Carlo Ancelotti es 'maldito' para el Sevilla
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segunda final europea perdida ante el italiano

Carlo Ancelotti es 'maldito' para el Sevilla

Como ocurriera en la Supercopa de Europa de 2007, el conjunto hispalense pierde su segunda final europea ante un equipo dirigido por el italiano

placeholder Foto: Los jugadores del Sevilla con gesto contrariado tras perder la Supercopa de Europa ante el Real Madrid.
Los jugadores del Sevilla con gesto contrariado tras perder la Supercopa de Europa ante el Real Madrid.

Le faltó fútbol y claridad de ideas a un Sevilla que se vio superado por el instinto asesino del Real Madrid (2-0). Los blancos arrancan el curso levantando la Supercopa de Europa, un título que se leresistía desde 2002. Por su parte, el Sevilla pierde la segunda de sus seis finales continentales (tres Europa League y tres Supercopas de Europa) disputadas hasta la fecha. Curiosamente, como ocurriera en el verano de 2007 cuando cayó ante el Milan (3-1), el equipo andaluz entregó la cucharaante un equipo dirigido por el italiano Carlo Ancelotti, el auténtico verdugo de los sevillistas en el Viejo Continente. Pese al tropiezo, más allá de las lágrimas de un emocionado Alberto Moreno en su despedida como jugador del Sevilla, el conjunto hispalense se va de Cardiff con la mirada alta y con un buen sabor de boca.

No muchos equipos ostentan el honor de haber disputado diez finales en nueve años. Enfrente, como comentó el portero Beto con cierta resignación a la conclusión del choque, enfrente estuvo uno de los mejores equipos del mundo. Todo empezó en la temporada 2005/2006, año del centenario del club, con Juande Ramos como timonel de la nave de Nervión. En su tercer año consecutivo certificando su pase para jugar la UEFA llegó una final inmaculada ante el Middlesbrough (4-0) que llevó hasta orillas del Guadalquivir el primer título europeo de su historia, la primera alegría en sesenta años. Un partido que muy probablemente no hubiera tenido lugar de no ser por el gol que el difunto Antonio Puerta consiguió en la vuelta de las semifinales ante el Schalke 04. Se abría una época de vino y rosas que trajo cinco títulos en apenas 15 meses.

El curso siguiente (2006/2007), el que hasta ahora ha sido el año más prolífico de su historia, arrancó con una incontestable victoria en la Supercopa de Europa ante el Barcelona (3-0) en el Estadio Luis II de Mónaco. Y el Viejo Contienente demostró seguir siendo un feudo inexpugnable para los sevillistas y, como quien no quiere la cosa, se plantaron en su segunda final consecutiva de la UEFA. Se jugó en Glasgow ante el Espanyol. Un encuentro vibrante con tintes épicos. La lluvia, el dolor y el empaque de ambos equipos nos dejaron con un partido histórico que se decidió desde los 11 metros. En la muerte súbita, un nombre y un apellido: Andrés Palop. El meta se erigió en héroe de la cita tras detener los lanzamientos de Luis García, Jonatas y Torrejón. Con la reedición del cetro europeo, el conjunto sevillano se convertía en el segundo equipo en en revalidar la UEFA después de que lo hiciera el Real Madrid en la década de los ochenta (1985 y 1986).

Para rematar la faena, los pupilos de Juande Ramos aprovecharon la eliminación de los grandes y ganó la Copa del Rey al superar al Getafe en la final (1-0). En Liga, tercera plaza, billete para la Champions. Un exitoso brebaje que sirvió para ser condecorado como mejor equipo del mundo. Aunque el Sevilla tuvo que esperar 45 años para vengar la derrota frente al Real Madrid (2-1) en la final de la Copa del Generalísimo de 1962, su revancha fue apoteósica y vino con los intereses de demora incluidos.Ocurrió en la Supercopa de España de 2007. Con Schuster en el banquillo sustituyendo a un Fabio Capello que se despedía de Chamartín tras ganar el título de Liga en su segunda etapa en el equipo, los blancos se llevaron un soberano rapapolvo.

En la ida, disputada como marcan los cánones en el equipo ganador del torneo del KO, el Sevilla se impuso por 1-0 gracias a un tanto del brasileño Luis Fabiano. Ocho días después, la parroquia merengue acudía al Bernabéu con el mentón alto, confiados de que la empresa era pan comido. Pero en un encuentro loco, el cuadro andaluz endosaba un contundente 3-5 que enmudeció el templo madridista. Un triunfo que suponía la guinda al pastel de un equipo que en 466 días había sumado cinco títulos. Un momento dulce que sirvió para moldear al mejor Sevilla de la historia.

En medio de la nube llegó la trágica muerte de Antonio Puerta, un golpe devastador. Tres días después, el equipo tuvo que jugar la Supercopa de Europa ante el Milan de Ancelotti (3-1). Con Juande Ramos rumbo al Tottenham, y las ventas de Keita, Alves y Poulsen, Manolo Jiménez tuvo que enderezar el rumbo. Con un nuevo tercer puesto en Liga, ya en la temporada 2009/2010 llegó la segunda Copa del Rey en cuatros. 2-0 en el Camp Nou ante el Atlético dde Madrid con goles de Capal y Navas, dos cuchillos por la banda. El verano de 2010 supuso los últimos coletazos de un Sevilla que había tocado techo. La derrota en la Supercopa de España ante el Barcelona de Guardiola (5-3, tras ganar 3-1 en la ida) marcó un punto de inflexión, la entrada en barrena de un equipo que abría un periodo de reflexión. Era la segunda debacle en ocho finales disputadas.

Tras tres campañas en el dique seco, entregando efectivos al mejor postor y captando la atención por turbios asuntos extradeportivos, el Sevilla se reencontró con el triunfo el pasado curso. Con una Liga de tres inabordable para el resto de equipos, desde el barrio de Nervión se encontraron con una inopinada alegría en la Europa League. Aunque tiene un final feliz, la emoción fue la nota predominante en el camino hacia el título. Tras sortear como primeros de grupo la primera fase del torneo, llegó el Maribor esloveno para poner las cosas complicadas en dieciseisavos (4-3 en el global). Caprichos del destino, el Betis, agonizando como colista en la competición doméstica, se presentó en octavos para dejarnos el primer derbi sevillano en Europa.

Dos encuentros vibrantes que tuvieron que resolverse en la tanda de penalits tras el 2-2 en el global de la eliminatoria. En cuartos, un Oporto apático concedió una pequeña tregua (5-1) antes de la traca final. En semifinales aguardaba el Valencia. El 2-0 de la ida daba tranquilidad al equipo de Emery que llegaba a su antigua casa con ganas de certificar el pase a la final. Una autocomplacencia que el Valencia de Pizzi aprovechó para, sin prisa pero sin pausa, remar contracorriente y ponerse con 3-0 en el luminoso en el minuto 94 de partido. Entonces se obró el milagro. Con Mestalla mirando con recelo al césped, un portentoso saque de banda desde la derecha fue prolongado con la testa por Fazio. El balón siguió su trayectoria hacia la portería hasta encontrar la cabeza del camerunés M’Bia que impulsó el balón al fondo de la red. Fuera de sí, Emery corrió como si de un relevista jamaicano se tratara. No era para menos. La final en el Juventus Stadium de Turín ante el Oporto no dio para mucho. La decidieron el temple de Bacca, Coke, M’Bia y Gameiro desde el punto de penalti y las oportunas paradas de Beto bajo palos. Sosa en lo futbolístico, sirvió para devolver una sonrisa al sevillismo. Una entregada afición que, tras la derrota en Cardiff, vuelve a torcer el gesto.

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