Por qué Helmut Marko es quien más debe callar cuando se habla de 'biscottos' en la Fórmula 1
McLaren y Red Bull se miran de reojo ante posibles golpes bajos en la lucha por el título mundial de pilotos. Una situación que ya hemos visto mas veces en el pasado
Zak Brown (McLaren) y Helmut Marko (Red Bull), en el pasado Gran Premio de Países Bajos. (AFP7)
Max Verstappen tuvo un buen detalle al pedir a su equipo que diera una disculpa explícita por la campaña de odio contra Andrea Kimi Antonelli. Fue la enésima muestra de cómo Helmut Marko vive en su mundo, despreocupado de la subida del precio del pan cada vez que abre la boca. Su acusación al joven italiano de haberse dejado adelantar por Lando Norris prendió la mecha de los ataques al piloto de Mercedes, que tuvo que cerrar sus redes sociales.
El delito no fue de Marko, pero además de imprudente, no era el más indicado para hablar. Llegamos a la carrera final de la temporada con tres pilotos optando al título mundial. Son muchas las cábalas que giran en torno al papel que va a desempeñar Oscar Piastri, por si va a favorecer o no a Lando Norris.
Pese a que el australiano también tiene opciones, es lógico preguntarse qué va a hacer si se encuentra en una posición de carrera en la que, si se deja adelantar por Norris, evita que Verstappen salga campeón. Las acusaciones de juego sucio por parte de los seguidores más exaltados van a estar a la orden del día.
Es difícil imaginar a Oscar Piastri prestándose a cualquier antideportividad. Y menos aún después del obvio ninguneo que ha sufrido por parte de su equipo McLaren. Sin embargo, se comenta poco el rol que pueden desempeñar Isak Hadjar y Liam Lawson a la hora de molestar a Lando Norris en un momento dado de la prueba. No se trata de acusar de juego sucio, sino de reconocer lo obvio: si Red Bull ve que pueden ser útiles durante la carrera para los intereses de Verstappen, la orden les va a llegar sí o sí.
Cuando la Fórmula 1 habla de introducir las carreras con parrillas inversas, la mayoría de los equipos levantan la ceja ante el posible papel que pueden desarrollar los coches de Red Bull y su equipo filial. Nos hemos hartado de ver alfombras rojas en mitad de carrera a Sebastian Vettel en su día y a Max Verstappen en la actualidad por parte de los pilotos de la escuadra satélite. Un Toro Rosso, un Alpha Tauri o un Racing Bull ahora nunca atacan, sino que favorecen en lo que puede al piloto líder en Red Bull.
Al servicio de la causa
Eso de que el equipo filial está al servicio del equipo titular, es tan explícito como que el pobre Jaime Alguersuari fue abroncado por molestar con su Toro Rosso a Sebastian Vettel... ¡En una sesión de entrenamientos libres! Y si la cuestión consiste en ver como se quitan de en medio a un piloto, como es el caso reciente de Checo Pérez, ahí está la numantina defensa que hizo un Liam Lawson casi debutante al mexicano.
Ya sabemos que Lawson es un piloto marrullero por decirlo suave, pero insólito fue hacerlo con un piloto al que le paga el sueldo el mismo jefe. Esto desató la ira de Helmut Marko, asesor de Red Bull, que fue al box de Toro Rosso a reprender a Alguersuari frente a Franz Tost, su jefe de equipo. La conclusión evidente es que la principal razón de que Red Bull tenga dos equipos en parrilla es tener tres coches en lugar de uno para la causa de Max Verstappen.
Porque tampoco hay que engañarse. El compañero de SuperMax siempre es un gregario, no un compañero de equipo. Alex Albon, Pierre Gasly o Checo Pérez son mucho mejores pilotos de lo que lucieron en su paso por el equipo angloaustríaco y su rendimiento allí solo se valoró en función de lo que ayudara al neerlandés. Muchos recordarán la famosa final entre Lewis Hamilton y Max Verstappen, también en Abu Dabi que se saldó con el primero de los cuatro títulos del piloto de Red Bull.
La defensa que Checo Pérez hizo frente a Lewis Hamilton le sirvió literalmente para asegurar su puesto en el equipo después de una temporada en la que rindió por debajo de lo esperado. Y este fin de semana, igual que hace cuatro años, pueden entrar en escena coches de seguridad que propicien situaciones de carrera anómalas. Las maniobras para perjudicar o favorecer las opciones de un piloto en la carrera final de un campeonato no son nuevas.
Helmut Marko, esta temporada. (AFP7)
En los años 50, te encontrabas a un Peter Collins renunciando a un título en beneficio de Juan Manuel Fangio o con la caballerosidad de Stirling Moss haciendo campeón a su compatriota Mike Hawthorn. Pero a medida que la Fórmula 1 fue convirtiéndose en un negocio multimillonario, la deportividad fue dejando paso a la filosofía de ganar por lo civil o por lo criminal que dijera Luis Aragonés.
Los precedentes
No crean que es tan difícil que esto ocurra. En el Gran Premio de Brasil de 2012 de infausto recuerdo para la afición española, Sebastian Vettel no solamente gozó de todas las facilidades del mundo de los pilotos de Toro Rosso en su remontada desde el fondo del pelotón, sino de todos los pilotos alemanes en pista incluyendo el mismísimo Michael Schumacher. El káiser, en su última carrera en Fórmula 1, quizá por primera vez en su vida, se dejó pasar fácil por alguien. Vettel fue justo campeón, pero con mucho que agradecer a la ayuda externa.
En el ciclismo se producen alianzas sospechosas en el pelotón con gregarios inesperados o chuparuedas no previstos. Qué decir del futbol con los maletines en los finales de temporada o los biscottos en las eliminatorias mundialistas. Guste o no, es lo que hay. Ferrari pidió en Jerez en 1997 a Sauber que Norberto Fontana molestara a Jacques Villeneuve y el equipo suizo no titubeó en dar la orden a su piloto, porque se jugaban el suministro del motor para la temporada siguiente.
Todo está muy abierto. (AFP7)
Por eso, aunque se demostrara que Andrea Kimi Antonelli no cedió el paso de forma deliberada a Lando Norris, tampoco sería descabellado pensar que fuera cierto. Mercedes no puede ganar como equipo el mundial de pilotos y no hay que ser malpensado para admitir que en la casa alemana van a preferir que ganen Norris o Piastri, que corren con sus propulsores, A que lo haga Max Verstappen, que corre con Honda.
No hay que olvidar esto nunca a la hora de criticar. No es Antonelli, en todo caso sería Mercedes.Los pilotos tienen sus simpatías y antipatías y por supuesto tendrán sus preferencias acerca de cuál de los contendientes al título prefieren que se lleve el gato al agua. Y por supuesto, los equipos pueden estar tentados a no obrar con toda la deportividad por el mucho dinero que hay en juego. Lo que está claro es que si alguien debe de estar callado a la hora de hablar de biscottos y cosas parecidas, ese es Helmut Marko. Es el que más fama ha hecho con ese juego en la historia de la Fórmula 1.
Max Verstappen tuvo un buen detalle al pedir a su equipo que diera una disculpa explícita por la campaña de odio contra Andrea Kimi Antonelli. Fue la enésima muestra de cómo Helmut Marko vive en su mundo, despreocupado de la subida del precio del pan cada vez que abre la boca. Su acusación al joven italiano de haberse dejado adelantar por Lando Norris prendió la mecha de los ataques al piloto de Mercedes, que tuvo que cerrar sus redes sociales.