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El portazo de Vettel como símbolo de la poco inocente rebelión de los pilotos contra la FIA
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DURAS CRÍTICAS A LA AUTORIDAD

El portazo de Vettel como símbolo de la poco inocente rebelión de los pilotos contra la FIA

Se veía venir que el envalentonamiento de los pilotos contra la autoridad deportiva iba a tener consecuencias si se transmitía debilidad. Ahora, empiezan a verse las consecuencias

Foto: Vettel, desde hace tiempo, ha decidido no callarse. (Reuters/Leonhard Foeger​)
Vettel, desde hace tiempo, ha decidido no callarse. (Reuters/Leonhard Foeger​)

En el automovilismo, es algo casi consustancial que los comisarios deportivos y el director de carrera estén condenados a ser blanco de las críticas y, rarísima vez, a que se reconozca su labor. Cuando el ente arbitral sanciona con rigor siguiendo la letra del reglamento, es criticado por 'matar el espectáculo'; cuando abren un poco la mano, son criticados por 'blandos' o tener favoritismos. Es la misma lógica del fútbol. El mismo penalti se juzga como piscinazo o como entrada criminal según sople el viento.

El portazo de Vettel en el 'briefing' del Gran Premio de Austria es el mejor ejemplo de que a los pilotos y a su entorno hay que hacerles el caso justo en sus quejas. A veces, tienen razón y, otras, no la tienen, pero por si suena la flauta, se quejan siempre. Lo que no es admisible es que cuando estén en desacuerdo, rompan la baraja y ejerzan un papel que no les corresponde. Nada fue más visible en esta progresiva pérdida de papeles hacia el respeto a la autoridad que la final del campeonato del mundo del año pasado. Allí, veíamos con asombro alternar los disparos con bala contra el exdirector de carrera Michael Masi: a veces, desde la trinchera de Max Verstappen y, otras, desde la de Lewis Hamilton. Con total impudicia se cuestionaba interna y públicamente en el paddock cualquier acción u omisión a la hora de arrimar el ascua a su piloto.

Foto: McLaren anunciaba en la noche del martes el sorprendente aunque buscado fichaje de Palou (Alex Palou Twitter)

A lo largo de la temporada pasada, los errores se alternaron con uno y otro piloto y no sería justo concluir que a Hamilton le robaron el Mundial o que a Verstappen se lo regalaron. Por este triste precedente, es clave que los comisarios y el director de carrera estén protegidos y aislados de todo el barullo y presiones externas. Se puso entonces demasiado el foco en una supuesta incompetencia de Michael Masi y muy poco en las inaceptables presiones que recibía en tiempo real por la radio, en la falta de medios y, especialmente, en la falta de directrices claras por parte de la verdadera autoridad: la presidencia de la FIA.

Jean Todt abandonaba justo en esas fechas el sillón presidencial y trasladaba los bártulos (y el marrón) al recién elegido presidente Mohamed Ben Sulayem, que lideraba la candidatura rival a la continuista del inglés Graham Stoker. El lobby británico, cuál Salomé a Herodes, pidió la cabeza de Michael Masi para desagraviar a su piloto Lewis Hamilton y ahí, Ben Sulayem cometió su primer y grave error. Nunca debería haberse plegado a las presiones, porque tendría que haber protegido a Masi y haber destacado que él no tenía responsabilidad alguna en el asunto. Y, en todo caso, destacar los muchos errores en procesos y medios de la anterior presidencia.

placeholder El final del pasado Mundial dio paso a malos precedentes. (Reuters/Mika Hart)
El final del pasado Mundial dio paso a malos precedentes. (Reuters/Mika Hart)

Un mal precedente

Al ceder ante la presión, se abrió la peor espita que puede haber en una competición motorística, como es la de cuestionar el principio de autoridad de la dirección de carrera. Los pilotos, jefes de equipo, medios de comunicación y aficionados en general ya saben que los comisarios y el director no son invulnerables y que el hecho de que se conviertan en muñecos del 'pim, pam, pum' sale gratis. Y lo peor de todo es que se genera un debate bajo unas premisas equivocadas, porque la autoridad deportiva lo que hace es aplicar un reglamento. Ellos no lo han redactado, ellos simplemente aplican.

Niels Wittich (actual director de carrera) no ha redactado un reglamento acerca del uso de joyería metálica cuando se pilota. Puede tener razón Lewis Hamilton cuando dice que esta norma es una estupidez y que otros pilotos estén acertados cuando le secundan. Pero lo que tendrían que hacer no es criticar al director de carrera por aplicar una norma existente, sino trabajar con argumentos científicos para cambiar esa normativa. Lo mismo sucede cuando Sebastián Vettel daba ese portazo en el 'briefing' porque está harto de hablar de cosas que no cree que sean importantes, como los límites de pista. ¿Decide él qué es importante y qué no?

placeholder Mohamed Ben Sulayem (FIA) y Stefano Domenicali (F1). (EFE/EPA/Ronald Wittek)
Mohamed Ben Sulayem (FIA) y Stefano Domenicali (F1). (EFE/EPA/Ronald Wittek)

Quizá el director de carrera haya visto que es el momento de meter a los pilotos en cintura y no tolerar más las faltas de respeto o cuestionamiento de su autoridad, integridad y competencia. De momento, han sancionado con 25.000 euros al alemán por su salida de tono y abandono del 'briefing', multa suspendida a cambio de que no vuelva a repetirse. Pero, de nuevo, la mano izquierda es mala consejera, porque las faltas de respeto a la autoridad deportiva hay que cortarlas de raíz. Y no porque los pilotos no tengan razón, que a menudo podrían tenerla, sino porque el edificio se construye respetando a la autoridad.

Al mismo Fernando Alonso debería haberle caído una buena sanción por llamar incompetentes a los comisarios en Miami. Quizá se lo habría pensado dos veces antes de criticar tan abiertamente la decisión de los comisarios en Silverstone de no sancionar los movimientos en recta de Charles Leclerc. Y, probablemente, tenga razón el asturiano en sus quejas, pero los trapos sucios no se airean en público. Primero, porque si la FIA deja a dirección de carrera y a los comisarios a los pies de los caballos, el único recurso que les queda es tomar la matrícula al piloto y devolverle el golpe en cuanto puedan. Y segundo, porque el problema sigue siendo de falta de directrices claras y de recursos técnicos para tomar decisiones, no de incompetencia.

Falta de medios

Véase como ejemplo el absurdo que es que el tenis regule con precisión absoluta los límites de la pista con la tecnología heredada de la Fórmula 1 del 'ojo del halcón' y que la propia F1 carezca de un sistema de detección automática de salida de pista. A Roberto Merhi le sancionaron con cinco segundos en su retorno en Austria a la Fórmula 2 y dirección de carrera fue incapaz de aportar la prueba definitiva de si hubo o no sobrepaso en el límite. ¿Es admisible esto, en el deporte más tecnológico del mundo, en 2022?

Ahí es donde los pilotos y equipos deben de gastar sus energías para exigir sistemas y procesos que faciliten la vida a los comisarios. Para esto sirven (o deberían servir) organizaciones como la asociación de pilotos GPDA o la voz de los equipos en la elaboración de los reglamentos. Liberty Media, como promotor, da la impresión de no ser del todo inocente, porque cada vez más cunde la sospecha acerca de las presiones que ha ejercido sobre la FIA, para que dirección de carrera rebajara la mano dura con la que empezó la temporada. No se entiende sin una llamada 'de arriba' el progresivo ablandamiento, que ha acabado provocando toda esta ola actual de inconsistencias en las decisiones, con sus correspondientes reproches y críticas.

placeholder Michael Masi abandona definitivamente la FIA. (F1)
Michael Masi abandona definitivamente la FIA. (F1)

El problema está arriba

Este lunes se anunció que Michael Masi abandona definitivamente la FIA, seguramente desencantado con todo lo que lleva viviendo desde hace un año hacia acá. Es un sarcasmo que muchos de los que en el paddock pidieron en su momento la destitución de Masi ahora le echaran de menos y pidieran su vuelta. Quizá se han dado cuenta de que el problema no está en su competencia ni en el ente arbitral que le acompañaba, sino más arriba.

Si Mohamed Ben Sulayem quiere conservar su silla, debería fijarse en un antecesor en su puesto llamado Jean Marie Balestre. Una persona de dudoso ejemplo para muchas cosas, pero que supo hacer valer el principio de autoridad deportiva. El mismísimo Ayrton Senna se la tuvo que envainar e hincar la rodilla ante la FIA después de su cuestionamiento de la competencia y honorabilidad de los oficiales. "Cuidado con darle a los pilotos la mano, que te arrancarán el brazo", acostumbraba a decir Balestre. A tomar nota.

En el automovilismo, es algo casi consustancial que los comisarios deportivos y el director de carrera estén condenados a ser blanco de las críticas y, rarísima vez, a que se reconozca su labor. Cuando el ente arbitral sanciona con rigor siguiendo la letra del reglamento, es criticado por 'matar el espectáculo'; cuando abren un poco la mano, son criticados por 'blandos' o tener favoritismos. Es la misma lógica del fútbol. El mismo penalti se juzga como piscinazo o como entrada criminal según sople el viento.

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