campeones del mundo en la prórroga

La flor del Madrid se llama Cristiano Ronaldo

El Kashima remontó de manera increíble el gol inicial de Benzema y hasta que no surgió la voracidad del portugués, el equipo de Zidane no pudo ganar su quinto título mundial

Foto: Sergio Ramos levanta el trofeo de campeón del mundo (Kim Kyung-Hoon/Reuters).
Sergio Ramos levanta el trofeo de campeón del mundo (Kim Kyung-Hoon/Reuters).

El deporte, y en modo muy particular el fútbol, tiene poca memoria. Al final, con el paso del tiempo, lo único que acaba trascendiendo en los libros de historia es el qué, no tanto el cómo. En el futuro quizá haya alguien que se pregunté qué fue del Real Madrid en 2016. Entonces, el interesado recogerá los datos y comprobará que aquel equipo amplió aún más su ya inalcanzable leyenda, ganando por undécima vez la Copa de Europa, el que más tiene, y ganando por quinta vez un campeonato mundial, el que más tiene. Puede que ni siquiera se fije contra quién ganó ese último título, mucho menos en la forma en la que se produjo. Algún nostálgico querrá reivindicar el partido que hizo el Kashima Antlers, pero a la mayoría les dará igual: verán que el Madrid ganó 4-2 la final del Mundial y encontrarán la foto de Sergio Ramos con la copa.

Amenazada la supremacía mundial

Será un análisis tan válido como incompleto, por no calificarlo fríamente como injusto. El Madrid ganó 4-2, pero necesitó 120 minutos para superar al campeón de Japón, uno de los equipos más débiles, teóricamente, de todos los participantes en este Mundial. Y durante unos minutos, se sintió como Rocky contra Apollo en su primera pelea, a punto siempre del KO. En este caso, en cambio, el campeón era el que sufría los golpes del aspirante, que llegó a luchar por el título mundial de una manera tan incomprensible como 'Toro Salvaje'. El Kashima estaba en casa, tenía a miles de paisanos en las gradas de Yokohama haciéndoles creer que sí, que por qué no iban a ponerse a la altura del club más laureado del planeta, por qué no amenazar una supremacía mundial que ni el más pesimista se atrevía a poner en duda.

Masatada Ishii hizo algo que en Europa dará todo lo igual que nos quiera dar, pero que en Japón entrará directamente a formar parte de la historia del fútbol nipón. El entrenador del campeón de Japón jugó un fútbol brillante, se vio en inferioridad muy pronto y pese a que lo normal era que se hubiera venido abajo, que sintiera que la rampa era más empinada que la pared del Empire State, tiró de algo más que de orgullo, tiró de fútbol, de calidad, de una motivación que en ningún caso estuvo presente en su gigantesco adversario. Gaku Shibasaki tiene también ganado parte del corazoncito de todo Japón por marcarle dos goles a Keylor Navas, por hacer soñar a todo un país.

Lo que no dirán nunca los libros de historia es si esto habría pasado si el Madrid hubiera aplicado en el campo todo su conocimiento futbolístico, su mayor calidad técnica y táctica, en definitiva, su escudo. ¿La voluntad imponente del Kashima era verdaderamente suficiente para mandar al Real Madrid a la prórroga, para perdonar un gol clarísimo en el 93 que les hubiera dado irremediablemente el título? No es sencillo responder a esta pregunta. Algunos dirán, con mayor o menor razón, aquel manido argumento de que en el fútbol no hay rival pequeño que vino a patentar Guardiola en el Barça, y si bien es verdad que es complicado jugar contra todos, resulta complicado mantener en pie esa razón si nos atenemos a las realidades de uno y otro conjunto. Esto era un Frodo contra Sauron. Esta vez, el anillo de poder no se fundió en el Monte del Destino.

Cristiano anota el 4-2 (Issei Kato/Reuters).
Cristiano anota el 4-2 (Issei Kato/Reuters).

Benzema está de vuelta

El Madrid tuvo una fase inicial de partido en la que pudo haber dejado el triunfo tan sellado que no hubiera tenido mayor problema en vaguear de ahí a que el árbitro zambiano decidiera que ya se había jugado suficiente. Era de suponer que iba a suceder algo así, esto es, un Madrid deseoso de cerrar la final cuanto antes para que las vacaciones de Navidad empezasen antes de que se acabase el encuentro. El disparo de Modric cuyo rebote anotó Benzema era, en apariencia, una confirmación de esta previsión. El 1-0 era un llamamiento para que cayesen más goles, uno detrás de otro, ante el valeroso pero débil contrario japonés. Pero a la ambición de Karim no se unió nada más que Lucas, los dos únicos que de verdad demostraron que tenían ganas de ganar el partido con suficiencia.

Ha vuelto Karim. Benzema ha hecho en el Mundial los dos mejores partidos desde que empezó la temporada, y esa es quizá la noticia más positiva que se lleva el Madrid de vuelta a España, además de un parche dorado en el pecho de recuerdo de su visita a Japón. El francés fue de nuevo él mismo, el de siempre, ese que lleva el '9' pero que quiere ser un '10' en todo. Apareció por los costados como extremo, enlazó con Cristiano como si fuese un mediapunta experimentado y por si fuera poco, inició la jugada del penalti sobre Lucas en una posición más retrasada que la de Marcelo. Toco y me voy, la sencillez echa sangre de horchata, con un toque gourmet verdaderamente sabroso.

El hombre gol

Fue una pena que a Benzema no le siguieran los demás. La hiperactividad de Lucas ayudaba y mucho a que Karim no se sintiese del todo abandonado a su suerte, y se asociaron con asiduidad, pero siempre se encontraban con una piedra en el camino. Sí, esa piedra es el Balón de Oro de 2016, Balón de Oro del Mundial de Clubes, autor de un 'hat-trick' en la final, campeón de la Eurocopa y campeón de la Champions League. Cristiano hizo un partido muy flojo en el que perdió tantos balones que llegó a desesperar hasta a Modric, un álma cándida, pero se vuelve a casa con otro trofeo individual, una medalla de oro y un balón para la colección, como héroe del madridismo una vez más. Porque el portugués es la definición del gol, los ha marcado y los seguirá marcando hasta que un día se canse de jugar al fútbol.

Al contrario que contra el Deportivo, donde el Madrid fue remontado por dos errores individuales puntuales, no hay un jugador en particular al que señalar por los dos goles de Shibasaki. Fue una acumulación de fallos coral, de imprecisones y falta de atención, es decir, lo que a cualquier otro equipo ya le habría supuesto una derrota en cualquier momento, pero lo que a este Madrid de Zidane no le ocurre jamás. Al contrario, le suceden cosas buenas, como un remate al palo del contrario que parecía gol o como los rebotes que caen al delantero en posición correcta para marcar. Y no hay prórroga que se le resista.

No hubo minuto de Sergio Ramos esta vez, ya era mucho pedir. Cuando se acercaba el final, a cualquiera que haya estado atento a la actualidad deportiva del Madrid últimamente se le vino a la mente la posibilidad de que otra vez Ramos fuera decisivo. Quizá le pasó incluso al árbitro Sikazwe. Puede que no le apeteciera quitar al capitán blanco del partido sabiendo lo que podía hacer y por eso cuando Ramos hizo una falta de segunda amarilla, se hizo el loco buscando al infractor (al que tenía a un par de metros) y al no verlo, decidió dejar la acción sin amonestar. Qué feo hubiera sido expulsar al hombre que iba a levantar la copa... y qué justo, también hay que decirlo. Ahí estuvo, al final de una ceremonia de clausura abominable, el camero, en el centro de todos sus compañeros, levantando su tercer trofeo en siete meses. Y no será el último.

Ficha técnica

4- Real Madrid: Navas, Carvajal, Ramos (Nacho, m.108), Varane, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric (Kovacic, m.106); Lucas Vázquez (Isco, m.80), Cristiano Ronaldo (Morata, m.112) y Benzema.

2- Kashima Antlers: Sogahata; Nishi, Ueda, Shoji, Shuto; Endo (Ito, m.102), Shibasaki, Ogasawara (Fabricio, m.67), Nagaki (Akasaki, m.114); Kanazaki y Doi (Suzuki, m.88).

Goles: 1-0, m.9: Benzema. 1-1, m.44: Shibasaki. 1-2, m.52: Shibasaki. 2-2, m.60: Cristiano Ronaldo (p.). 3-2, m.98: Cristiano Ronaldo. 4-2, m.104: Cristiano Ronaldo.

Árbitro: Janny Sikazwe (ZAM). Amonestó a Sergio Ramos (m.55), Shuto (m.58), Fabricio (m.93), Casemiro (m.100) y Carvajal (m.102).

Incidencias: Partido correspondiente a la final del Mundial de Clubes Japón 2016 disputado en el estadio Internacional de Yokohama, ante 68.742 espectadores y con 10 grados de temperatura y un 82 % de humedad. El partido fue precedido de un minuto de silencio en memoria de las víctimas del accidente en Colombia del avión que trasladaba al equipo brasileño del Chapecoense.

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