ha generado casi 500 millones en plusvalías

​El futuro de Monchi, mago Merlín de Nervión, tiene en vilo a los sevillistas

Nadie como el director deportivo y todo su equipo de 'scouts' para fichar barato a un futbolista desconocido y triplicar su valor un par de años más tarde: el 'modelo SevillaFC'

Foto: Monchi levanta la última Europa League ganada por el Sevilla. (EFE)
Monchi levanta la última Europa League ganada por el Sevilla. (EFE)

Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, dijo el año pasado que se iba y los cimientos del viejo Nervión temblaron. Aquella bomba atómica en el corazón de los sevillistas resonó en la otra punta del planeta. Lógico, el Merlín nervionense ha hecho del Sevilla un club grande que gallea por Europa y que en la Liga aspira a ser algo más que simple comparsa. Pero todo pasa por Monchi, dicen los analistas. El mago de San Fernando no lo ve tan claro, y esa incertidumbre sobre su futuro tiene al sevillismo con las carnes abiertas.

Si Leo Messi, con un golpe de talento, puede resolver un partido, un chasquido de dedos (figurativo) del mago de los despachos eleva por mil las sonrisas de un club. Eso significa Monchi para el Sevilla. Desde que en 2001 asumiera el cargo de director deportivo, la entidad nervionense no ha hecho más que crecer y generar plusvalías por un valor aproximado de 500 millones de euros.

Nadie como Monchi y todo su equipo de 'scouts' para fichar barato a un futbolista desconocido y triplicar su valor un par de años más tarde. El 'modelo SevillaFC' (“vender para seguir creciendo”), estudiado en las universidades, se cimenta en torno a la figura del responsable máximo de la parcela deportiva blanca. Sin él nada sería igual, y esa circunstancia remueve las tripas en la entidad, cosquilleo que se deja sentir entre los aficionados del viejo club de Nervión, convencidos de que nadie es imprescindible en el fútbol… menos Monchi.

El pasado verano, con el hervor de la quinta Europa League lograda por el Sevilla, Unai Emery levantó la mano y se marchó al París Saint-Germain. Fue un golpe duro que rechinó los dientes en el club, pero pronto se zanjó el asunto con la llegada de Jorge Sampaoli. El intento de fuga de Monchi (pidiendo aire por tanto estrés acumulado durante los últimos tiempos) dejó a los sevillistas en estado de 'shock' y el club tuvo que intervenir de manera draconiana: o paga la cláusula (5,5 millones) o de aquí no se mueve ni el apuntador. Y Monchi, tras un par de días 'ausente', restableció los cables deportivos del club y se metió de lleno en la enésima remodelación del equipo, cuya guinda se llamó Nasri.

Monchi, en la presentación de Luciano Vietto como nuevo jugador del Sevilla y presidente del club, José Castro. (EFE)
Monchi, en la presentación de Luciano Vietto como nuevo jugador del Sevilla y presidente del club, José Castro. (EFE)

“Magníficos lugares para trabajar”

Ramón Rodríguez, francófono convencido (sabe francés perfectamente, se defiende con decencia en inglés, italiano y portugués), dejó entrever en algunas entrevistas a medios galos que su futuro podía pasar por trabajar en el país vecino, aunque nunca descartó Inglaterra o Italia. Al respecto, dijo hace poco: “Roma y París son magníficos lugares para trabajar”. Frases que retumban en Nervión como bombas en una tinaja.

Monchi, que no es sevillista de cuna y sí de corazón, es un hombre que jamás se ha movido por los impulsos económicos de los poderosos. En su día, su nombre quedó ligado al Real Madrid y al Barcelona, que le llenaron los oídos con una riada de millones. El director deportivo, empero, se maneja en otros conceptos más invisibles, como sentirse bien en el lugar, trabajar con absoluta independencia y abrir la ventana de su despacho sintiéndose plenamente libre. Todo eso lo ha sentido en el Sevilla. Y lo ha dicho hace bien poco, durante un homenaje que le brindó la peña sevillista de Huévar: “No vamos a perder el tiempo hablando de futuro. El presente es mucho más bonito. Estoy muy a gusto en mi casa, me quieren y no me voy a entretener en otras cosas porque el presente es lo que verdaderamente importa". Con la insignia de oro y brillantes en la solapa, Monchi rubricó categórico: “Estoy muy feliz de que mi familia, que es el sevillismo, representado por esta peña, me entregue el escudo de oro".

José Castro, presidente del Sevilla y amigo personal, dijo la semana pasada: “Monchi va a seguir muchos años en el Sevilla”. Pero sus palabras ya no se agarran a la pared con la consistencia del marco de la Gioconda, suena más bien a disparo al aire. El mago Merlín del Sevilla no quiere entrar en más discusión que no sean los movimientos que el club realizará en el mercado de invierno. Llegará un mínimo de dos jugadores. Dos nuevas joyas ocultas bajo la manga. Sin brindis al sol. Mirando a los sevillistas, aunque estos sigan con las carnes abiertas.

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