el peor partido apareció en la final

Alemania le roba la identidad a una sub-21 que no es nada sin el talento

La mejor selección de todo el torneo ha perdido la copa porque jugó el peor partido en el peor momento. Los alemanes, jugando al fútbol que hizo a España grande, rompieron a los nuestros

Foto: Ceballos no pudo lucir en la final. (Reuters)
Ceballos no pudo lucir en la final. (Reuters)

El peor partido, en la final. La sub-21 es un equipo excepcional, con jugadores excepcionales, que se han encontrado delante a lo que ellos eran o lo que deberían ser hoy en día también. Perdió el torneo en el que era enormemente favorita porque no supo jugar el partido más importante y no es por falta de experiencia, pues los que hay en la plantilla española han jugado decenas de partidos más importantes de los que han tenido oportunidad los que tenían enfrente y que se llevaron la copa. No hay que dudar de estos jugadores, hay que dudar del estilo, de lo que se ha sido y de lo que ya no se es.

A veces se recriminaba a la Absoluta que le faltaba una segunda idea de juego. En el momento que el virtuosismo artístico de la mejor generación de la historia de nuestro país empezó a difuminarse, cuando su fútbol de asociación era previsible y mucho más lento de lo habitual, no había una alternativa en el ideario de Del Bosque. Por lo general, el dominio del balón era muy alto, lo cual no se convertía casi nunca en acumulación de ocasiones. Faltaba otro camino para llegar al mismo lugar. El salmantino tenía en su día a Fernando Llorente, pero apenas lo utilizaba.

La evolución del fútbol español ha llevado a Celades a entender las necesidades del momento y a renegar de la estirpe que ha heredado. Cuando el partido lo permite, el juego de posición, sin ser ortodoxo, se aplica. Pero cuando no, esta España sub-21 se ha echado atrás y ha jugado a lo que quería el contrario. Le pasó durante un tiempo contra Portugal, incluso ante Italia en semifinales. En esos dos encuentros, esos ratos de superioridad del adversario no supusieron una desventaja en el marcador. Alemania, en cambio, aprovechó que fue superior, muy superior, durante todo el primer tiempo para adelantarse y encarar la victoria.

Alemania realizó un partido excelente. (Reuters)
Alemania realizó un partido excelente. (Reuters)

Porque este equipo no tiene en su gen la virtud de la defensa y el contragolpe. La puede ejercer, pero le cuesta vivir en esa situación, no es natural. Peor es aún cuando se le aplica la misma medicina que ha venido imponiendo en la última década. Jugó con clase, defendió con eficiencia y generó muchísimo peligro. Solo entró el gol de Weiser, pero pudieron caer muchos más. Alemania aprendió desde hace ya tiempo que tenía que adaptarse al fútbol actual y para ser ganadora, debía saber jugar bien al fútbol. Está en pleno éxtasis de su modelo, que como en el caso de nuestro país, también se desarrolla en todas sus categorías inferiores para que cuando llegue al primer equipo, el estilo esté perfeccionado.

Alemania basó su victoria en el trabajo en equipo, un seguro de vida en todas las vicisitudes posibles en el fútbol. Cuando vas ganando, el juego coral te permite mantener la posesión y generar ocasiones de gol, a la vez que una buena defensa consigue evitar que el rival se acerque a portería. Cuando vas perdiendo, el control del balón te da el mando. España no ha sido un buen equipo en este torneo, no lo ha sido en cierta medida porque tiene muy buenos jugadores. Parece contradictorio, pero cuando se apuesta todo sobre las individualidades, cualquier complicación, por pequeña que sea (y la de Alemania no ha sido pequeña, en absoluto), se hace imposible de superar.

¿Por qué Asensio, Ceballos y Saúl no han lucido en la final? Porque la consistencia como grupo se ha visto comprometida por la excelente labor de presión alemana, que se movía con la precisión de un péndulo allá donde estuviera el balón. No había un 'plan B', una manera diferente de conseguir el mismo objetivo. Una vez que el sistema de juego español ha dejado de ser casi perfecto, la supervivencia en la élite depende solo del talento. Si este no está especialmente inspirado, las opciones se reducen drásticamente.

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