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Por qué Lewis Hamilton no será nunca como Fernando Alonso y Max Verstappen
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un temperamento emotivo y sensible

Por qué Lewis Hamilton no será nunca como Fernando Alonso y Max Verstappen

En Montmelo, Lewis Hamilton toco fondo anímicamente en su crisis con Ferrari, mostrando esa vertiente de su personalidad que le distingue de los otros dos campeones en activo

Foto: Hamilton, en el pasado GP de Mónaco  Photo Javier Jimenez / DPPIAFP7)
Hamilton, en el pasado GP de Mónaco Photo Javier Jimenez / DPPIAFP7)

Lewis Hamilton lucía como un velero emocionalmente desarbolado al terminar el pasado Gran Premio de España. El británico tocaba fondo, demudado ante la falta de sintonía con su monoplaza, personalizando la desesperanza más aguda vista en su carrera deportiva. "La peor carrera en la que he participado en mi vida”. “No he aprendido nada de estas tres carreras”, “¿qué quieres que te diga? Acabo de tener un día pésimo y no tengo nada que decir, fue terrible”. "Solo quiero irme a casa". En el corralito de Montmeló el británico logró contener las lágrimas, pero no sus emociones.

Hamilton llega ahora al circuito talismán de su trayectoria deportiva, el Gilles Villeneuve, donde ha ganado siete veces y logró su primer triunfo en 2007. Cuenta con seis poles, y en 2017 igualaba las 65 de Ayrton Senna, recibiendo uno de sus cascos como obsequido de la famila. Por sus largas rectas e intensas frenadas, es terreno propicio para su estilo de pilotaje. Otro fracaso como este último ahondaría más si cabe su crisis, ya difícil a tenor de su estado anímico en Montmeló.

Hamilton no rinde con Ferrari, con la presión adicional por las expectativas y dimensión de su figura. Es el piloto con más victorias (105) y títulos (7, empatado con Michael Schumacher) de toda la historia de la competición. ¿Se ha visto en Fernando Alonso o Max Verstappen en actitud similar a la del británico en Montmeló? En el caso del asturiano, recordemos, sin victorias desde 2013 e infinidad de momentos más complejos deportivamente hablando que los de Hamilton.

Aquí entra en juego la particular contextura psicológica de los grandes dominadores de la competición. Su vulnerabilidad emocional contrasta con la de los otros dos campeones del mundo, de temperamento más recio o menos accesibles a abrir sus compuertas emocionales. ¿Mejor, peor? No, Lewis Hamilton es distinto.

Momentos de crisis y tensión

Hamilton empezó pronto con turbulencias en su primer año con Fernando Alonso. En 2011 también protagonizó numerosos incidentes en la pista, particularmente con Felipe Massa, cuando ya le distinguía un temperamento emocionalmente desbocado. Vivía un tórrido romance con Nicole Scherzinger que terminó por desestabilizarle.

Su vida emocional subterránea empezó a aflorar con su paso a Mercedes y la separación de su padre, Anthony, que dejó de guiar su carrera. Alejado de la asfixiante disciplina de Ron Dennis, Toto Wolff supo dar rienda suelta a una personalidad llena de inquietudes y más sensible de lo que se exteriorizaba en sus primeros años en la Fórmula 1.

Mercedes arrasaba con la tecnología híbrida desde 2014 y la vida le sonreía. Aunque el duelo con su compañero y amigo de la infancia, Nico Rosberg, provocó otra de las etapas más tensas de su carrera. En 2016 fue batido por el alemán y rompió su relación con Rosberg, quien se retiró al final de año. Sin embargo, el momento más crítico para Hamilton llegó con el primer título de Max Verstappen y el polémico final en Abu Dabi 2021. El británico llegó a plantearse la retirada a final de aquel año. Hoy, el reto es muy diferente.

Un temperamento sensible y emotivo

Hamilton muestra un alto componente emotivo y sensible que ha debido gestionar desde su infancia en la dureza de la competición. Siempre, con una necesidad de aceptación y validación desde sus humildes orígenes sociales. Durante años se vio obligado a reprimir un mundo interior de alto octanaje emocional. En el otro lado, Alonso y Verstappen son perfiles coráceos, asertivos, duros, binarios, y en ocasiones ásperos. Y si no, lo ocultan magníficamente.

“Cuando tenía veintitantos años, pasé por etapas muy difíciles. He tenido problemas de salud mental toda la vida. Depresión. Desde muy temprana edad, los 13 años. Creo que era la presión de las carreras y las dificultades en la escuela, el acoso escolar, no tenía con quién hablar” explica el piloto de sí mismo. “Estás aprendiendo sobre las cosas que te han transmitido tus padres, notando esos patrones, cómo reaccionas ante las cosas, cómo puedes cambiarlas. Así que lo que me enojaba en el pasado ya no me enoja. Soy mucho más refinado”.

Por el camino de la Fórmula 1, Hamilton ha combinado el autodescubrimiento con otras actividades que le han servido de territorio de exploración personal: la moda, la música, y ahora, la producción cinematográfica. Se ha prestado a causas como el Black Live Matters o se ha involucrado en programas y fundaciones para la inclusividad social. Se ha dotado de un sentido de misión vital: “La forma en que se percibe a los deportistas como si solo hicieran una cosa... Me preguntaba, todas estas victorias, ¿qué significan realmente si no puedes tener un impacto? ¿Si no puedes ayudar a cambiar las cosas para bien?”.

¿El temor último de Lewis Hamilton?

El británico ha reconocido que durante la pandemia comenzó a meditar como instrumento de equilibrio, un hábito ya cotidiano en sus rutinas. Por encima de todo, el Hamilton actual pretende ser fiel a sí mismo y a su ‘core’ emocional. De aquí ese piloto hundido de Montmeló. Digno de elogio por la lealtad a sus emociones, pero también vulnerable en un mundo implacable. El próximo Gran Premio de Canadá no será otro gran premio cualquiera.

Aunque para pilotos ya en su cuarentena como Hamilton o Alonso, Nico Rosberg ponía el dedo en la llaga en Montmeló con algo quizás atormente al británico en su inconsciente más profundo. “Lo que estamos experimentando de Lewis en este momento es una continuación de sus actuaciones del año pasado. George Russell solía tener la ventaja, y eso continúa ahora en Ferrari. Siempre le falta ese último punto crucial de ritmo”, explicaba el alemán.

"Mi intuición me dice que, incluso siendo el piloto más exitoso de todos los tiempos, en algún momento no eres tan rápido como antes. Hablamos de la edad. Y cuando tienes 40 años, ese momento llega inevitablemente”. ¿Es el íntimo y último temor de Lewis Hamilton?

Lewis Hamilton lucía como un velero emocionalmente desarbolado al terminar el pasado Gran Premio de España. El británico tocaba fondo, demudado ante la falta de sintonía con su monoplaza, personalizando la desesperanza más aguda vista en su carrera deportiva. "La peor carrera en la que he participado en mi vida”. “No he aprendido nada de estas tres carreras”, “¿qué quieres que te diga? Acabo de tener un día pésimo y no tengo nada que decir, fue terrible”. "Solo quiero irme a casa". En el corralito de Montmeló el británico logró contener las lágrimas, pero no sus emociones.

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