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El fatal error de la Fórmula 1 y las marcas de coches: no escuchar a su verdadero cliente
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SE AVECINAN CAMBIOS PRONTO

El fatal error de la Fórmula 1 y las marcas de coches: no escuchar a su verdadero cliente

Hay una triste coincidencia de crisis entre el nuevo reglamento redactado por la FIA y la industria europea del automóvil: el riesgo de confundir deseos con realidades

Foto: Salida de la carrera al sprint del pasado Gran Premio de China. (Europa Press/Alberto Vimercati)
Salida de la carrera al sprint del pasado Gran Premio de China. (Europa Press/Alberto Vimercati)

No hay mañana que no desayunemos con una noticia catastrófica del sector del automóvil y su apuesta por la electrificación. No es nada casual que esta sucesión de graves errores estratégicos coincida con la entrada del reglamento que ha provocado mayor rechazo en la historia de la Fórmula 1. En ambas situaciones parece subyacer el mismo problema: que los legisladores y jefes de las marcas se han escuchado a sí mismos y han ignorado a sus clientes, usuarios y aficionados.

Honda anunció hace apenas unos días que cancela el lanzamiento de tres vehículos eléctricos y anuncia pérdidas por valor 15.700 millones a cuenta de la cancelación del programa de electrificación de su gama. La marca japonesa es el penúltimo fabricante de automóviles que se ve obligada a realizar un radical reajuste estratégico. La realidad del mercado ha puesto de manifiesto el tremendo error de cálculo que supuso sobreestimar de una manera tan descomunal la demanda de vehículos eléctricos.

Sólo el tiempo dirá si la propulsión eléctrica a baterías será la tecnología omnipresente en la movilidad a nivel mundial. Si los legisladores y directivos de empresas hubieran tenido mayor contacto con la calle, habrían desarrollado un enfoque de electrificación mas equilibrado y desde luego más progresivo. Es significativo que Toyota, la gran criticada durante todos estos años por su reticencia a la electrificación total, sea la marca que goce de mayor salud en la actualidad como constructor número uno a nivel mundial.

placeholder Honda está pasando por malos momentos. (AFP7)
Honda está pasando por malos momentos. (AFP7)

La receta del éxito de Toyota fue simple: construir los coches que necesiten los cliente en lugar de obligarlos a tener uno concreto. El tiro en el pie que se ha dado la Unión Europea al llevar a su industria automovilística al abismo será recordado como uno de los errores históricos mas catastróficos de los legisladores en Bruselas. Ahora bien, no sería justo cargar todo el mochuelo sobre la clase política, porque los directivos de las empresas automovilísticas del continente son igual de culpables.

Errores graves de cálculo

En los despachos del grupo Volkswagen, de Stellantis, de Renault, de BMW, Mercedes... se frotaron las manos. Creían que iban a vender gracias a la imposiciones de los reguladores de la Unión Europea. Ahora resulta algo hipócrita ponerse en el papel de vícitma, cuando, en realidad, fueron cómplices necesarios en la aprobación de unas draconianas medidas. Fue su codicia, su desdén hacia las necesidades reales de sus clientes y la subestimación a la industria China, la base de su error de cálculo.

Honda, al igual que Audi, exigían un 59% de propulsión electrica para apuntarse a la nueva Fórmula 1 que comenzaba este año. Es el estilo habitualmente caprichoso de las marcas de coches. Mal por ellos, pero también por el regulador al no escuchar la voz de los pilotos y sobre todo, de los aficionados. Ojo, Mercedes, Ferrari, Ford y Cadillac también tienen buena parte de culpa, porque la aprobación del reglamento técnico exige unanimidad por parte de todos los equipos.

Hay sentimientos encontrados en la ardua relación entre el poder federativo y las marcas de coches. Por un lado, fastidia la sumisión del regulador a las exigencias de los constructores. Por otro lado, hay que entender que, en un deporte como el automovilismo, enfrentarte con la industria que te financia no es muy inteligente. Sin embargo, ahí está el ejemplo de Carmelo Ezpeleta, que en el motociclismo ha demostrado saber alternar mano izquierda y firmeza con las marcas.

Detrás del indudable éxito de contar en la Fórmula 1 actual con Mercedes, Honda, Audi, Ferrari, Cadillac y Ford hay que tener mucho cuidado. Si la tecnología de los actuales motores no es relevante para los coches que quieren vender en el futuro, darán carpetazo de la noche a la mañana. No lo duden. Renault, es el primer aviso, pero vendrán más. Pero hay otro riesgo peor aún: que los aficionados den la espalda al deporte en uno de los momentos más esplendorosos a nivel de números de su historia.

Equilibrio entre negocio y deporte

Un reglamento tiene que ceder espacio a tecnología relevante para los futuros coches de calle, pero también debe ser fiel a su significado como competición. Nunca se debe de olvidar que también te debes a los aficionados. Cuando el fiel de la balanza se inclina demasiado a lo que exige la industria, la historia nos demuestra que el riesgo para el deporte es muy alto. Los aficionados siempre están ahí, pero la presencia de una marca en la parrilla hemos visto demasiadas veces que puede desaparecer de un día para otro.

En todos los cambios reglamentarios ha habido controversia en sus inicios y el presente no iba a ser una excepción. Por descontado, los ingenieros siempre van a encontrar soluciones a todo lo que chirría demasiado en las nuevas normativas técnicas. Pero la situación actual que tanto malestar ha generado entre pilotos y aficionados no se va a solucionar con pequeños ajustes, sino con cambios muy significativos. Y no dudemos que los habrá.

Foto: fernando-alonso-vuelta-20-no-sentia-manos-pies

Mal harán equipos, constructores y federativos en echarse los trastos a la cabeza buscando ahora un culpable, porque en el desaguisado son todos responsables en mayor o menor medida. Es dificil que llegue a un acuerdo unánime un grupo de gente que "es incapaz de ponerse de acuerdo en la hora y el día de reunirse" (Bernie Ecclestone). Es obvio es que esta legislación tiene fecha de caducidad apenas comenzada su singladura. Si el mercado del automóvil marca otro rumbo, el deporte tendrá que seguirlo.

MotoGP va a cumplir en 2027, tres años antes de lo previsto, el objetivo de emisiones cero a base de sus nuevos motores propulsados por combustibles sintéticos libres de emisiones nocivas. No sin cierta razón, puede verse en esta solución un atajo al no ser escalable en precio ese tipo de combustible para el usuario de a pie. Pero el objetivo inicial de momento está cumplido, sin necesidad de robar al aficionado la emoción de ver a Marc Márquez y Pedro Acosta jugarse a cuchillo una posición sin artificios. Marcas y reguladores deben asumir que, cuando el clamor en contra de sus decisiones es muy mayoritario, es muy peligroso enrocarte creyendo tener la razón.

No hay mañana que no desayunemos con una noticia catastrófica del sector del automóvil y su apuesta por la electrificación. No es nada casual que esta sucesión de graves errores estratégicos coincida con la entrada del reglamento que ha provocado mayor rechazo en la historia de la Fórmula 1. En ambas situaciones parece subyacer el mismo problema: que los legisladores y jefes de las marcas se han escuchado a sí mismos y han ignorado a sus clientes, usuarios y aficionados.

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