecta a niveles primarios, como la relación con el entrenador. Simeone es muy suyo, expresión muy española que define a quien hace las cosas exclusivamente a su manera y desoye a quien le anima a variar su praxis. Y, por tanto, sus preocupaciones, sus principales ideas y lamentos los comparte solo con Gabi y Godín, sus comandantes y confidentes.

Además de ser los jugadores más veteranos de la plantilla, recorre por sus venas la ideología impulsada por Simeone desde diciembre de 2011 y la aplican hasta las últimas consecuencias. El entrenador es consciente de ello y confía ciegamente en ellos, pero le cuesta transmitir el mismo mensaje a los demás, por lo que se encuentra con un bloque muy grande de jugadores que no tiene en la cabeza las mismas ideas que su técnico. Algunos, como Juanfran, Torres y Koke, firmes defensores de la filosofía del Atlético ganador, han tenido serios encontronazos con el Cholo.

Jugar más ofensivos

No son pocos los jugadores que se acercaron a Simeone a pedirle que fueran ofensivos en varios partidos de esta temporada. Sin ir más lejos, ocurrió en el último encuentro de Liga, el empate a un gol contra el Villarreal. Querían salir al ataque, se sentían fuertes en el área contraria, pero el argentino les frenó.

Entre la afición también corre el runrún cada vez que tienen que ganar un partido y ven que en el césped se juega con el doble pivote Gabi-Thomas, probablemente el más defensivo del que podría disponer Simeone, el mismo con el que intentó ganar al Qarabag, un equipo azerbaiyano. Thomas y Gabi fueron contrapuestos: mientras uno fallaba pases fáciles y se ponía nervioso, el capitán lo intentaba todo, incluso labores de presión adelantada y finalización de jugadas, que en teoría no le corresponden. El gol salvó la imagen de Thomas, al que se le veía desubicado.

Gabi ejerció de capitán dentro y fuera del campo ante el Qarabag. (Cordon Press)
Gabi ejerció de capitán dentro y fuera del campo ante el Qarabag. (Cordon Press)

En este sentido, se ha encontrado con otro dolor de cabeza importante. La convicción de Simeone de que con Diego Costa se curarían todos los males ha obligado al equipo a luchar como espartanos hasta enero para después despegar. ¿Qué ha conllevado eso? Que se encuentre con tres delanteros que saben a ciencia cierta que en enero o van a salir o van a ser absolutamente secundarios en sus planes.

Vietto, Gameiro y Torres, por orden creciente, no tienen la motivación por las nubes, que digamos. Y esto es la pescadilla que se muerde la cola: se sienten infravalorados, pero en el campo tampoco han aportado suficiente como para decirle a Simeone que son más que útiles. Entre los tres suman un gol... con esa cifra no pueden exigir un puesto.

Crisis del Atlético puesta en contexto

Ahora, la situación es agobiante. Y en cierta manera, aunque ahora cueste visualizarla, es positivo que así sea. ¿Se imaginan que estuviéramos hablando de crisis hace diez años si el Atlético se hubiera quedado fuera de la fase de grupos de la Champions? No, porque por entonces el Atlético no jugaba la Champions.

Se daba con un canto en los dientes con obtener un billete para la Copa de la UEFA y trataba de no perder el derbi con el Madrid, lo cual era ya parte de una costumbre de 14 años de duración. El Cholo ha llevado al Atlético a sentirse avergonzado por caer en algo que hace no mucho soñaban con solo participar. La confirmación en la élite era esto: perder y que duela, no perder y resignarse.

En los próximos meses veremos la evolución de la crisis evidente en la que está hundido el Atleti. Por primera vez hubo pitos generalizados en la grada, y no solo para Gameiro, como se ha querido vender. El Wanda criticó abiertamente que su equipo no fuera capaz de ganar al Qarabag, que se acercara inerte al abismo de la eliminación. Al Cholo, como a otros entrenadores de perfil duro y autoritario (Sacchi, Mourinho, Capello, Conte...), le afecta el desgaste, no solo a él, sino a los que están a su alrededor, que ven cómo roce tras roce se hace herida y recuperarse cada día es más complicado.

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