EL CULÉ VOLVIÓ A LLAMAR LA ATENCIÓN POR SU TRAJE

El lloro de CR7 y la enhorabuena de Messi, lo único sincero en la hipocresía de FIFA

Las sinceras lágrimas de Cristiano, convirtieron en real a una gala de la FIFA que muestra la hipocresía en la que en ocasiones está envuelto el fútbol de primer nivel

Foto: Cristiano Ronaldo, emocionado tras recibir el Balón de Oro (Reuters).
Cristiano Ronaldo, emocionado tras recibir el Balón de Oro (Reuters).

Las sinceras lágrimas de Cristiano Ronaldo, la dedicatoria a sus compañeros en el Real Madrid y la selección portuguesa, junto con la posterior enhorabuena del 'perdedor' Leo Messi, convirtieron en real una gala que dejó ver la hipocresía en la que en ocasiones está envuelto el fútbol. Si bien los derrotados, Messi y Ribéry, reconocieron el triunfo del madridista, sí daba la impresión de que se marcharon contrariados porque piensan que ellos también se lo merecían.

Aunque en definitiva, el argentino pareció que acabó tomándoselo con deportividad, y admitió que, aunque le "hubiera gustado ganarlo", no tenía "nada que reprochar" porque el luso "había hecho méritos" para llevarse el galardón. (Vea las mejores imágenes de la gala)

Cristiano Ronaldo era el protagonista. La metedura de pata de Blatter ante unos estudiantes, imitando al portugués, le elevó a esa condición, ratificada con el recuerdo que se lleva a su casa de La Finca. Por ese motivo el presidente de FIFA llamó a CR7 en los primeros días de enero para pedir perdón por el gesto hecho semanas atrás, tal y como adelantó TVE, medio de broma, medio de mofa. Blatter necesitaba el perdón del madridista. Lo encontró vía teléfono, pero lo quería ratificar en persona, antes de la gala. Quería evitar un frío reencuentro con el Balón de Oro de por medio, circunstancia que sucedió en el hotel Hyatt. Era el abrazo del arrepentimiento y el del perdón bañado en púrpura.

Ronaldo sabía que era su día. El portugués llegó a Zúrich como quería, acompañado de su hijo, de su novia Irina, de su madre y de sus hermanas, pero además a su lado estaba una persona con la que ha mantenido sus diferencias, pero que ahora mismo se ha convertido en su cómplice. Hablamos de Florentino Pérez, al que echó de menos en anteriores citas y que ayer no faltó. 

El presidente del Real Madrid sabe que CR7 se ha convertido en la franquicia del club y en el santo y seña de su mandato, y por eso ha provocado que la relación se vuelva algo más que cordial. Ronaldo es el capitán de facto y el madridismo espera que, ya con el segundo Balón de Oro en sus manos, lleve al equipo blanco a la conquista de títulos. Florentino lo sabe y por eso convirtió al portugués en el mejor pagado y aseguró su futuro blanco hasta el 30 de junio de 2018.

La historia se repite. Durante todo el año, unos y otros ponen a parir a la FIFA. Unos se quejan por los partidos que les hacen jugar, por tener que disputar encuentros del Mundial a la una de la tarde y a treinta grados centígrados. Otros, por tener que ceder a sus millonarios fichajes para partidos amistosos sin sustancia alguna al otro lado del mundo. Hablamos de los jugadores y de los presidentes de los clubes. Pues bien, ahí estaban todos, en la gala del Balón de Oro, con el comandante Blatter de anfitrión, deseando hacer las paces con Cristiano Ronaldo con el premio de mejor jugador del mundo de 2013 como recompensa. 

Nadie, a excepción de Alex Ferguson este año y Mourinho el pasado, se quiso perder el glamour y la alfombra roja que la FIFA coloca en el centro de Zúrich. Estar en la gala significa ser alguien en el mundo del fútbol y pese a que se trata de un deporte de equipo, el ego y el triunfo personal es algo que buscan los jugadores y que en cierta manera es fomentado desde los medios de comunicación.

Dejarse ver en la ciudad suiza puede significar un nuevo contrato, subir un escalón más y, sobre todo, ser más respetado y admirado. Es un día para lucirse. Y alguno se lo tomó al pie de la letra, tal y como refleja el atrevido traje color burdeos que Leo Messi quiso mostrar a todo el mundo y que le llevó a merecer algo más que un simple Balón de Oro. 

El hotel Hyatt sirvió para multitud de encuentros en las horas previas a la gala. El mundo del fútbol estaba allí presente y cualquier rincón, cualquier sillón o mesa valía para formalizar una cumbre, reunión o como lo quiera usted llamar. La presencia de Gündogan, objetivo de Real Madrid y Barcelona, con Pérez y Rosell de por medio, fue centro de todo tipo de rumores. 

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