Carlo Ancelotti, un camaleón al que le falta un último guiño... el del Real Madrid
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ENTRÓ EN EL SALÓN DE LA FAMA ITALIANO

Carlo Ancelotti, un camaleón al que le falta un último guiño... el del Real Madrid

Carlo Ancelotti fue reconocido en su país e ingresó en el Hall of Fame del Calcio tras culminar un 2014 brillante. Es, de momento, el último premio que ha recibido

placeholder Foto: Carlo Ancelotti en el banquillo madridista.
Carlo Ancelotti en el banquillo madridista.

Fue sólo una anécdota, pero que habla perfectamente de la filosofía del personaje: la Federación Italiana de Fútbol nombró este lunes a Carlo Ancelotti nuevo miembro del Salón de la Fama del Calcio -un espacio encuadrado dentro del Museo de Fútbol que hay en Florencia-, y el técnico, como muestra de agradecimiento, entregó su camiseta de Italia 90 para dar más valor a las paredes de dicha galería. No tenía por qué pero entendió que era lo correcto. Un gesto conciliador que quizás algún día tenga continuación con un hipotético salto como seleccionador italiano. Y de la misma manera que tendió más puentes con su federación esta semana, diariamente lo hace con sus futbolistas, una de las claves para que haya ingresado en el Hall of Fame de su país merced al 2014 que realizó con el Real Madrid. Así entiende la vida y así lo expresa en el fútbol.

Parece complicado llevarse mal con el actual entrenador del Santiago Bernabéu. El pasado domingo dio y recibió el abrazo de dos de sus futbolistas -Benzema y Cristiano Ronaldo- y es común que sus pupilos le dediquen halagos, el último fue Iker Casillas. En la Juventus ya encandiló a Zinedine Zidane, en el Milan a Kaka, en el PSG terminó siendo casi íntimo de Ibrahimovic y en el Chelsea también tuvo de su lado a pesos pesados como Terry.

El diálogo, su labia, es una de las bases de este éxito. Su acertada psicología con los futbolistas se basa en enfocar la atención hacia los jugadores que forman el núcleo, y que mueve al grupo. Siempre cae bien, y de pie. Dieciséis años sobre el césped y sus -de momento- veinte en los banquillos le avalan para lograr el respeto de todos los vestuarios por los que ha pasado. Y no siempre ha trabajado con estrellas, empezó ascendiendo en Serie A a la Reggiana 1919 y su segundo paso lo dio con el Parma, a quien hizo subcampeón de liga. De ahí ya dio el salto a la Juve.

Es muy entrenador y poco director deportivo. Este discípulo de Arrigo Sacchi no hace una excelsa labor de scouting aconsejando al club en el que está qué jugador en concreto quiere. Su tarea en los fichajes se limita a precisar qué línea conviene reforzar y él, camaleónico, se adapta a la situación del club -no al contrario- para tratar de sacar el mayor rendimiento posible a la plantilla de la que dispone. "Un entrenador debe adaptarse a los jugadores que tiene. Ni en los grandes equipos puedes hacer lo que quieres. El entrenador debe perseguir transmitir a los jugadores lo que quiere. Me adapto a todo", reconoció este lunes.

En esta labor aprieta el botón de pause dentro de su carácter tranquilo y no le tiembla el pulso a la hora de tomar medidas frente a un mal síntoma. Que no exista mano dura no significa ausencia de exigencia, disciplina o responsabilidad. Aunque siempre prima el diálogo para solventar cualquier situación.

Después de la eliminación copera, la cabeza del vestuario gira más que nunca en torno a la Liga. Es el objetivo número uno. En este sentido, Ancelotti cerraría un círculo ya que ha conquistado las ligas de Italia, Inglaterra y Francia. Dicho fin no está peleado con la épica que supondría lograr dos Champions consecutivas (ya lo hizo como jugador en el Milan), su cuarta como entrenador.

El contrato de Ancelotti finaliza al final de la temporada que viene y aunque no hay firmado nada, la intención tanto del club como del entrenador es alargar dicho vínculo una temporada más. Supondría, además de un voto de confianza en el actual proyecto, el mejor guiño y reconocimiento por haber logrado el mejor año en la historia del Real Madrid. Quizás a la altura de todo un Hall of Fame.

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