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Por qué la historia nos dice que un Adrian Newey como jefe de equipo tiene sentido
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INCERTIDUMBRE A FUTURO

Por qué la historia nos dice que un Adrian Newey como jefe de equipo tiene sentido

A pocos meses de que entrara a trabajar en Aston Martin el genio británico de la ingeniería, se produce un movimiento de enorme calado. Y podría tener todo el sentido del mundo

Foto: Newey no será sólo el director técnico de Aston Martin. (Antonin Vincent/AFP7)
Newey no será sólo el director técnico de Aston Martin. (Antonin Vincent/AFP7)
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Esta no la vimos venir. Cuando la especulación giraba en torno a saber si Christian Horner iba a sustituir a Andy Cowell en la dirección de Aston Martin, la sorpresa llegó con la decisión de que Adrian Newey será el jefe supremo del equipo de Fernando Alonso. A partir de ahora, solo está por debajo del propietario Lance Stroll, con manos libres para hacer y deshacer. Inquieta la sobrecarga de atribuciones a la hora del objetivo clave de lograr un coche ganador, pero ejemplos nos demuestran que no tendría por qué ser así.

Por sorpresivo que haya sido el movimiento, no deja de resultar previsible. Las batallas entre el director técnico y el jefe de equipo, discutiendo acerca de la asignación de recursos y los fichajes de personal técnico o pilotos, son tan viejas como la propia Fórmula 1. Adrian Newey puso en su día como condición sine qua non en su fichaje por Red Bull tener hilo directo con Dietrich Mateschitz, el dueño de la compañía de bebidas energéticas. Eso de que un director de equipo le discutiera o fiscalizara el porqué de unas inversiones no lo iba a aceptar.

Foto: adrian-newey-aston-martin-christian-horner

El problema radica en que en la Fórmula 1 se tira mucho dinero a la basura a la hora de crear un coche ganador. Meses y meses de exploración técnica pueden resultar inútiles cuando los pretendidos hallazgos técnicos no dan los resultados esperados. Las inversiones necesarias para estar en la punta de lanza tecnológica tampoco son baratas y, por eso, es normal que siempre existan fricciones entre el que controla el dinero y el que más urgencia tiene en gastarlo, que es el director técnico.

Hay que tener en cuenta que Adrian Newey es ahora accionista del equipo. De no ser así, es difícil que hubiera saltado del barco de Red Bull y se subiera al de Aston Martin. Si ya como jefe de ingeniería no quieres tener discusiones acerca de la conveniencia de tal o cual inversión, mucho menos aún cuando eres parte de la propiedad del equipo. Ahora bien, ¿distraerá el exceso de atribuciones a un Newey que debe poner el foco en donde verdaderamente debe tenerlo, que es en crear un coche ganador?

Una tendencia creciente

Hay una tendencia actual creciente, que es la de ver a directores técnicos ejercer también como jefes de equipo. Es un paso que va más allá de lo que representaba, por ejemplo, Andy Cowell en Aston Martin o ejerce en la actualidad Frederic Vasseur en Ferrari. Una cosa es ser ingeniero y dirigir un equipo y otra simultanearlo con la dirección técnica encargada de crear (y evolucionar) los monoplazas. Pero ahí están los casos de éxito de Andrea Stella en McLaren o de Ayao Komatsu en Haas para demostrar que hay un patrón que valida el modelo.

El caso reciente más significativo fue el de la sustitución de Maurizio Arrivabene en Ferrari por el que era el director técnico, Mattia Binotto. El ingeniero suizo, cansado de discutir con Arrivabene la prioridad en los gastos del equipo, planteó el típico ultimátum de 'o soy yo el jefe de todo o me voy'. Binotto ganó el pulso, pero inmediatamente surgieron críticas acerca del impacto negativo que podía tener la duplicidad de funciones. La realidad es que, bajo su mando, los de Maranello estuvieron más de cerca de ganar que nunca.

placeholder Mattia Binotto, durante su etapa en Ferrari. (Reuters/Leonhard Foeger)
Mattia Binotto, durante su etapa en Ferrari. (Reuters/Leonhard Foeger)

Binotto, hoy en día, es el jefe máximo de Audi. De él cuelga la dirección general del equipo, el proyecto del motor y la creación de los coches. Demasiadas cosas en el plato pueden parecer, pero al final, aunque exista una inevitable dispersión, la clave estriba en lo bien o mal rodeado que se está al frente de este modelo de gestión dictatorial. Por mucho que hoy en día los equipos sean estructuras con cerca de mil empleados, el modelo de antaño de Colin Chapman como luminaria técnica y jefe del tinglado al unísono sigue estando vigente.

Cuando Toyota quiso importar a la Fórmula 1 los métodos que les habían hecho ser el mejor constructor de automóviles del mundo, el fracaso fue monumental. 'Aquí la democracia y los comités no funcionan', les recordó Bernie Ecclestone. El problema es que el modelo dictatorial chocaba de frente con la cultura corporativa que, con lógico orgullo, defendía la compañía en su famoso libro The Toyota way. Guste o no, en las carreras de coches está todo tan interconectado que el alineamiento estratégico alrededor de un líder es obligado si quieres triunfar.

Todos a una

Cuantos más versos sueltos haya en un equipo, por brillantes que estos sean, más difícil es el asalto a la cumbre. Sin salir del caso de Mattia Binotto al frente de Ferrari, una de las razones para exigir el control total del equipo, era poder tener el control de todos los resortes de comunicación y recursos humanos, para evitar las tradicionales filtraciones e injerencias. Binotto conocía la casa mejor que nadie y quería libertad para despedir a los filtradores, domar egos y, sobre todo, proteger del linchamiento a todo aquel que arriesgara y se equivocara.

En una cultura empresarial como la de la Fórmula 1, donde resulta obligado tomar riesgos, el peor cáncer es la cultura de la culpa. Es inevitable que en la búsqueda de la excelencia se cometan muchos fallos y, por eso, una figura de tanto respeto para cualquier ingeniero, como es la de Adrian Newey, alivia la preocupación de explorar caminos de resultado incierto. Y no menos importante, a los díscolos, al igual que ocurre en el fútbol, cuando saben que el entrenador tiene todo el poder, se les pasa la tontería.

placeholder Newey será el jefe de todo en Aston Martin. (Reuters/Andrew Boyers)
Newey será el jefe de todo en Aston Martin. (Reuters/Andrew Boyers)

No es una cuestión menor la de tener el control de todo. Si, por ejemplo, en Aston Martin el principal patrocinador Aramco quisiera meter la zarpa en un terreno que les interesa tanto como es el de los combustibles sintéticos, un jefe de equipo puede tener la tentación de aceptar alguna imposición no siempre útil a nivel técnico. Es mucho el dinero el que se juega en estos envites. Cuando el que tiene todo el control técnico controla también esa relación final con el patrocinador, el discurso cambia.

No es por eso de extrañar que Andy Cowell no haya sido despedido después de ser relevado como jefe de equipo, sino reubicado como director de la relación con el motorista Honda. Cowell, recordemos que proviene del área de motores como exresponsable de Mercedes. No es este un detalle menor, sino un síntoma de que Newey no tiene tiempo que perder. Ya se verá si este inesperado cambio en la dirección de Aston Martin es un acierto o no, pero la historia demuestra que el éxito es posible.

Esta no la vimos venir. Cuando la especulación giraba en torno a saber si Christian Horner iba a sustituir a Andy Cowell en la dirección de Aston Martin, la sorpresa llegó con la decisión de que Adrian Newey será el jefe supremo del equipo de Fernando Alonso. A partir de ahora, solo está por debajo del propietario Lance Stroll, con manos libres para hacer y deshacer. Inquieta la sobrecarga de atribuciones a la hora del objetivo clave de lograr un coche ganador, pero ejemplos nos demuestran que no tendría por qué ser así.

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