Es noticia
Adiós a Michael Turner, el genio que supo dar velocidad a los coches de F1... sobre un lienzo
  1. Deportes
  2. Fórmula 1
FALLECIDO A LOS 92 AÑOS

Adiós a Michael Turner, el genio que supo dar velocidad a los coches de F1... sobre un lienzo

En el mundo del arte, siempre es subjetivo decir quién es el mejor. Pero lo que es cierto es que el pintor británico, con su gran técnica, se convirtió en la gran referencia

Foto: Michael Turner, en su estudio junto algunas de sus obras. (PdV)
Michael Turner, en su estudio junto algunas de sus obras. (PdV)
EC EXCLUSIVO

Artistas que pintan coches de carreras hay muchos, pero Michael Turner hacía algo más: él pintaba sensaciones. Cualquiera que haya visto un Fórmula 1 en vivo sabe que las fotografías, por buenas que sean, siempre matan en cierto modo el efecto del movimiento. Algo similar sucede con la mayoría de obras de arte relacionadas con el mundo de las carreras. Por muy lograda que sea la técnica del artista, rara vez se ven obras que te transmitan velocidad o te trasladen al lugar de la acción. Esa fue la cualidad que hizo de Turner un pintor único.

Es probable que el talento de Turner para plasmar el dinamismo de una máquina tuviera su origen en la aviación militar, pues esta fue la temática junto a las carreras de coches a la que dedicó la mayor parte de su obra. El pintor británico vivió su infancia en plena Guerra Mundial y, por eso, era habitual que en su escuela de Harrow fuera sorprendido por los profesores pintando aviones. Tal debía ser la maestría que demostraba con el dibujo desde niño que fueron los propios profesores los que recomendaron al joven Michael que estudiara Bellas Artes.

El primer trabajo que obtuvo Turner fue de ilustrador en una agencia de publicidad y ahí se produjo uno de esos momentos que marcan el resto de una carrera profesional. La compañía petrolera Esso hizo un encargo a la agencia para que elaboraran un póster conmemorativo de su victoria junto a Jaguar en las 24 horas de Le Mans de 1956. Rápidamente, equipos y pilotos empezaron a preguntar quién había sido el autor de aquel codiciado cartel. Tal fue el aluvión de encargos que Turner abandonó la agencia para dedicarse profesionalmente al arte.

Turner jugaba con ventaja en aquel providencial encargo de Esso. En unas vacaciones familiares a la Isla de Man, se disputaba allí una de las pruebas más populares de la época en Gran Bretaña y el Turner adolescente se contagió del virus de las carreras. Ya no hubo vuelta atrás en su nueva afición. Cada vez que podía asistía, lápices en mano, a las carreras y así, poco a poco, fue depurando una técnica en su juventud que, con el tiempo, le convertiría en un artista singular.

placeholder El dominio de Michael Turner sobre los detalles de los coches era asombroso. (PdV)
El dominio de Michael Turner sobre los detalles de los coches era asombroso. (PdV)

Grand Prix: el gran salto

El salto definitivo llegó en 1965, cuando John Frankenheimer seleccionó sus cuadros para decorar las casas de los pilotos que aparecían en la película Grand Prix. Aquel largometraje —obra de culto para cualquier aficionado a la Fórmula 1— además de visibilidad le dio a Turner la legitimidad como el gran intérprete artístico de las carreras de coches. En la época anterior al Photoshop y el diseño gráfico por ordenador, no fue casual que los promotores de Grandes Premios se pelearan para que fuera Michael Turner quien les firmara el cartel anunciador.

Esa fue la razón, por la que Michael Turner fue el autor de la mayoría de ellos en las carreras de Fórmula 1 celebradas en España en los circuitos de Montjuic y Jarama. Las fotografías y su biblioteca eran su soporte técnico, pero la inspiración y la técnica venían de la presencia continua en los circuitos. Allí siempre estaba Turner a pie de pista, cámara en mano, pero sobre todo con lápiz y papel, haciendo bocetos y detalles de peraltes, bordillos, vallas de seguridad o tipos de asfalto.

Quien les escribe estas líneas pudo comprobar hasta qué punto tenía un conocimiento asombroso de los coches de la época y todos y cada uno de los rincones del circuito del Jarama. A raíz de un encargo que recordara la presencia de Emilio de Villota con su McLaren M23 en el Gran Premio de España de 1977, Turner no necesitó que se le enviara documentación alguna. En su cabeza y en su archivo personal tenía todo lo necesario para cumplir el trabajo.

Al llegar a su estudio, Turner tenía tres bocetos, cada uno más bonito que el anterior. Seleccionó uno, y en mitad de la conversación, surgió una pequeña anécdota que confirmaba que en esa misma zona del circuito acampaban en 1977 Javier Rubio —compañero en El Confidencial—y su hermano Jesús. Tiempo después, cuando tuvo la pieza terminada, Turner, con su flema británica, señaló con el dedo dos diminutas figuras en la zona de acampada y dijo: "Mira, Pablo, tus dos amigos". Un detalle que decía tanto de él como su propia obra.

placeholder Muchos coinciden en que su 'Noche del Turini' es la obra maestra. (Studio88)
Muchos coinciden en que su 'Noche del Turini' es la obra maestra. (Studio88)

Una vida dedicada a las carreras

Para cualquier aficionado a la Fórmula 1, visitar el estudio de Michael Turner en plena campiña británica equivaldría a entrar en un santuario. Pocos lugares desprenden tanta autenticidad del automovilismo en estado puro. Maquetas, bocetos y una biblioteca monumental donde Turner buscaba referencias e ideas. La edad ya no permitía a Turner asistir a los circuitos con la frecuencia que le gustaría, pero como él mismo reconocía, una vida a dedicada observar y analizar coches de carreras le permitía seguir activo.

Su proximidad con pilotos y equipos en la época anterior a la era digital era absoluta. Viajaba con ellos, compartía hotel y en ocasiones hasta les ayudaba con detalles artísticos in situ para regalar a algún patrocinador. De esa relación cercana surgió, por ejemplo, el encargo de Bruce McLaren, quien le pidió que diseñara un nuevo logotipo para su equipo. De la mano de Turner nació aquel famoso kiwi minimalista que, incluso hoy, ha regresado discretamente a los monoplazas de Woking como homenaje al fundador.

Aunque su especialidad fue la Fórmula 1, Turner dejó también estampas memorables de otras competiciones míticas como Las 24 Horas de Le Mans, el TT de la Isla de Man o el Rally de Montecarlo. En este último, los expertos coinciden en que es allí donde realizó su obra maestra con la representación de la noche del Col de Turini. La icónica imagen de Sandro Munari y su Lancia Fulvia desafiando la oscuridad y la nieve, resume todas las virtudes de Turner como pintor: velocidad, ambiente y sobre todo, una luz que ninguna cámara es capaz de capturar.

Michael Turner trabajó prácticamente hasta el final de sus días, no porque económicamente estuviera necesitado, sino porque plasmar la velocidad de aviones y coches fue el verdadero motor de su vida. Con él se marcha el mejor notario que hayan tenido las carreras en el último siglo. Descanse en paz.

Artistas que pintan coches de carreras hay muchos, pero Michael Turner hacía algo más: él pintaba sensaciones. Cualquiera que haya visto un Fórmula 1 en vivo sabe que las fotografías, por buenas que sean, siempre matan en cierto modo el efecto del movimiento. Algo similar sucede con la mayoría de obras de arte relacionadas con el mundo de las carreras. Por muy lograda que sea la técnica del artista, rara vez se ven obras que te transmitan velocidad o te trasladen al lugar de la acción. Esa fue la cualidad que hizo de Turner un pintor único.

Fórmula 1
El redactor recomienda