La renovación de Neymar no zanja el ruido: ahora le toca renovar a Messi
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el brasileño cobra ahora más que el argentino

La renovación de Neymar no zanja el ruido: ahora le toca renovar a Messi

Neymar pasa a ser el mejor pagado, 25 millones de euros netos por temporada, y con prácticamente la cláusula de rescisión que tenía hasta ahora, que era de 190 millones

Foto: Neymar celebra su gol en la última final de la Copa del Rey (Juan Medina/Livepic/Reuters)
Neymar celebra su gol en la última final de la Copa del Rey (Juan Medina/Livepic/Reuters)

El culebrón de la renovación de Neymar se ha acabado. El FC Barcelona confirmó el viernes 1 de julio lo que ya había adelantado el propio jugador en las redes sociales: que seguirá en el Barça. Asunto resuelto. Y todos felices como perdices, ¿no? El jugador pasa a ser el mejor pagado, 25 millones de euros netos por temporada, y mantiene prácticamente la cláusula de rescisión que tenía hasta ahora, que era de 190 millones.

El Barcelona informó de que el primer año será de 200, el siguiente 222 y los tres restantes, 250. “Nunca ha habido ningún peligro de que Neymar se marchara”, aseguró Josep María Bartomeu en su maratoniana rueda de prensa del jueves. Y el problema es que no ha colado. Neymar sigue, sí, pero el PSG estuvo al acecho, le tentó, le hizo llegar una oferta a su padre, que se lo pensó. Y mientras, el director de fútbol, Raúl Sanllehí, estuvo nada menos que tres semanas en Brasil para conseguir cerrar una renovación que, según el presidente, era pan comido. El culebrón se ha acabado, pero da la sensación de que sólo por este verano.

Foto: Neymar renovación

Con los 200 millones de cláusula en el primer año, Neymar se asegura una salida si así lo quiere. Si el PSG estaba dispuesto a pagar este verano 190, es de lógica llegar a la conclusión de que el que viene podría volver a intentarlo porque 10 millones más no son precisamente una cifra disuasoria. Mientras, el brasileño será el que más cobre por ficha. Más incluso que Messi. Y al peligro de los cantos de sirena que le puedan llegar en forma de ofertas, el Barça tiene otro problema: el equilibrio dentro del equipo. En el delicado ecosistema de un vestuario es clave dejar claro quién es el rey, el jefe, la estrella. Y ese sigue siendo Leo Messi, que por el momento, y hasta que le vuelvan a mejorar el contrato como está previsto, ya sabe que Neymar está un escalón por encima suyo sin haber demostrado todavía la mitad. Neymar y Messi ya terminaron la temporada sin tanto ‘feeling’ como tenían al principio y la renovación del brasileño añade otro punto de tensión.

La apuesta del club por renovar, costase lo que costase, a Neymar no era descabellada. No hay dudas sobre la calidad del futbolista ni acerca de su poder mediático como gran estrella mundial. Y es joven, tiene 24 años, así que se supone que lo mejor está por llegar, pero el desgaste en este último año ha sido considerable en varios sentidos. Principalmente porque la imagen del Barça, que presume de ser 'més que un club' se ha visto embarrada y tendrá antecedentes penales en breve: en una semana se puede firmar el pacto con la Fiscalía por la que el club deberá abonar 5,5 millones de euros de multa después de que la Junta directiva lo aprobara. “No es una condena de por vida. De aquí a dos tres años estos antecedentes desaparecerán. Localmente ha habido mucho ruido, pero internacionalmente la imagen del Barça no se ha visto afectada en absoluto”, afirmó Bartomeu.

Ahora resulta que no es importante, ¡bah! sólo serán un par de años, en los que el Barça de los valores, el 'més que un club' tenga antecedentes penales. Para sostener la conclusión, Bartomeu echó mano de una encuesta del Observatori azulgrana en la que 6 de cada 10 socios encuestados le daban la razón. La encuesta se hace sobre una base de unos 1.200 socios, que es una muestra significativa, pero no deja de resultar llamativo el contraste entre el Barcelona que presume de virtudes éticas y la entidad que acepta tener antecedentes penales sin consultar siquiera con sus socios después de un largo tira y afloja en los juzgados que comenzó con un “llegaremos hasta el final” y concluyó con un “es el menor de los males”. Es de ingenuos pensar que el Barça, como club abierto siempre al debate, ha cerrado el tema, pim-pam, con el pacto con la Fiscalía. Ahí quedará, ahí seguirá y tiene toda la pinta de que ahí se enquistará.

La imagen de Neymar tampoco ha salido bien parada. Con el club en medio del huracán, sus mensajes en las redes sociales, su exposición pública con Justin Bieber, modelos y fiestas con champán en una piscina en Las Vegas han contribuido a afinar la fotografía que ya se tenía de él como un tipo frívolo, pisando el alambre del “a mí me da igual”. El brasileño es una marca, y como tal se comporta. Era necesario que se expusiera públicamente en Estados Unidos para abrir mercado y lo hizo sin miramientos, mientras el Barça pactaba con la Fiscalía, el PSG le ponía ojitos y él y su padre se dejaban querer. El comportamiento tendrá consecuencias si sobre el terreno de juego las cosas no funcionan, pero ya hay un elefante en la habitación que es difícil ignorar, y la sospecha de que Neymar no es el jugador más comprometido del mundo se ha instalado en el subconsciente culé. Y, como premio, es por ahora el mejor pagado. Más que Messi.

El culebrón ha concluido, sí. El 15 de julio Neymar estará en Barcelona para presentar públicamente su renovación, pero hay un ruido, un temblor como de avión despegando, que parece difícil que se apague sin más.

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