Los riesgos a futuro para Red Bull, ahora que Max Verstappen es su verdadero y único jefe
No era ningún secreto que el equipo angloaustriaco de F1 giraba alrededor del piloto neerlandés, pero ahora su poder es absoluto. Una situación que encierra mucho riesgo
Verstappen, en el podio final de la temporada. (AFP)
Es un tema muy recurrente estos días tras la destitución de Xabi Alonso del Real Madrid: los riesgos que encierra que las estrellas de un equipo estén por encima de la institución para la que trabajan. No es nada nuevo en el mundo del fútbol, ni por supuesto tampoco en el de la Fórmula 1. Cuando una gran figura extiende su poder más allá de su estricto ámbito, las consecuencias a corto pueden resultar beneficiosas, pero a largo plazo son muy destructivas. La situación actual de Red Bull es un caso de libro.
Gracias a las declaraciones deCheco Pérez este invierno, hemos conocido hasta qué punto Red Bull era un equipo que vivía por y para Max Verstappen. La frase que atribuía a Christian Horner de que "corrían dos coches por pura necesidad", no es un desahogo a destiempo o excusa a un bajo rendimiento por parte del mexicano. Es obvio que si pilotos de gran nivel, como Pierre Gasly oAlex Albon, brillan fuera de ese equipo y parecen amateurs cuando están dentro de él, es que la ley MV3 impera en ese territorio.
No es ninguna minusvaloración a los méritos de Verstappen destacar que, en Red Bull, el segundo piloto es un mero instrumento al servicio de su mayor gloria. Tampoco es que sea algo nuevo en la historia de la Fórmula 1. Michael Schumacher era el mejor piloto de su era, al igual que Max probablemente lo sea hoy en día. Lehto, Verstappen Sr., Irvine o Barrichello sufrieron en sus carnes lo mismo que sufren los segundos pilotos del equipo de Milton Keynes. Es una filosofía tan respetable como la de jugársela a que gane el mejor.
Pero ahora que hablamos del ejemplo de Michael Schumacher y segundos pilotos, la herida por la que respirará de por vida Jos Verstappen, es bueno recordar los riesgos de depender en exceso de una megaestrella. Los sufrimientos del Fútbol Club Barcelonaen la era post-Messi son similares a los sufridos por Ferrari en la época post-Kaiser y no digamos ya de Benetton, que nunca volvió a levantar cabeza hasta que años después fue comprado por Renault y tuvo a Fernando Alonso en sus filas.
Esta es la nueva decoración de la nueva era de Red Bull, presentada ayer en Detroit, la casa de Ford. (Red Bull)
Nada es casual
Si alguien cree que es casual que Christian Horner, el jefe de Red Bull de toda la vida, fuera despedido en mitad de la temporada, es que desconoce cómo funciona la Fórmula 1. En cierto modo, no solo ese micromundo, sino la vida en general. Es obvio que hubo un punto de no retorno en el equilibrio de poder entre el flanco austriaco aliado con el clan Verstappen y la facción tailandesa de la compañía apoyando a Horner. Por si quedaran dudas sobre lo cierto de esta cuestión, la boca sin filtros de Helmut Marko se encargó de confirmarlo hace poco.
Desconfíen de esos mensajes que afirman que entre Max Verstappen y Christian Horner no hay ningún problema. Las declaraciones donde afirman mensajearse sin mal rollo alguno son pura conveniencia. La Fórmula 1 es un mundo muy pequeño y, pasadas las tormentas iniciales, todos hacen como si no pasara nada. El día menos pensado pueden necesitarse. Esto también ha sido así siempre y quien dude de ello, que recuerde cómo las personas que más se detestaban del paddock,como eran Fernando Alonso y Ron Dennis, volvieron a trabajar juntos.
According to Montoya, Red Bull is built around Verstappen — whether a teammate is faster or slower, the system always works in Max’s favour, giving him a level of control and security he would not have elsewhere. pic.twitter.com/JBrC7168YN
Red Bull ha demostrado que, sin Christian Horner, sin Adrian Newey, sin Jonathan Wheatley y muchas otras figuras clave, sigue siendo un equipazo. La forma con la que Max Verstappen ha llevado la lucha por el título al absoluto límite es admirable. Mucho cuidado, por tanto, con subestimarles. Pero atención, viene un nuevo reglamento y afrontan cambios internos y externos de gran calado. Lo suficiente como para inquietarse por el futuro. Por muy bueno que sea Max, la parrilla actual de la Fórmula es más fuerte que nunca.
Si un equipo como Alpine con toda su historia y el poderío de un grupo como Renault, acabó 2025 como el último clasificado, ya podemos hacernos una idea de lo que ocurre cuando pasas de sobresaliente a solo notable: puedes bajar de golpe tres o cuatro peldaños en el escalafón. Se estrenan como motoristas con el apoyo de Ford, Laurent Mekies comienza ya desde principio de año como nuevo director y, por si fuera poco, hay que preparar la sucesión de Helmut Marko, el Cardenal Richelieu del equipo. Demasiados desafíos a la vez.
Un desafío superior
Pero existe para Red Bull un desafío mayor que los anteriores y es la absoluta dependencia que tienen ahora hacia Max Verstappen. El giro de los acontecimientos durante la tempestad política que vivieron en 2025 hace que sea SuperMaxahora mismo mucho más que la piedra angular del equipo. Es literalmente el que manda. La papeleta para Isack Hadjar, que será el nuevo compañero del neerlandés en el equipo, es de aúpa. Como decía Checo, si está cerca de él, malo; y si está lejos, peor aún.
Hadjar hará bien en mirar por Instagram en 2026 los concursos de recortadores, porque las embestidas de toro que va a tener que sortear en apenas su segunda temporada en Fórmula 1 van a ser tremendas. Pero el miedo a fallar va a ser transversal a toda la organización. Giampiero Lambiase aguanta el exceso de adrenalina de Verstappen que haga falta, porque le conoce de sobra. Pero ese filtro que habitualmente hay entre un piloto estrella y el resto de la organización y patrocinadores, ya no existe.
Laurent Mekkies es un profesional de enorme valía, pero corre el riesgo de que se le ponga cara de Xabi Alonso cuando Kylian Mbappé decide ir a su aire. Y en la Fórmula 1 pasa lo mismo que en el fútbol: cuando un crack ha ganado todo el dinero que ha querido y más, las posibilidades de que se marche con la música a otra parte si pintan bastos son enormes. Es muy fácil imaginar que, en la era posterior a Fernando Alonso en Aston Martin, en el equipo de Silverstone reciban a Max con los brazos abiertos.
Pero, en realidad, la puerta para Max estará abierta en cualquier equipo de la parrilla en el momento que decidiera cambiar de aires. Todo dependerá de si su coche está o no a la altura. La discusión consistirá en ver hasta qué punto se está dispuesto a ceder competencias o a las exigencias de autoridad del neerlandés. Red Bull ahora no tiene opción. Todas las fichas de la ruleta las han apostado al número 3 de Max Verstappen. Es el mejor piloto del mundo y uno de los mejores de la historia, pero nunca hay que olvidar que la Fórmula 1 es un deporte de equipo.
Es un tema muy recurrente estos días tras la destitución de Xabi Alonso del Real Madrid: los riesgos que encierra que las estrellas de un equipo estén por encima de la institución para la que trabajan. No es nada nuevo en el mundo del fútbol, ni por supuesto tampoco en el de la Fórmula 1. Cuando una gran figura extiende su poder más allá de su estricto ámbito, las consecuencias a corto pueden resultar beneficiosas, pero a largo plazo son muy destructivas. La situación actual de Red Bull es un caso de libro.