Dentro del Paddock | Por fin Carlos Sainz ha ventilado su habitación en el GP de Azerbaiyán
Mientras otros besaban los muros, Sainz clavó sus vueltas el sábado, cargando la pistola para el disparo del domingo. Ni un error, ni una rueda fuera de sitio
Sainz celebra el tercer puesto con su equipo. (EFE/Ali Haider)
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El Gran Premio de Azerbaiyán tiene fama de borrascoso y, por ello, agradecido para el espectáculo, pero la última edición desdijo esa fama. Salvo el acelerado Oscar Piastri y el desacompasado Alex Albon, nadie se salió del guion. Con la magnífica y agradecida excepción de Carlos Sainz.
Como la habitación que se llena de gas, el madrileño ha ido acumulando una frustrante racha en su debut con Williams, por diferentes conductos. La responsabilidad de corresponder con resultados a un fichaje nada barato, la compleja adaptación a una nueva organización y monoplazas tan distintos a Ferrari, la comparación directa con un compañero asentado en el equipo, aunque de menor pedigrí... Y, a eso, se añadía un balance inusual de golpes y contactos con los rivales: siete en quince carreras, como si uno fuera torpe.
El mensaje de Sainz por la radio y su plancha sobre sus mecánicos abrían puertas y ventanas para aliviar esa habitación cargada de presión, la descarga emocional que el madrileño había acumulado hasta este pasado fin de semana. Pero, además, su primer podio con el equipo británico tenía el carácter de bala de plata: solo había una este año. Que Williams alcanzara un cajón en 2025 viniendo del sótano de la Fórmula 1 sonaba a chiste hace unos meses. Que fuera Sainz quien acertara con la bala da más sabor y sentido a la odisea de estos meses.
Mientras otros besaban los muros, Sainz clavó sus vueltas el sábado, cargando la pistola para el disparo del domingo. Ni un error, ni una rueda fuera de sitio. Quienes le rodean te cuentan que la de Bakú fue una de sus mejores actuaciones en la Fórmula 1, por el cúmulo de factores que hubo de reunir para que un Williams llegara tercero. La habitación ha quedado ventilada.
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