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Carlos Sainz sacó la calculadora para conseguir el podio, pero aparcó el corazón
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UNA CARRERA SIN BRILLO

Carlos Sainz sacó la calculadora para conseguir el podio, pero aparcó el corazón

Como el propio piloto admitió al acabar, no fue una buena carrera para él, pues corrió sin confianza y con muchos temores a cometer un fallo que resultara definitivo

Foto: Carlos Sainz, al término del Gran Premio de Singapur. (EFE/EPA/Tom White)
Carlos Sainz, al término del Gran Premio de Singapur. (EFE/EPA/Tom White)
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La honestidad de Carlos Sainz admitiendo que su anodina prestación durante el Gran Premio de Singapur era cosa suya y no del coche le honra. Sería fácil haber buscado algún problema o excusarse en problemas ajenos, pero le hubiera restado credibilidad, porque en determinadas fases demostraba ser capaz de ir igual de rápido que los pilotos de cabeza. Cuando esto ocurre, es la señal más clara de que no hay un problema técnico, sino de confianza para ir al límite en situaciones de pista complicadas.

En el momento en que has agotado tu límite de comodines en forma de errores al principio de la temporada, no quieres ya más meteduras de pata que te vuelvan de nuevo a la casilla de salida. Mejor un 'mal tercer puesto' que acabar estampado contra el muro por intentar hacer algo especial, debió de decirse el piloto español. Max Verstappen cometió errores, Lewis Hamilton cometió errores, incluso su compañero de equipo Charles Leclerc cometió errores al final de la carrera después de una excelente actuación. En un día difícil y sin margen para el error, la confianza se merma y de ahí la falta de brillo en su actuación.

"No me encontraba con confianza, porque no he ido cómodo en toda la carrera, bastante había ya con mantenerse en pista y no cometer errores —admitía Sainz—, lo único positivo es que no hemos cometido ningún error, hemos hecho una buena salida y eso nos ha hecho acabar en el podio, pero desde dentro la carrera ha sido sufrida". Sí, el lograr un podio en un día malo es la lectura más positiva que puede hacerse, pero ante la diferencia de ritmo entre Leclerc y Carlos, todos nos preguntábamos si no habría algún problema de neumáticos o reglajes. Pero no había tal excusa. A pesar de que la entrada de dos 'safety cars' le daba oportunidad al madrileño de reengancharse, rápidamente se quedaba descolgado.

Sin ritmo en toda la carrera

Cuando fue preguntado Carlos, si estuvo tentado de hacer una estrategia diferente ante la dificultad de seguir el ritmo de cabeza, el de Ferrari admitió que prefirió ir sobre seguro y amarrarse lo más posible a la tercera plaza del podio: "Yo estaba más por la labor de poner el 'slick' [neumático de seco] lo antes posible, pero también es verdad que no había nada en juego, porque de hecho había mucho más que perder que de ganar poniendo los 'slicks', quizá si hubiera valido la pena asumir más riesgos, pues me la hubiera jugado, pero yendo solo como iba no tenía mucho sentido".

Hubo solo un momento en la carrera que resultó bastante crítico, cuando Lewis Hamilton empezó a atacar muy de cerca a Carlos en la fase definitiva de la transición entre el neumático intermedio de lluvia y los neumáticos de seco. Mercedes tenía buena información porque ya habían metido la pata una vez precipitándose en el cambio de goma con George Russell, pero hoy no era el día ni para Hamilton ni para su equipo, y gracias a sus errores el español pudo asegurarse pisar cajón.

Aunque un podio siempre es algo que celebrar, Sainz era el primero en interiorizar que su actuación había estado muy por debajo de las expectativas y así se lo hizo saber a los miembros de su equipo en la misma vuelta de deceleración tras pasar la bandera de cuadros a través de la emisora: "Lo siento chicos, estaba pasándolo mal, no estaba nada cómodo". Es normal no estar cómodo en una pista deslizante que lentamente se va secando, porque cada vuelta tienes que ir descubriendo e imaginando dónde está el límite de la adherencia. Todos los errores que cometió Carlos al principio de la temporada tenían su origen en la súbita pérdida de agarre del tren trasero, y solo con mucho trabajo pudo poco a poco tener la confianza para saber dónde estaba el límite del coche… pero en condiciones de seco.

placeholder Solo al final de carrera con la pista casi seca se pudo ver la mejor versión de Sainz. (Reuters/Edgar Su)
Solo al final de carrera con la pista casi seca se pudo ver la mejor versión de Sainz. (Reuters/Edgar Su)

Lo difícil del territorio desconocido

Puede resultar paradójico, porque sobre lluvia Carlos ha logrado ser muy rápido, pero eso tiene una explicación, porque tanto la conducción como las reacciones del coche adquieren una dimensión radicalmente distinta a las de seco. El problema viene cuando entramos en ese territorio gris en que la pista no está seca ni mojada, sino en ese desconocido espacio intermedio donde el cuerpo te empieza a pedir marcha, pero la física en muchas zonas del circuito no te permite alegrías. El hecho de que el secado de la pista fuera muy lento y, sobre todo, poco uniforme a lo largo del trazado hacía todo mucho más complicado.

"Lo que enamora a un 'tifosi' es ver a un Leclerc asumiendo riesgos como hizo"

"Una carrera muy dura, en una pista muy rara —se lamentaba Carlos—, ha tardado mucho en secarse, incluso al final después de tantas vueltas seguía habiendo tramos que estaban mojados, así que era muy fácil cometer errores y al final lo bueno es que no se han cometido esos errores. Siempre estaba pasándolo mal con la parte trasera del coche, me faltaba confianza y por eso opté por conservar la tercera plaza, pude ser más rápido hacia el final de la carrera, cuando empecé a tener más confianza en el coche". Esa afirmación final del madrileño daba la clave: cuando se salía de 'territorio comanche' y se entraba en terreno conocido, la confianza volvía y con ello los buenos tiempos por vuelta.

Siempre es ventajista juzgar la labor de un piloto viendo los toros desde la barrera, pero aunque sea totalmente comprensible que Carlos haya optado por la prudencia en lugar de asumir riesgos, el madrileño tiene que ser consciente también de que lo que enamora a un 'tifosi' es ver a un Leclerc asumiendo riesgos como hizo ayer en Singapur. Lo mismo cabe decir con ese sector de la prensa que exige machaconamente a Ferrari que le asigne a él un rol de escudero en el equipo. En los días difíciles es cuando está la mejor oportunidad para callar bocas, y si ese día no apareces, es inevitable que los corazones ganen a las calculadoras.

La honestidad de Carlos Sainz admitiendo que su anodina prestación durante el Gran Premio de Singapur era cosa suya y no del coche le honra. Sería fácil haber buscado algún problema o excusarse en problemas ajenos, pero le hubiera restado credibilidad, porque en determinadas fases demostraba ser capaz de ir igual de rápido que los pilotos de cabeza. Cuando esto ocurre, es la señal más clara de que no hay un problema técnico, sino de confianza para ir al límite en situaciones de pista complicadas.

Charles Leclerc Fórmula 1 Singapur
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