Fallece Boskov, el entrenador que no pudo ganar la 'Séptima' Copa de Europa
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a los 82 años de edad

Fallece Boskov, el entrenador que no pudo ganar la 'Séptima' Copa de Europa

El serbio fallece a los 82 años tras una carrera en la que entrenó al Real Madrid, Zaragoza y Sporting y que triunfó en la Sampdoria, donde ganó cinco títulos

Foto: Boskov, en su última etapa como seleccionador de Yugoslavia (Imago).
Boskov, en su última etapa como seleccionador de Yugoslavia (Imago).

La semana que terminaba este domingo no podía haber sido peor para el mundo del fútbol. Si el viernes se nos iba Tito Vilanova, un técnico que tenía toda su carrera por delante, dos días después lo hizo otro entrenador que vivió todos sus 82 años por y para el fútbol. Vujadin Boskov falleció y deja al balompié huérfano de uno de los preparadores más carismáticos de finales del siglo XX, que vivió en España buena parte de su carrera pero se fue de nuestro país sin llegar a dominar, por decirlo suavemente, el castellano y gracias a ello nos dejó varias frases que han pasado a los anales del deporte rey gracias a la lógica aplastante que aplicaba.

El Real Madrid fichó a Boskov cuando todo el madridismo lloraba aún el reciente fallecimiento de Santiago Bernabéu. La fuerza que había construido el Madrid moderno se apagó y Luis de Carlos creyó necesario dar una vuelta de tuerca al equipo merengue. Pensó en el yugoslavo había salvado del descenso al Real Zaragoza, en la que fue su primera experiencia en España. Fue ese año cuando Boskov acuñó la mítica frase “fútbol es fútbol”. Luis Molowny era entrenador teóricamente interino, pero permaneció en el puesto casi dos años, ganando la Liga en 1978 y 1979. Sin embargo llegó Boskov para tratar de seguir con la estela de triunfos del Real Madrid en los 70, pero con la obligación de aspirar a algo más en Europa, donde hacía trece años que los blancos no triunfaban.

Boskov llegó a Concha Espina y con él llegó Laurie Cunningham como el fichaje estrella de un equipo ya muy potente capitaneado por Pirri. Fue un año feliz para todos en el Real Madrid tras la consecución del doblete con la Copa del Rey y la Liga. Sin embargo, quedó la espina clavada de la semifinal de la Copa de Europa. En semifinales, el Hamburgo privó al Madrid de jugar la final en el Bernabéu contra el Nottingham Forest. La capacidad de motivación de Boskov, una de sus principales cualidades, no sirvió en ese encuentro de vuelta en Alemania, donde cayó por 5-1. Eso sí, en las anteriores dos rondas el Madrid remontó a Oporto y Celtic en casa, en lo que es una clara demostración de las cualidades psicológicas del serbio.

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Todo cambió al año siguiente. En 1981, el Real Madrid perdió en el último segundo una Liga que tenía ganada, pero poco importaba porque la Séptima nunca estuvo tan cerca. Superaron al Inter en semis y viajaron a París para enfrentarse al gran Liverpool de Ian Rush y Kenny Dalglish. Ese día, Boskov perdió la primera de las dos finales de Copa de Europa en las que caería en su carrera y el Real Madrid tuvo que esperar 17 años más para ganar su siguiente Champions.

Ese otro partido por el máximo título europeo lo disputó once temporadas después. Abandonó el Madrid con la Copa del 82 en la maleta y se marchó al Sporting de Gijón donde estuvo dos temporadas antes de instalarse casi definitivamente en Italia. Entrenó al Ascoli, siendo uno de esos entrenadores míticos al que no se le caen los anillos por entrenar en segunda, como ya hiciera Brian Clough, que pasó de ganar la First Division con el Leicester a entrenar al Brighton en la Second Division. Ascendió con el Ascoli a la Serie A y le sirvió para dar el salto a la Sampdoria. No era un gran salto, porque el club genovés siempre ha sido un equipo de media tabla, pero con Boskov cambió su fisionomía y se convirtió en un grande italiano. De los siete títulos que adornan el palmarés blucerchiato, seis los consiguió con el serbio al mando.

Fue Boskov el que perfeccionó a la Sampdoria que había sido campeona de la Coppa Italia en el 85. Consiguió fichar a Gianluca Pagliuca para la portería y con él en el cargo alcanzaron su cima futbolística dos de los mejores delanteros italianos de los últimos 30 años: Gianluca Vialli y Roberto Mancini. Alcanzaron el primer Scudetto de la historia blucerchiatta superando a los gigantes de Milán sólo un año después de ganar el único título europeo de la Samp, la Recopa de Europa del año 1991. Pero se habría quedado pequeño ese éxito si el disparo de Ronald Koeman no hubiese dado la Copa de Europa al Barcelona en Wembley. El fútbol le quitaba a Boskov lo que se había ganado en el campo por segunda vez.

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“Para mí era como un padre, estoy realmente compungido”. Son palabras de un compatriota que llegó al gran fútbol de la mano de Boskov. Siniša Mihajlović, actual entrenador de la Sampdoria, fichó por la Roma cuando Vujadin Boskov aterrizó en la capital italiana y eleva a su mentor al cénit del fútbol al decir que “era único, inimitable, una leyenda”. Estuvo sólo un año Boskov en el Olímpico porque los resultados no le acompañaron. No se fue de Italia a pesar de estar un año sin trabajo porque le reclamó el Nápoles, donde tampoco consiguió acercarse al gran nivel mostrado en Génova.

Volvió a Suiza, donde había jugado sus últimos años en activo (estuvo en el Zúrich), y entrenó durante un año al Servette antes de volver a la Sampdoria y terminar su carrera en clubes con el Perugia. Su penúltimo partido como entrenador fue la tercera jornada de la fase de grupos de la Eurocopa 2000. Se enfrentaba a España y ganaba 3-2 a falta del descuento. Un penalti marcado por Mendieta y aquel legendario tanto de Alfonso metían a la Roja en cuartos. Boskov se clasificó como segundo, pero Holanda le brindó una dolorosa despedida, al vencer a Yugoslavia por 6-1.

Ese día se acababa la carrera del Boskov entrenador, una trayectoria de altibajos con enormes triunfos en Italia y grandes éxitos en España, regados todos ellos con sus míticas frases. “El fútbol es imprevisible porque todos los partidos empiezan cero a cero”, dijo Boskov, que asumía que “ganar es mejor que empatar y empatar es mejor que perder” y claro que “es mejor perder un partido por nueve goles que nueve partidos por un gol”. Esos partidos se podían decidir desde la pena máxima, porque “penalti es cuando lo pita el árbitro” y si las cosas van mal, “cuanto más lo complicas, empeora”. Se apaga un mito del fútbol, un deporte que amaba y que “engancha porque es simple y es bello porque es sencillo”. Eso sí, “lo fundamental es ganar y se acabó”.

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