cuatro canteranos llevan el apellido zidane

Los pros y los contras de ser los hijos de una leyenda y entrenador del Real Madrid

Enzo (21 años), Luca (18), Theo (14) y Elyaz (11) conviven en la cantera del Madrid con el hecho de ser hijos de Zidane, de ahí que todo lo que hagan, lo bueno y lo malo, se magnifique

Foto: La familia Zidane Fernández al completo: Enzo, Véronique, Theo, Elyaz, Zinedine y Luca
La familia Zidane Fernández al completo: Enzo, Véronique, Theo, Elyaz, Zinedine y Luca

Una pieza del 'Daily Mirror' se recrea en el gol de un niño de 14 años al Navalmoral de la Mata. Juega en el filial del Real Madrid, sí, y el gol es bastante bonito si se tiene en cuenta que se trata de un cadete, pero, en realidad, el único motivo por el que ese vídeo tiene un espacio en un periódico de máxima tirada de Inglaterra es por el apellido del chaval que ha marcado. En la ficha federativa pone Theo Fernández, pero antes de eso, en su partida de nacimiento, hay un Zidane que le señala como hijo de Zinedine, actual entrenador del primer equipo y futbolista para la historia.

Algo parecido pasa con el portero del juvenil, Luca. Disputa con su equipo el torneo de jóvenes de la Champions, juega contra el Legia y encaja un gol con una cantada suya de aurora boreal, un fallo inexplicable. No es el primero en el que incurre, y eso que tiene fama de portero de mucho nivel, ya cuando era niño iba a selecciones autonómicas y se está asentando en el Castilla y es común verle en las categorías inferiores del combinado nacional francés. Tiene, a pesar de todo, dos o tres momentos en su carrera que le marcan con errores groseros. Fallos muy gordos que encontraron gran difusión por lo evidente del cante pero, sobre todo, porque Luca también se apellida Zidane. 

Enzo es el mayor de todos. Lleva el apellido del padre, el del mito, y ha pasado por casi todas las categorías del filial del Real Madrid hasta recalar en el Castilla, donde ya lleva unos años jugando. Es titular, aunque no termina de convencer a todos. Sus primeras temporadas en el segundo equipo blanco no fueron del todo sencillas, levantaba sospechas entre sus compañeros. Al fin y al cabo, el entrenador era el mito. 

Si se repasa la ficha que ofrece la web del Real Madrid se encuentra al joven Elyaz Fernández entre los jugadores. Con diez años juega en el alevín A, es pequeño y viene del Canillas, una de las típicas escuelas de las que se surte el equipo blanco para su cantera. En el espacio que le dedica el club al jugador se cuenta que es hermano de Theo, de Enzo y de Luca, pero se pasa por alto que hay una persona más de la familia en el entorno del club, ni más ni menos que el padre, Zinedine.

Enzo Zidane (Reuters)
Enzo Zidane (Reuters)

Estos niños, de 10 a 21 años, han tenido una experiencia que es imposible de trasladar a cualquier otro jugador de la cantera. Son juzgados por criterios diferentes a sus compañeros, por más injusto que sea. Casi desde que nacieron han estado cerca de la fama y el fútbol, que es lo que suele pasar cuando el progenitor es campeón del Mundo, de Europa, Balón de Oro y ha emocionado a cientos de miles de personas con controles, pases y goles. 

Para bien y para mal. Porque del mismo modo que han tenido muy fácil prácticamente todo saben que lo que hagan será escrutado más veces que a cualquiera de sus semejantes. Un ejemplo rápido, el pasado verano Luca y Enzo acudieron a la pretemporada del primer equipo. El mayor de los hermanos ya había ido la temporada anterior. Es posible que la lógica invite a llevarlos, uno es el portero del Castilla, el otro está más que asentado en el segundo equipo del Madrid. Y, sin embargo, llovieron titulares en los que se planteaba hasta qué punto su elección se debía a criterios exclusivamente deportivos y no al favoritismo propio de un padre con su hijo. 

En su carrera de blanco los niños han visto de todos, incluso algo tan extraño como que la FIFA les incluyese en el dossier sancionador al club por fichar menores extranjeros. Algo estrafalario si se tiene en cuenta que su padre vive en Madrid desde hace más de una década y que no hay que ser un lince para ver que Zinedine no se adapta a esas contrataciones de padres para llevarse a los hijos prometedores a una cantera. Él era el objetivo del club, el reclamo. 

Es difícil valorar cuál será el futuro de cada uno de los hijos de Zidane en el Real Madrid. Enzo puede llegar a debutar este año con la primera plantilla, ya lo hizo en pretemporada, aunque los informes sobre él aseguran que se tendrá que marchar en verano. Con los 21 años ya cumplidos no ha generado el suficiente ruido para pensar que tiene un sitio en uno de los equipos más grandes del universo futbolístico. Es probable que tenga que buscarse otros horizontes. 

Luca aún es joven y tiene cualidades muy buenas para un portero, por más que llame la atención por sus fallos enormes que, en otros casos, se atribuirían a la juventud y no a la ausencia de calidad. Es posible que el próximo año esté ya en el Castilla asentado, de titular incluso. De él se dice que será el futuro portero del Madrid. Algo similar pasa con Theo, el mediano. Con 14 años es señalado como uno de los mejores canteranos de la fábrica blanca. Juega de organizador, tiene un físico bien pertrechado para su edad y, además, es un buen goleador. Los que le han visto más cuentan que en él si se puede ver, claramente, el reflejo de Zinedine Zidane. En cuanto al pequeño, Elyaz, es demasiado niño aún para saber exactamente cuál será su devenir. 

Luca Zidane (Reuters)
Luca Zidane (Reuters)

Otros padres-hijos del deporte

Lo que sienten y piensan los hijos de Zidane sobre la influencia de su padre en su carrera es algo que solo saben ellos. Más que nada porque es algo muy difícil de replicar, las estrellas de ese brillo se cuentan con los dedos de una mano. Quizá el caso más parecido se dio en los 90, cuando Jordi Cruyff habitaba las categorías inferiores del Barcelona y apuntaba a buen jugador de fútbol. En la cúspide de la pirámide del club estaba su padre, el todopoderoso Johan, leyenda del club y reformador de la filosofía del mismo, un tótem inalcanzable. Jordi debutó en el primer equipo y tuvo minutos de juego, aunque más tarde se terminó marchando, quizá por la excesiva presión que el apellido ejercía sobre las valoraciones que se hacían de él. Su carrera no se truncó por ello, no en vano el siguiente paso que dio fue el Manchester United, uno de los clubes más grandes del mundo. 

A otro nivel hay más casos de entrenadores que dieron la alternativa a su vástago. No del nivel de magnificencia de Cruyff y Zidane, claro, pero sí algunos muy sonados. Les pasó a los Bradley en Estados Unidos. El padre, Bob, fue nombrado en 2006 cuando Michael aún era un jovencito prometedor. Le hizo debutar y la cosa no fue más, pues hoy el jugador de Toronto suma más de un centenar de internacionalidades.

En el balonmano español hay dos casos curiosos, reseñables. Por un lado está el caso de los Valero Rivera. El padre entrenador de larga carrera y centenares de títulos, el hijo, hoy, uno de los mejores jugadores del mundo. Para que se le empezasen a creer Valero hijo tuvo que salir de España y hacerse un nombre internacionalmente. Está por ver lo que pasará con Alex Dujshebaev, hijo de Talant, uno de los mejores jugadores de siempre que ya es habitual en la selección española y está, hasta el final, unido al apellido de su padre. Su hermano, Dani, también apunta maneras.

 Un caso más, curioso, es el de Doc y Austin Rivers. El primero, además de haber sido un muy sólido jugador de baloncesto, es uno de los entrenadores de mejor fama en la NBA. Hizo campeones a los Celtics en su día y fichó hace años por los Clippers a cambio de una ronda de draft, una de las primeras veces que pasaba en el baloncesto estadounidense. Fue drafteado con el número 10 por los Pelicans y, años después, en un traspaso, terminó en los Clippers. Allí se convirtió en el primer jugador en la historia de la liga estadounidense en ser entrenado por su padre. 

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