el conflicto de kosovo fue clave

Albania soñó por un día porque la emigración le impidió hacerlo siempre

El conflicto de Kosovo obligó a muchos albaneses a emigrar a países como Suiza o Bélgica. Con ello salió claramente perjudicada la selección albanesa de fútbol

Foto: La selección de Albania celebra la gesta lograda ante Portugal (Reuters)
La selección de Albania celebra la gesta lograda ante Portugal (Reuters)

Con apenas 3 millones de habitantes, el pueblo albano se frotaba los ojos. Su selección de fútbol firmaba la página más brillante de su historia al ganar a Portugal como visitante en Alveiro. Nunca jugó una Eurocopa ni un Mundial, ni por el momento parece que vaya a hacerlo a pesar de su histórico triunfo. Albania tiene talento en su sangre si de fútbol hablamos, pero la emigración y, sobre todo, el conflicto de Kosovo, impidió que muchos talentos echaran raíces en su tierra. Hoy se aprovechan de ello otras selecciones.

Albania, a pesar del histórico triunfo, lo va a tener muy complicado para alcanzar la fase final de la Eurocopa de Francia 2016. Sobre todo, porque la emigración le ha dejado sin grandes talentos que adoptaron otras nacionalidades. Con ellos, la escuadra albanesa podría aspirar, por lo menos, a soñar con alcanzar altas alguna fase final. Por el momento, la empresa parece imposible de realizar, sobre todo porque hablamos de uno de los países más pobres de Europa y el fútbol también se resiente por ello.

El conflicto de Kosovo es, fundamentalmente, la raíz de todo. Serbios y albaneses consideraron dicho territorio como propio. Miles y miles de personas de sangre albanesa decidieron emigrar a otros países del centro de Europa -en especial Suiza- y las siguientes generaciones alumbraron futbolistas que por no haber vivido en su tierra, adoptaron como propia la de crianza. Y, por añadidura, la correspondiente selección. Algunos dudaron, pero lo cierto es que la mayoría, los mejores, no se subieron al barco albanés. 

El gran problema del fútbol en Albania es que muchos futbolistas que pudieron defender los colores de su selección, emigraron -o lo hicieron sus padre- y de esta manera muchos talentos defienden ahora otros equipos nacionales. El más claro ejemplo es el de Adnan Januzaj. El fino futbolista del Manchester United hubiera sido el indiscutible líder de Albania, pero tras meditarlo detenidamente -podía defender varias selecciones- se quedó con Bélgica.

Nacido en Bruselas, sus padres son albano-kosovares, mientras que sus abuelos son de Turquía y Serbia. Una extraña mezcla que le colocó en mitad de un ‘campo de tiro’. Tuvo la oportunidad de jugar con todas estas selecciones además de la inglesa. En el caso concreto de Albania, su seleccionador, el italiano Gianni de Biasi, manifestó su intención de contactar con el futbolista y su familia para reclutarle para su escuadra. Fracasó. Januzaj, finalmente, optó por Bélgica y ya formó parte del combinado nacional en el Mundial de Brasil.

Hoy a las órdenes de Michel en el Olympiakos, Pajtim Kasami también pudo jugar para Albania. Nacido en Macedonia pero con sangre albana, no se decidió a defender los colores de sus familiares y optó por Suiza, país en el que se crió. Así, Kasami defendió la camiseta de Suiza en los Juegos Olímpicos de Londres en 2012. No se trata de un gran talento, pero sí tiene un potencial superior a muchos de los jugadores que hoy en día juegan en la ‘mayor’ de Albania.

Un caso muy parecido al de Januzaj es el de Xherdan Shaqiri. Nació en Gnjilane, (Serbia) y sus orígenes, como en muchos casos de estos, son albano-kosovares. Sus progenitores acabaron emigrando a Suiza y su selección se aprovechó para captarle para su selección. El ahora futbolista del Bayern y gran estrella de su selección, en su momento se vio tentado por jugar para Albania, pero no dio el paso definitivo.

Curioso caso el de los hermanos Xhaka. Granit y Taulant han tomado caminos diferentes. Nacidos en Basilea pero de origen albano, uno decidió defender los colores de Suiza y otro los de Albania. Taulant, mediocampista de menos clase y con una carrera más pobre que la de su hermano, ha decidido echar mano de la doble nacionalidad y fue protagonista en el histórico Portugal-Albania del pasado domingo. Granit, por su parte, tiene un nivel futbolístico superior y por ello Suiza le captó hace mucho, siendo uno de los elegidos para disputar el Mundial de Brasil. Juega en el Borussia Mönchengladbach, uno de los clubes punteros de la Bundelisga.

Valon Behrami nació en Kosovo, pero también podía haber jugado con Albania porque sus raíces así lo dictan. Su familia era de etnia albanesa, pero la situación económica y política en Kosovo era tan inestable que emigraron a Suiza. El pequeño se crió en un pequeño pueblo helvético y acabó siendo captado por la Federación Suiza de Fútbol. Ya ha disputado tres mundiales. Un centrocampista de nivel -juega en el Hamburgo- que buen servicio ha podido dar a la débil Albania. Hay muchos más casos, como Blerin Dzemaili, mediocampista del Galatasaray nacido en Macedonia pero con sangre albana. Otro ejemplo es Admir Mehmedi, atacante del Friburgo que también terminó jugando en Suiza y defendiendo su bandera nacional. 

La Superliga de Albania o Kategoria Superiore apenas cuenta con futbolistas de calidad. Se trata de una de las competiciones domésticas de menos nivel en Europa, pues prácticamente todos los jugadores que habitualmente son citados por la selección actúan en el extranjero. Bekim Balaj, el ídolo nacional tras marcar el gol del triunfo ante Portugal, juega en el Slavia de Praga de la máxima categoría de Chequia. A día de hoy, ningún futbolista que juega para la selección albana es muy reconocido a nivel internacional. Alguno actúa en algún club de cierta relevancia, pero con un papel menor...

En Albania todavía se frotan los ojos. Mientras en Portugal se habla unánimemente de vergüenza, los albaneses aún no se creen la gesta lograda. Asombro general en todo el país. Los principales medios del país reservaron la 'tapa' del lunes para destacar el triunfo de su seleción. Hasta el Armand Duka, presidente de la Asociación de Fútbol de Albania, reconoció que "no creía en la posibilidad de una victoria. Antes del partido me hubiera conformado con un empate". Mientras, Edi Rama, Primer Ministro del país, daba rienda suelta a su entusiasmo en su cuenta de Twitter, reconociendo que "lo bonito es que parecían hijos de Mourinho en su patria: ellos atacaban y nosotros ganamos, ellos golpeaban la puerta, pero nosotros ganamos los puntos".

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