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Jean Pierre Jarier: el 'saltarin' francés de la Fórmula 1 que incumplió todas las promesas
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UN TALENTO CON POCA CABEZA

Jean Pierre Jarier: el 'saltarin' francés de la Fórmula 1 que incumplió todas las promesas

Todos pensaban que el piloto parisino iba a ser el primer campeón del mundo francés de la historia, pero su innegable talento se disolvió en multitud de errores y malas decisiones

Foto: El piloto francés Jean Pierre Jarier (Instagram J.P. Jarier)
El piloto francés Jean Pierre Jarier (Instagram J.P. Jarier)

Aquel que tenga hoy en día la oportunidad de cruzarse con Jean Pierre Jarier (Charenton-le-Pont, Francia, 10 de julio de 1946) en un circuito, sospechará enseguida por qué no llegó a ser campeón del mundo a pesar de su innegable talento. A pesar de haber superado ya los setenta y cinco años, sigue tan bromista, jovial y despreocupado como si fuera un adolescente. Su oronda figura delata, por otra parte, que tampoco es que se cuide mucho físicamente. Es uno de esos casos claros de genio y figura hasta la sepultura. Siempre fue así y, a pesar de haber tenido una carrera deportiva muy por debajo de las expectativas, tampoco ha perdido el buen humor, ni habla nunca con rencor de su pasado.

"Mi carrera fue un fracaso", aseveraba Jarier entre risas en una reciente entrevista. Realmente es un juicio demasiado duro de uno mismo, porque el piloto francés atesora un palmarés internacional bastante decente y más de diez años de presencia en Fórmula 1. Pero es cierto que para alguien que le fue ofrecido un volante en Ferrari apenas un año después de su debut, salir de la máxima categoría por la puerta de atrás sin una sola victoria tiene un regusto, cuando menos, amargo. Lo mismo pasó con sus incursiones en el mundo de la resistencia, porque ganó un buen número de carreras, pero varias veces se quedó a las puertas de ganar las 24 horas de Le Mans.

Jarier fue el caso claro de 'Maverick' de su época, porque entre su alocado carácter y la falta de alguien sensato a su lado, fue un auténtico especialista de estar en el lugar equivocado en el momento inoportuno. A finales de 1973, por ejemplo, fue invitado por Enzo Ferrari a conocer Maranello y hubo negociaciones para incorporarse al equipo en 1974. El 'Commendatore' había quedado muy impresionado con el partido que era capaz de sacar a su poco competitivo March, pero cuando se enteró de que tenía que pagar una compensación a Max Mosley (dueño de March en aquella época) se echó atrás y fichó a Niki Lauda, que era agente libre en esos momentos.

placeholder Jarier (dcha), junto a su buen amigo Jacques Laffite. (Facebook/J.P. Jarier)
Jarier (dcha), junto a su buen amigo Jacques Laffite. (Facebook/J.P. Jarier)

Despreocupado y sin buenos consejeros

Seguramente, con un buen manager al lado nunca habría firmado un acuerdo leonino como el que firmó con Mosley, que para más inri luego le dejó en la estacada al retirarse como equipo oficial de la Fórmula 1. Pero el mismo Jarier reconocía que como lo único que le interesaba era correr, firmaba cualquier cosa sin pensar más allá del día siguiente. Después de la jugarreta de Mosley, encontró acomodo en el equipo Shadow, que no era Ferrari, pero tenían un buen patrocinador y un buen coche diseñado por Tony Southgate. En su primera temporada sumó su primer podio y varios buenos resultados y en 1975 se hablaba de él como un posible candidato al título.

Ese año, Jarier comenzó la temporada en tromba, marcando la 'pole position' en la primera carrera en Argentina y liderando con comodidad la segunda carrera en Brasil, hasta que una avería mecánica le privó de su primera victoria. Nunca se sabrá si de no haber sufrido aquel fallo en su coche hubiera vencido en aquel Gran Premio, pero la exhibición que dio aquel día en Interlagos ya daba pistas también de por qué fallaba algo en su cerebro para ser considerado un potencial campeón del mundo. De entrada, Jarier parece que se saltó la salida y la ausencia de fotocélulas en la época le salvó de una penalización. Posteriormente, una vez instalado en el liderato, empezó a tirar con un ímpetu descomunal, obteniendo una ventaja tal que eran muchos desde el muro de boxes los que se cuestionaban si el coche o los neumáticos iban a soportar el sobreesfuerzo.

Seguramente con alguien sensato a su lado de nuevo, le habría hecho ver que las carreras se ganan igual por un segundo que por un minuto. Pero pensar al volante nunca fue la mejor especialidad de Jarier, porque él era siempre pasión y ansiedad. Hubo otras ocasiones donde podría haber obtenido un triunfo de haberle favorecido las circunstancias, pero también el equipo Shadow no ayudó al comenzar un declive que terminó con su disolución en 1978.

Seguramente con alguien sensato a su lado de nuevo, le habría hecho ver que las carreras se ganan igual por un segundo que por un minuto

A partir de ahí, se vio envuelto en varias polémicas, porque fue despedido en dos ocasiones de su nuevo equipo, el ATS del impredecible (por decirlo suave) magnate alemán Günther Schmid. Sin embargo, también tuvo su polémica fuera de los circuitos porque su nombre se rumoreó como el del 'piloto fantasma' de la película de Claude Lelouch 'Rendez-Vous', donde un coche atraviesa al amanecer todo París a más de 200 kilómetros por hora, saltándose semáforos y llevando la temeridad al límite.

Nunca se pudo demostrar aquello y el propio Lelouch afirmó que fue él mismo el que iba al volante, pero el hecho de que surgiera el nombre de Jarier es significativo, porque eran muchos los que pensaban que al único piloto de Fórmula 1 francés al que se le podía ocurrir participar en aquella chaladura era a Jarier. Sin embargo, años después, el piloto francés sí tuvo una relación 'legal' con el mundo del celuloide, porque participó como especialista en las espeluznantes escenas de persecución policial de la película 'Ronin'. Genio y figura: ¿recuerdan?

Regresando a la Fórmula 1, después de ser despedido definitivamente de ATS fue llamado por Colin Chapman para sustituir al fallecido Ronnie Peterson en las dos carreras finales de la temporada. Sin conocer el coche, rodaba en tercera posición y remontando cuando se quedó sin gasolina en las vueltas finales, no sin antes haber marcado la vuelta rápida en carrera un segundo y medio más rápido que el resto. En la siguiente carrera, en Canadá, hizo la 'pole' y lideró la carrera con un margen amplísimo... hasta que se quedó sin frenos. Ahí se acabarían sus últimas opciones de vencer en Fórmula 1 ejemplificando mejor que nadie el famoso dicho de Ron Dennis, de que "para acabar primero, primero hay que acabar".

Un final no acorde a su talento

Ken Tyrrell, impresionado por las demostraciones de talento, lo fichó como teórico líder de su escudería homónima para las siguientes dos temporadas. Sin embargo, coincidió con el inicio de la decadencia del que otrora fuera uno de los mejores equipos. Williams, que para 1982 era uno de los mejores equipos del momento, contactó con Jarier para sustituir a Reutemann que se había retirado de forma repentina a raíz de la guerra de las Malvinas. Sin embargo, de nuevo perdió la oportunidad de estar con un coche ganador, porque a última hora había firmado con el equipo Osella, que tenía uno de los peores coches de la parrilla.

La cadena de despropósitos se cerró en 1983, cuando fichó por el equipo Ligier, que pasó de haber luchado por el Mundial dos años antes a un declive espectacular donde los triunfos ahora eran poder clasificarse para la carrera. Fruto quizá de la frustración ante el cúmulo de oportunidades perdidas, empezó a abandonarse físicamente y a conducir de forma errática y, a menudo, antideportiva. Famoso fue un episodio donde deliberadamente fue a fastidiar la carrera a su compatriota Patrick Tambay, corroído por la envidia de ver cómo otro parisino ganaba carreras con Ferrari mientras él languidecía al fondo del pelotón.

Demoledora fue la frase de James Hunt cuando dijo "Jarier tiene la edad mental de un niño de diez años, está fuera de lugar y no se le debería permitir correr más en Grandes Premios". Para el 'saltarín', que es como era conocido por su afición a saltar por encima de los bordillos y sus continuos cambios de equipo, a pesar de su inmenso talento, la Fórmula 1 ya le venía grande.

Aquel que tenga hoy en día la oportunidad de cruzarse con Jean Pierre Jarier (Charenton-le-Pont, Francia, 10 de julio de 1946) en un circuito, sospechará enseguida por qué no llegó a ser campeón del mundo a pesar de su innegable talento. A pesar de haber superado ya los setenta y cinco años, sigue tan bromista, jovial y despreocupado como si fuera un adolescente. Su oronda figura delata, por otra parte, que tampoco es que se cuide mucho físicamente. Es uno de esos casos claros de genio y figura hasta la sepultura. Siempre fue así y, a pesar de haber tenido una carrera deportiva muy por debajo de las expectativas, tampoco ha perdido el buen humor, ni habla nunca con rencor de su pasado.

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