SÓLO HA MARCADO 16 GOLES ESTA TEMPORADA

Neymar está en el punto de mira (y la final del Madrid hace pupa al Barcelona)

En el Barcelona no ha sentado bien la clasificación para la final de Champions del Madrid, y más teniendo en cuenta su plantilla... aunque alguno, como Neymar, no está rindiendo lo esperado

Foto: Neymar en el último partido con el Barcelona, ante el Villarreal. (EFE)
Neymar en el último partido con el Barcelona, ante el Villarreal. (EFE)

La clasificación para la final de la Champions ante la Juve del Real Madrid ha sentado a cuerno quemado en Barcelona. La histórica rivalidad entre el club blanco y el culé es explicación suficiente para ello, pero más allá de la difícil digestión ante la ventajosa situación de los de Zidane, que dependen de sí mismos para ganar la Liga, la cuestión en el Barça es cómo es posible que con la mejor delantera del mundo, con Messi, la máxima estrella mundial y con futbolistas tan competitivos y con sobrada experiencia como Piqué, Busquets o Iniesta ahora se vean en la tesitura de encomendarse a que los demás hagan el trabajo que ellos no han sido capaces. Y encima, uno de sus cracks, Neymar, está bajo la lupa por su comportamiento.

Una final, una Champions en las últimas seis temporadas, con dos eliminaciones consecutivas en cuartos de final en el mayor escaparate europeo resulta un pobre bagaje para un equipo tan grande como el Barça. La exigencia es precisamente eso, saber competir hasta el final cuando hay mimbres, calidad y talento y el Barça ha fallado, sin peros. Después de la épica, de la milagrosa remontada frente al PSG volvieron a repetir “la pesadilla”, como la calificó Luis Enrique frente a la Juve y ya no pudieron enmendarlo. En la Liga pesan como pedruscos los puntos perdidos ante rivales como el Alavés, el Málaga, el Betis o el Deportivo, equipos inferiores al conjunto azulgrana, mientras que fueron capaces de ganar en el Sánchez Pizjuán, el Vicente Calderón y el Bernabéu. Actitud, falta de intensidad, excesiva autoconfianza… cada partido tiene su historia, pero es evidente que la temporada está dejando un mal sabor de boca al aficionado azulgrana y que la sensación general es que se podía haber hecho más.

Todo puede cambiar en 22 días. Son los que quedan para que termine el campeonato nacional, se dispute la final de la Copa del Rey y se juegue la de Champions en Cardiff. De los tres factores, el equipo catalán solo controla uno, la final frente al Alavés y reza para que Vitolo, que se deja querer por el Barça, o el Celta que aún recuerda el esperpento madridista en empeñarse en jugar un partido cuando era imposible por un temporal, o el Málaga de Sandro -al que dejaron irse sin nada a cambio “por su buen comportamiento”- o Dani Alves que sigue teniendo amigos en el vestuario y admiradores entre la afición aunque no en la directiva, “irme gratis del Barcelona fue una hostia con clase”, ha llegado a decir, les haga un favor. Si el Madrid la pifia, el doblete azulgrana aún es posible, pero tener que depender de los demás escuece y, hoy por hoy, es más una penitencia que un consuelo.

El fondo de armario y Neymar

Los números, las estadísticas, hacen más pupa aún teniendo en cuenta que en la Liga el tridente azulgrana ha sumado nada menos que 71 goles frente a los 36 de la BBC, casi el doble. O que Messi, con dos partidos menos, aún es el que más tantos ha marcado en la Champions: 11, frente a los 10 de Cristiano Ronaldo. Que la segunda línea, el equipo B, el fondo de armario, “la mejor plantilla que he tenido desde que estoy en el Barça” como afirmó Luis Enrique no ha dado el rendimiento esperado es una evidencia y en este sentido la planificación de la secretaría técnica ha quedado en entredicho, aunque a la hora de buscar culpables también se tiene en cuenta la responsabilidad de algunos jugadores. ¿Por ejemplo? André Gomes, que ha disputado nada menos que 44 partidos y su continuidad en el conjunto azulgrana tras la marcha de su gran valedor, Luis Enrique, no está asegurada. Tampoco la tienen Denis Suárez, ni Rafinha, ni Arda Turan, cuya participación ha sido discreta, aunque no tanta como la de Paco Alcácer, que apenas ha tenido ni siquiera oportunidades por parte de su entrenador, devorado por el peso específico de la MSN. Y, sin embargo, en los últimos días todas las miradas se han centrado en una de las estrellas: Neymar.

El diario ‘Mundo Deportivo’ publicó el lunes que el brasileño y Juan Carlos Unzué, segundo entrenador azulgrana que aspira aún a convertirse en primero, habían tenido una fuerta discusión en el entrenamiento del jueves de la pasada semana, dos días antes del partido ante el Villarreal. El técnico le reprochó al jugador su comportamiento durante la sesión y le instó a reflexionar, algo que no le sentó nada bien al brasileño, que le contestó de mala manera. No es la primera vez que la actitud de Neymar da que hablar. La temporada pasada ya saltó a los medios la preocupación del club y de los técnicos por la falta de profesionalidad del delantero en algunos momentos y su agitada vida social. Tras lo sucedido con Unzué, ha quedado claro que Neymar no ha cambiado.

La caída de Ronaldinho está fresca

Su enorme calidad, su indiscutible repertorio de regates, cambios de ritmo, sombreros y taconazos, su plenitud física con 25 años, su valentía a la hora de dar la cara en momentos complicados, como en el partido de París, sus inagotables desbordes por banda, sus asistencias, su sintonía con Messi y Luis Suárez, su participación decisiva en la remontada ante el PSG o el inventario de filigranas ante el Villarreal (dos días después de la bronca) son innegables. Pero que el segundo entrenador le llame la atención hace saltar las alarmas. Sobre todo porque el ejemplo de Ronaldinho, otro portento, aún está fresco en la memoria de los azulgrana.

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A Neymar además se le ha otorgado categoría de crack desde que pisó el Camp Nou. Se le han otorgado galones y con ellos manga ancha -no juega, por un motivo u otro cuando el partido coincide con el cumpleaños de su hermana- y se espera más de él. Esta temporada sólo ha marcado 16 goles, mientras que el año pasado firmó 39 y el anterior 31. Que le pidan desde dentro del sagrado vestuario, que reflexione sobre su estilo de vida, es una malísima señal. Está en su mano marcar una época en el Barcelona o no. En la mano del club está el saber dar con la tecla de cara a la próxima temporada, empezando por el entrenador que aseguran no tener aún cerrado. En la del equipo, ganar los tres partidos que restan; los dos de Liga frente a Las Palmas y el Eibar y la final de Copa. Y esperar con amargura, que el Madrid se estrelle.

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