"Perro viejo no aprende trucos nuevos": adiós a Helmut Marko, el último mohicano de la F1
La sorprendente y repentina salida de una figura tan influyente como Helmut Marko confirma la notable pérdida de espacio e influencia en la nueva era de Red Bull
Con Marko se va otro histórico de la Fórmula 1. (Europa Press/Hasan Bratic)
"Perro viejo no aprende trucos nuevos". Helmut Marko tenía los días contados en el Red Bullpostmoderno. El martes se oficializó su salida tras casi dos décadas en la Fórmula 1 y 32 años de vinculación con Dietrich Mateschitz y a la marca de bebidas. Con Marko se marcha alguien que ha transformado el panorama automovilístico y la Fórmula 1. Se va el último mohicano de un espíritu de la competición y las carreras donde primaba el factor humano por encima de la tecnología. Se marcha un maverick al que le resultaba difícil mantener su espacio bajo el control corporativo de la cúpula de Red Bull.
Su repentina despedida insinúa conflictos de fondo. "A mi manera, no en una cadena de mando, no funciona conmigo…", como se ha definido a sí mismo. Como siempre actuó en Red Bull, pegado a su amigo Mateschitz desde que se conocieron en 1990. Hoy, ese Red Bull ya no existe y la marcha de Marko supone el acta de defunción de aquel iconoclasta equipo en el que no quedan ni Horner, Newey, ni ahora tampoco el padrino de Sebastian Vettel y Max Verstappen.
20 Years, 417 Races, 6 Constructors' Championships, 8 Drivers' Championships.
"Perder por poco el campeonato esta temporada me ha conmovido profundamente. Me ha dejado claro que es el momento adecuado para poner fin a esta larga, intensa y exitosa etapa", justificó Marko en el comunicado que anunció su marcha. Oliver Mintzlaff, bajo cuya responsabilidad queda el equipo de Fórmula 1, aseguró: "Helmut me contactó con el deseo de terminar su puesto como asesor de automovilismo a finales de año. Lamento profundamente su decisión, ya que ha sido una figura influyente durante más de dos décadas. Su partida marca el final de una era extraordinaria. Tras una larga e intensa conversación, supe que debía respetar sus deseos, ya que me pareció que era el momento adecuado para que diera este paso".
Aunque la versión oficial señala una elección personal de Marko, no cabe descartar que fuera empujado a irse aún con un año más de contrato. Cuando surgieron los rumores de su marcha en Yas Marina, Marko respondió: "Lo discutiré y luego veré qué hago. Es un conjunto complejo de diferentes aspectos". Es evidente que no se trataba del resultado final de Max Verstappen.
Circulan rumores de que Marko habría seguido actuando con total autonomía en el Red Bull Junior Team, al margen de una jerarquía dispuesta a tomar el control de una organización hasta hace poco en manos de carreristas con autonomía y línea directa, en su día, solo con Dietrich Mateschitz. "Mi rol es director de Red Bull Racing junto con Christian y Mateschitz. Todo lo concerniente al equipo llega a mí, y yo lo filtro, y si es necesario lo elevo al jefe, así que tomo las decisiones finales (sobre qué se filtra o no)".
Marko describía así su rol durante tantos años, fuera de cualquier organigrama y jerarquía y con contacto directo y personal con el gran jefe. "Es un canal muy fino para operar, que nos da la ventaja de que podemos reaccionar inmediatamente a cualquier problema que surja".
No poder meter la cuchara
Siempre fue un verso suelto, el señor de su castillo, como tantas veces comprobó Christian Horner. Criado en la escuela dura de la vida y las carreras, perdió un ojo y también a varios amigos y pupilos, especialmente su colega de correrías, Jochen Rindt. Independiente, sin filtros para expresar sus ideas, impregnó con ese espíritu y filosofía al Red Bull Junior Team y al equipo de Fórmula 1, alimentado por su visión vital, rebelde e iconoclasta.
"Busco chicos que lo deseen con todas sus fuerzas. En mi época, se dormía en el coche, no llegabas a una carrera de Fórmula 3 en el helicóptero de tu padre". El austríaco revolucionó los esquemas con su programa de jóvenes promesas, luego imitado por la mayoría de los equipos de Fórmula 1. Sin embargo, Marko imponía a los elegidos un nivel de exigencia equivalente a los Seals(comandos de élite americanos), pero en el mundo de las carreras: la presión brutal de resultados como sistema, y quien no respondiera a sus implacables objetivos, a la calle.
Thank you, Helmut 🙏
We’ve achieved everything we ever dreamed of together. I’m forever grateful for your belief in me 🙌 pic.twitter.com/MKwsF5cRva
La reciente dinámica en Red Bull ha reducido los espacios a quien siempre fue por libre, con capacidad de decisión y enorme presupuesto a su disposición. Las discrepancias con una cúpula centralizadora y sin la experiencia vital y carrerista de Marko han ido limitando esa autonomía. No le compensaba seguir, por lo visto.
Su marcha se comunicaba días después de sus polémicas declaraciones sobre Kimi Antonelli en Losail. Resulta verosímil una decisión personal ante las nuevas reglas del juego en Red Bull. Quizás Laurent Mekies tampoco aguantaba esa figura polémica, de criterios propios, independientes y también desestabilizadores, sin pelos en la lengua, con el hábito adquirido de meter la cuchara, como en los tiempos de Horner y Mateschitz.
En aquella famosa noche del sábado de Arabia Saudí 2024, Max Verstappen saltó como una pantera para defender la continuidad de Marko ante las intenciones de Horner por sacarle del equipo. El neerlandés se ha despedido con agradecimiento de Marko, pero lejos de aquel órdago que lanzó el pasado año. Síntoma de que su descubridor habrá tomado la decisión final. Porque se acabó la libertad para un espíritu de otros tiempos, que también dejaron de existir en las carreras.
"Perro viejo no aprende trucos nuevos". Helmut Marko tenía los días contados en el Red Bullpostmoderno. El martes se oficializó su salida tras casi dos décadas en la Fórmula 1 y 32 años de vinculación con Dietrich Mateschitz y a la marca de bebidas. Con Marko se marcha alguien que ha transformado el panorama automovilístico y la Fórmula 1. Se va el último mohicano de un espíritu de la competición y las carreras donde primaba el factor humano por encima de la tecnología. Se marcha un maverick al que le resultaba difícil mantener su espacio bajo el control corporativo de la cúpula de Red Bull.