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Adrian Newey garantiza ilusión y Fernando Alonso lo compra: sus expectativas, a examen
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LA PRESIÓN DE LAS EXPECTATIVAS

Adrian Newey garantiza ilusión y Fernando Alonso lo compra: sus expectativas, a examen

Es el indiscutible rey Midas de la ingeniería en la Fórmula 1, pero su magia, por diversos factores, no siempre asegura contar con el mejor coche que existe en la parrilla

Foto: Adrian Newey, tomando notas para sus futuros proyecto técnicos. (Europa Press/Antonin Vincent)
Adrian Newey, tomando notas para sus futuros proyecto técnicos. (Europa Press/Antonin Vincent)
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Está claro que Fernando Alonso no se rinde. El asturiano ha reconocido en varias ocasiones que será difícil verle en Fórmula 1 más allá de 2026 si no tienen un coche ganador. Los mimbres para conseguirlo están ahí, pero por desgracia, en este deporte dos más dos no siempre son cuatro. La historia nos demuestra, que con frecuencia, ni cuando se tienen todos los ingredientes que componen una receta ganadora, el resultado es el esperado. En esta historia, la guinda del pastel es Adrian Newey.

Desde que Fernando Alonso llegara a Aston Martin, el equipo con sede en Silverstone se ha venido reforzando de manera extraordinaria. A nivel de infraestructuras técnicas y capital humano, no tiene nada que envidiar a ningún equipo de la parrilla. Es obvio que la presencia en la cúpula técnica de Adrian Newey aporta un plus diferencial, pero incluso sin su presencia ya estaríamos hablando de una escuadra de primer nivel con potencial de aspirar a todo. Sin embargo, McLaren ha demostrado que para ganar, no todo es dinero, medios y nombres ilustres.

La expectativa respecto a las posibilidades de Aston Martin y Fernando Alonso en 2026 es muy alta no solo dentro del equipo, sino también en el paddock y la afición. Por mucho que la Fórmula 1, sea un deporte donde el equipo es crucial, el protagonismo de Adrian Newey como el gran mesías es inevitable. El problema es que, por brillante que sea el cerebro del ingeniero británico, este no es infalible. O al menos, los resultados de su trabajo no siempre son visibles de forma inmediata. La historia nos lo demuestra.

Allí donde ha ido Adrian Newey desde que empezara su trayectoria en Fórmula 1 ha triunfado. Salvo en el modesto equipo March de sus inicios, allá donde ha ido ha hecho coches campeones del mundo. Lo logró en Williams, lo logró en McLaren y por supuesto en Red Bull. Pocos dudan que será capaz de lograrlo también en Aston Martin, el que será su quinto y probable último hogar en la competición. La cuestión que interesa a los seguidores de Alonso es si será capaz de hacerlo a la primera.

El toque mágico

Ni en Red Bull, ni en Williams logró Newey que sus coches fueran campeones a la primera. Hizo buenos coches, sin duda, pero con defectos de juventud por pulir hasta que se convirtieron en imbatibles. Con McLaren logró a la primera hacer un coche campeón del mundo, pero hay que tener en cuenta que antes de su llegada al equipo de Woking, los monoplazas de la escudería británica ya estaban a un nivel muy alto. Digamos, que fue algo así como ese goleador estrella que llega a un equipo que de por sí ya es muy fuerte.

Analizando las circunstancias en las que Adrian Newey desarrolló su labor en los equipos en los que ha dejado su impronta, tendremos mejor perspectiva para analizar las posibilidades reales de Aston Martin y Fernando para 2026. Descontaremos March, debido a que justo antes de que se fuera a la quiebra por problemas legales ya había formalizado su paso a Williams, para ejercer de segundo de a bordo de Patrick Head, que era uno de los ingenieros más reputados de la época. Un tándem de impresión.

Patrick Head nunca destacó por ser un gran innovador, ni tenía una maestría particular en un área concreta. Su fuerte, era hacer coches sin lagunas, monoplazas que puntuaban alto en todos los parámetros necesarios para ser competitivos. El pragmatismo de Head junto a la audacia de Newey en el terreno de la aerodinámica produjo el FW11, el monoplaza que a día de hoy, tres décadas después de su creación, sigue siendo conocido como el más avanzado de la historia a nivel tecnológico.

Combinar en un mismo coche, una aerodinámica extrema, las suspensiones activas y el control de tracción, necesitaba tiempo y aunque durante 1991 dio muestras sobradas de su potencial, no pudo ganar el campeonato. Eso sí, cuando la suspensión activa ya pudo funcionar de forma correcta, el FW11/B no tuvo rival. No es arriesgado decir que es el más superior respecto a sus rivales de toda la historia. El tándem Head-Newey siguió haciendo grandes coches, pero también algún fallo grave por el camino.

Sobredosis tecnológica

Nunca se sabrá la realidad exacta, pero es evidente, que lo extremo del diseño del Williams de Ayrton Senna tuvo mucho que ver con el accidente y posterior fallecimiento del astro brasileño. Aquel coche en manos de Damon Hill acabó la temporada siendo el mejor de la parrilla, pero aquello fue el primer aviso de que a veces Newey se pasa de rosca a la hora de buscar la quintaesencia técnica. El ingeniero británico abandonó a un Williams en la cumbre 1997 y casual o no, el hecho es que el equipo de Grove nunca más volvió a ser campeón.

Foto: newey-alonso-aston-martin-reglamento-2026

McLaren era el nuevo hogar de Adrian Newey y allí se estrenó a lo grande. En 1998 literalmente arrasaron. Sin embargo, los neumáticos Bridgestone tuvieron algo que ver para que Ferrari, que calzaba Goodyear, no estuviera a su altura. Al año siguiente, con la retirada de Goodyear y todos los equipos con los mismos neumáticos, la competencia de los del Cavallino fue muy superior. Los dos primeros años de Newey con los de Woking se saldaron con dos títulos, pero ya no logró ninguno más hasta su marcha en 2006 a Red Bull.

La fortaleza de Ferrari y Michael Schumacher no pudo ya ser derrotada durante un lustro, por mucho empeño que pusiera Newey en sus diseños. En 2003, fruto quizá de la frustración de no poder derrotar a los monoplazas italianos, creó un coche que era tan extremo y complicado que no llegó ni a correr. El MP4/18, tenía un potencial enorme, pero el no tener manos libres para ejecutar todas las modificaciones necesarias, hizo perder dos años a McLaren y una razón para su marcha futura a Red Bull.

Allí Newey se dio cuenta de que, para lograr sus objetivos, necesita controlar todo con mano dictatorial y que no se le escatime un solo recurso. Esa ha sido la razón de todos sus triunfos con Red Bull. En Aston Martin ha pasado lo mismo, se le ha concedido todo lo que ha pedido a nivel técnico y humano. Pero hay que recordar, que en Red Bull, tardó tres temporadas en convertir un equipo del montón, en la apisonadora de los ocho títulos de Sebastian Vettel y Max Verstappen.

Aston Martin ahora es un equipo del montón, pero es verdad que con una parrilla más apretada que nunca. En teoría, solo faltaría aquel toque mágico de McLaren o la audacia de interpretación reglamentaria que tuvo en Williams. Del motor Honda, que es la otra pieza clave de la ecuación, hablaremos otro día.

Está claro que Fernando Alonso no se rinde. El asturiano ha reconocido en varias ocasiones que será difícil verle en Fórmula 1 más allá de 2026 si no tienen un coche ganador. Los mimbres para conseguirlo están ahí, pero por desgracia, en este deporte dos más dos no siempre son cuatro. La historia nos demuestra, que con frecuencia, ni cuando se tienen todos los ingredientes que componen una receta ganadora, el resultado es el esperado. En esta historia, la guinda del pastel es Adrian Newey.

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