Las acusaciones de Roig ponen la sombra de la duda sobre el silencio de Marcelino
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dudó de la honradez del entrenador

Las acusaciones de Roig ponen la sombra de la duda sobre el silencio de Marcelino

El presidente del Villarreal dijo que uno de los motivos para prescindir del técnico fue la falta de honradez en el desenlace de la Liga. El técnico no responde por el momento a las acusaciones

placeholder Foto: Marcelino y Roig el día de la renovación del contrato del entrenador (EFE)
Marcelino y Roig el día de la renovación del contrato del entrenador (EFE)
Foto: Raúl Martín Presa (EFE)

20 minutos en coche separan Villaviciosa, el pueblo que vio nacer a Marcelino García Toral, de la Escuela de Fútbol del Mareo. Esa cercanía, que es casi una militancia, le hizo estar desde niño pegado a Gijón y al Sporting, el club de su infancia, del que era aficionado y que le forjó como un mediocampista con tendencia defensiva que basculaba bien a la derecha. Apuntaba maneras, tanto que llegó a jugar con la selección juvenil el Mundial de la Unión Soviética en 1985 en el que fue subcampeón.

Era un futbolista sólido y despuntaba, especialmente, por su inteligencia dentro del campo. Marcelino era un entrenador con botas y pantalones cortos. Y eso explica que en los banquillos haya ido subiendo como la espuma hasta ser uno de los técnicos más valorados: Lealtad, Sporting B, Sporting, Recreativo, Racing, Zaragoza, Sevilla -quizá el más amargo de sus destinos- y, por último, Villarreal. Deportivamente no hay queja en el último club, lo ascendió a Primera División y lo metió en Champions League. El final, abrupto, no es una cuestión de números.

Foto: Pato no pudo volver a marcar al Monaco (Guillaume Horcajuelo/EFE).

Durante años Marcelino recordará aquel 15 de mayo en el que a su equipo, el Villarreal, le tocaba viajar a Gijón con la salvación de su equipo de toda la vida en el alero. Tenía que ganar y esperar a que no lo hiciese el Getafe en Sevilla contra el Betis. Los amarillos llegaban con los objetivos cumplidos desde semanas antes, estaban metidos en posiciones de Liga de Campeones y habían alcanzado unas meritorias semifinales en la Europa League. También estaba al acecho el Rayo, que después de patinar en San Sebastián requería de un milagro para permanecer en la élite.

El Sporting, que se jugaba la vida, ganó. El Villarreal mostró cierta abulia, no jugaron varios de los titulares y se vieron a merced de un club que se jugaba mucho más. Tampoco gustaron las declaraciones previas de Marcelino en las que decía que le gustaría que se salvase el equipo de su infancia, ni los cambios, ni las sonrisas, ni un mensaje de la mujer del técnico en el que venía a decir que ellos habían cumplido su parte.

Indignación en Vallecas, que se hubiese salvado si los castellonenses hubiesen respondido, y sospechas en la Liga, que abrió una investigación sobre el tema. La institución lleva por bandera ser implacable en tiempos recientes con estas cuestiones, aunque haya casos, como el del Granada-Las Palmas, en el que hay indicios importantes y son tratados con sordina.

placeholder Abelardo, entrenador del Sporting, manteado el día de la salvación.
Abelardo, entrenador del Sporting, manteado el día de la salvación.

Dos meses tardó el despido

Pasaron semanas de aquello, que parecía una tormenta de verano como tantas otras -no se tiene constancia de una sola investigación de la Liga que haya culminado con éxito-, y Marcelino siguió ocupando con normalidad el puesto que le correspondía por contrato y que había refrendado a golpe de resultados. El Villarreal tenía el día 17 un compromiso crucial, la eliminatoria que marcaba una temporada entera pues superarla suponía entrar en la Champions, y eso es un empujón de prestigio y de dinero.

Foto: El Sporting posa junto al Trofeo Villa de Gijón. (Alberto Morante/EFE)

Solo siete días antes de ese partido contra el Mónaco el entrenador fue despedido. Marcelino no cumplirá su contrato con el Villarreal, que fue renovado solo unos meses antes. Fernando Roig, el arquitecto del club, había decidido que no siguiese más. No hubo al principio muchas explicaciones públicas, un escueto comunicado daba al técnico las gracias por su tiempo en el Villarreal y anunciaba que habría un nuevo entrenador que terminaría siendo Fran Escribá. Las informaciones periodísticas apuntaban a una bronca con varios jugadores como detonante de todo el lío. En El Confidencial se informó de que no había gustado aquella astracanada del final de liga. El club guardó silencio.

El Villarreal fue eliminado de la Champions y empató los dos primeros partidos de Liga, solo entonces se escuchó públicamente una explicación de su dirigente. "Siempre he defendido la honradez en el fútbol y no podía permitir circunstancias como las que ocurrieron a final de temporada", comentó Fernando Roig en un golpe directo al mentón de su exentrenador. La destitución, en todo caso, no se dio tras el partido, como sería lógico en la indignación por lo que se considera poco honrado, sino dos meses después. Y es que Roig aportaba más argumentos a la conversación: "Hace años ya ocurrieron problemas desde pretemporada y aquel año acabamos bajando a Segunda".

Foto: El gol de Alexandre Pato en El Madrigal mantiene vivo al Villarreal. (Domenech Castelló/EFE)

Marcelino no ha respondido, él tampoco es amigo de hablar demasiado. Este periódico ha intentado en varias ocasiones ponerse en contacto con él sin respuesta. La coyuntura ha sido aprovechada por el presidente del Rayo, Raúl Martín Presa, que se ve damnificado por todo aquello, para hacer un símil muy desafortunado entre el técnico y Andreas Lubitz, el piloto de Germanwings que estrelló en los Alpes su vuelo matando a 148 pasajeros. Concretamente decía que Fernando Roig no tenía culpa del mismo modo que los ejecutivos de Lufthansa no eran responsables de lo acontecido en aquella tragedia.

Hay un detalle en toda esta maraña que es importante aunque queda un poco enterrado entre declaraciones altisonantes, investigaciones e indignaciones. En ningún momento nadie ha hablado de dinero, es decir, las sospechas sobre el partido de marras no tienen como trasfondo lo que se entiende comúnmente como un amaño, lo que la ley sanciona como tal. Lo que pasó fue, dicen, una cuestión de afecto.

El nombre de Marcelino ha quedado manchado, quizá para siempre. El entrenador necesita explicarse, pues sobre él se ha puesto la sombra de la duda. Fernando Roig, si de verdad desconfió, debería haber sido más ágil y rápido en sus decisiones. Y la Liga, que aparece de fondo en todo el vodevil tendría que actuar con presteza si de verdad piensa que lo sucedido en El Molinón es punible. En todo esto, y más allá de quien tenga más o menos razón, quien no está ganando es la limpieza del fútbol.

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