retorno a la esencia primera del cholismo

La sentencia del TAS da una buena excusa a Simeone para volver a ser Braveheart

Deportivamente estar un periodo de fichajes sin entrar en el mercado es una desgracia para el Atlético, pero a cambio podrán volver a utilizar un discurso del cholismo que había quedado obsoleto

Foto: Simeone, en el Wanda Metropolitano (EFE)
Simeone, en el Wanda Metropolitano (EFE)

La sanción de la FIFA ratificada por el TAS es una pésima noticia para el Atlético de Madrid. No poder fichar este verano es, sin duda, un problema para un club de élite que quiere seguir compitiendo al máximo nivel. Deportivamente, un drama, pero no todo es malo para los rojiblancos. De algún modo la sentencia sirve al Atlético para apuntalar el discurso que en los últimos años había quedado difuminado. Pierde fútbol, se enardece la literatura.

"No podemos competir contra el Madrid y el Barcelona". La frase es de Simeone y el técnico argentino la repitió hasta la saciedad, modificada de tantas formas posibles como el idioma castellano le permitía. No había semana en la que no le recordase al mundo que ellos eran David contra Goliat, gigantes contra jóvenes valerosos que solo tenían su esfuerzo y dedicación para enfrentarse a los que mandan.

El tiempo pervirtió ese mensaje. No es que el Atlético, repentinamente, consiguiera alcanzar económicamente al Real Madrid y al Barcelona, pero sí es cierto que la diferencia se redujo. El éxito llama al dinero, haber alcanzado dos finales de Champions -y haberse afianzado como un equipo que nunca sale de la competición- supuso un cambio en las cuentas del club. Más capacidad económica que se traducía en una capacidad para ir al mercado y fichar casi como uno de esos mastodontes. ​

Simeone argumentaba en aquellos primeros días de su mandato que él no podía gastar 80 millones en un fichaje porque eso era todo lo que tenía para reforzar su plantilla. Pero con el tiempo algo cambio, los últimos veranos la inversión rojiblanca ha sido igual o superior a la del Real Madrid, aunque también tiene que ver que el Real Madrid ha estado insólitamente parado en esos ciclos de traspasos. Y eso, en buena lógica, lastraba esa idea de rebeldes contra el sistema. Por más que Simeone dijese que la Liga estaba peligrosamente preparada para los blancos en un año en el que terminaron por no ganarla.

El discurso decía también que sus oponentes reales eran el Sevilla o el Athletic, equipos del siguiente escalón competitivo. Nunca fue una teoría bien justificada, porque en todo caso el Atlético siempre ha tenido más capacidad económica que esos rivales, pero al cuerpo técnico le servía para quitarse la presión de los grandes campeonatos y como manera de unir a los suyos alrededor de un ideal que, más o menos cierto, compraban con pasión.

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Los últimos años ya no funcionaba tan bien. Los fichajes de campanillas, el hecho de tener un equipo cada vez más competitivo, al menos en lo que en nombres se refería, atacaba un poco la teoría. Incluso algunos cambios futbolísticos del equipo llevaban a pensar que el equipo ya no formaba parte de los revolucionarios sino del 'establishment' futbolístico.

El Atlético, en la despedida del Calderón. (EFE)
El Atlético, en la despedida del Calderón. (EFE)

Un equipo más aguerrido

El Altético dejó de ser el equipo del juego aéreo y vio como se marchaban futbolistas aguerridos como Diego Costa o Raúl García. A cambio entraban más jugones, estilistas de juego fino y fútbol delicado. Esto, aunque no lo parezca, también contribuyó a poner en duda el discurso básico del cholismo. Al fin y al cabo el fútbol también es un universo de sensaciones en el que una manera de jugar, que no deja de ser un método para llegar a un objetivo, se impregna de otros valores que, en principio, poco tienen que ver con el hecho deportivo. Y si no que se lo pregunten a Xavi Hernández, que hizo de todo esto casi una tesis doctoral.

La sanción del TAS da, además, una nueva manera de encontrar enemigos externos, algo siempre fundamental para apuntalar la teoría del pequeño valiente contra los poderes fácticos. Más aún si, como en este caso, el tribunal rebajó la pena al Real Madrid y le permitió fichar en esta ventana de traspasos. No importa cuál sea la explicación jurídica concreta que permite a los blancos fichar y se lo niega al Atlético, tampoco si la decisión del tribunal es justa o no. El hecho es que existe y, en el mundo del fútbol, siempre amigo de la simplificación, con eso es suficiente para ver un fantasma que acecha al propio club.

El problema futbolístico está ahí. El Atlético de Madrid, como cualquier otro club, tiene carencias importantes que debe resolver. La posibilidad añadida de que se marche algún jugador obligará a la dirigencia a tener mayor creatividad. La capacidad negociadora se ha reducido, pues todos los que toquen la puerta del Metropolitano saben que el club tiene problemas. Todo eso es indeseado. A cambio, el único, consuelo, es volver a los fueros previos. Volver a ser Braveheart.

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