MIENTRAS EL CLUB MIMA A LEO MESSI

Iniesta cierra en el Barcelona la puerta que él mismo abrió

El capitán ha tenido una temporada extraña, llena de lesiones, pero tranquilizó al barcelonismo asegurando que se quedaba. Lo mismo hizo Mestre con la renovación del argentino

Foto: Iniesta y Messi, en un partido de esta temporada. (Reuters)
Iniesta y Messi, en un partido de esta temporada. (Reuters)

Se hacen largas, larguísimas las semanas ahora para el Barcelona. Un partido a la semana, a dos de que se termine la Liga y con la condición de que el Real Madrid la pifie haciendo quinielas, con la final de la Copa del Rey ante el Alavés que, hoy por hoy, sabe a poco, y con las carpetas abiertas de par en par sobre quién será el nuevo entrenador, con qué idea vendrá, quien se irá, a quién querrá fichar, con quién no contará... En el Barça hay más incertidumbres que certezas y lo peor es que nadie parece comandar la nave, que va sola, por pura inercia en este final de temporada. Con tanta marea hay que agarrarse fuerte a las boyas. Y al menos, Iniesta cerró una puerta que él mismo había abierto y el vicepresidente deportivo azulgrana, Jordi Mestre, ha afirmado que la renovación de Messi es cuestión de días, horas, semanas… nada concreto, pero vamos, que se cerrará, que nadie sufra.

Iniesta cierra el melón

Andrés Iniesta es uno de los futbolistas con la etiqueta de intocable. Se lo ha ganado. El sábado, sin ir más lejos, se cumplían ocho años del ‘Iniestazo’ en la Champions en Stamford Bridge en la era Guardiola —¿cómo no recordar la imagen de Pep corriendo entusiasmado, esprintando en pleno delirio por la banda?— y el manchego volvió al once frente al Villarreal después de haber sido baja en el derbi en Cornellà por molestias. Ha sido una temporada jorobada para Iniesta, marcada por las lesiones, hasta tres ha sufrido, que le han hecho parar y volver; ahora unos minutos en la segunda parte, ahora en el banquillo, ahora de titular, nunca dos partidos seguidos. Y con Luis Enrique, incómodo, molesto, teniendo que dar cuentas de cómo le administraba.

A todo esto, encima, con una renovación pendiente, un año más de contrato y un melón que el propio Iniesta dejó abierto de par en par en un acto publicitario el pasado mes de marzo: “Mi intención es poder retirarme en el Barcelona, pero eso lo marca el rendimiento, y lo que nunca haré es estar aquí por estar”, dijo. Fue más que suficiente para que se encendieran las alarmas. Estaba atravesando por una etapa llena de dudas tal y como se publicó en El Confidencial y él dejó la puerta abierta a sabiendas.

El sábado, tras la victoria frente al Villarreal, el centrocampista se encargó él solo de apagar el fuego cuando salió a hablar en zona mixta ante los medios: “Ha sido una temporada diferente, he tenido mala suerte con las lesiones y no he tenido continuidad. Sigo pensando que puedo rendir al máximo nivel. Tengo un año más de contrato, no contemplo nada raro y lo normal es que siga aquí”. De un plumazo, con un par de frases, el jugador cerró la puerta. Mira que era fácil. Y si no lo había hecho antes, por algo sería. Un sofoco menos para el aficionado azulgrana, en definitiva.

La inminente renovación de Messi

A estas alturas si cada socio del Barça tuviera que poner de su propio bolsillo un dinero extra, hacer ofrendas a la Virgen de Montserrat u ofrecer a su primogénito si llega el asunto a ser desesperado, la prioridad número uno es que Leo Messi renueve. El Barça tendrá que claudicar y decir 'sí señor' a todo lo que el jugador y su padre y representante, Jorge Messi, quieran. Ni hay otro como él, ni lo habrá, así que al club solo le queda postrarse sin que se note mucho. Que sí, pero que no lo parezca.

Que un Messi que llegó con 13 años al Barcelona, que ha formado una carrera y una familia, una vida en la ciudad y en el club que le dio la oportunidad de crecer, formarse y explotar tenga vínculos no solo profesionales, sino emocionales, que no son fáciles de romper es absolutamente comprensible. Que quiera que se le reconozca como el número uno indiscutible, sin comas, ni peros, ni dudas, ni decimales. Que quiera ser el mejor pagado y tener una colchoneta para olvidarse de sus problemas con el fisco y su paseíllo por la Audiencia es una factura que se va a cobrar sí o sí, también. Y el club azulgrana no tiene otra opción que tragar.

En el primer acto del teatrillo, Jorge Messi rechazó la primera oferta que le hizo el Barça. Ante las noticias alarmantes al respecto, el vicepresidente deportivo Jordi Mestre salió al paso a toda prisa antes de que se les revolucionara el gallinero y en declaraciones a ‘TV3’ tras la victoria frente al Villarreal declaró que le encantaba llevar la contraria a los medios ‘de Madrid’ y que las negociaciones iban como la seda: ”En pocos días esperamos que esté todo arreglado. La renovación de Messi está muy bien encarrilada”. Ante las preguntas de cuándo exactamente ya no supo contestar. Un fleco por aquí, una cláusula por allá. La envergadura y complejidad del nuevo contrato del crack debe ser enciclopédica, de estudio. Y en ello están.

Mientras el Real Madrid no la pifie en la Liga y amenace con la final de Champions al Barça lo único que le queda es asegurarse los mimbres, la base, para la próxima temporada. Iniesta y Messi no son solo futbolistas, son iconos, y la entidad no se puede permitir, ni de broma, perderlos. El manchego ha bajado las revoluciones tras la bomba que soltó sobre sus dudas para continuar. Leo calla, pero el club ha asegurado por el altavoz que seguirá. Todo es una cuestión de tiempo, pero también de dinero. Y gratis, por muy culés que sean todos, no les va a salir.

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