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Hamilton, el gran villano que se merece la Fórmula 1 (pese al mal perder de Toto Wolff)
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La derrota más dura del inglés

Hamilton, el gran villano que se merece la Fórmula 1 (pese al mal perder de Toto Wolff)

El subcampeón del Mundial rozó el octavo título de su casillero. Mercedes trató de ganarlo en los despachos con protestas y desaires de Toto Wolff en el Gran Premio de Abu Dabi

Foto: Lewis Hamilton, tras el GP de Abu Dabi. (EFE/Kamram Jebreili)
Lewis Hamilton, tras el GP de Abu Dabi. (EFE/Kamram Jebreili)

"Hemos trabajado muy duro. Ha sido la temporada más difícil, estoy orgulloso del equipo. Dimos todo y nunca nos rendimos". Las palabras de Lewis Hamilton a su compatriota Jenson Button las pronunció al borde de las lágrimas. El piloto británico, siete veces campeón del mundo, perdió la que iba a ser su octava corona en la última vuelta de Abu Dabi. La estrella de Mercedes fue el más rápido sobre la pista —prueba de ello era la incapacidad de Max Verstappen de restarle segundos en la persecución durante el tramo final de la prueba, a pesar de llevar neumáticos nuevos— y, de no ser por el accidente de Nicholas Latifi, el Gran Premio habría terminado con una incontestable victoria. La moneda, esa que tantas veces cayó del lado del inglés, mostró cruz.

Foto: El flamante campeón de la Fórmula 1, Max Verstappen. (Irene de Pablo)

Tardó varios minutos en quitarse el casco Hamilton, incrédulo por lo que acababa de vivir. La decisión de Mercedes de no actuar tras el accidente del piloto canadiense se basaba en confiar en el Safety Car: la carrera debía de terminar tras las luces amarillas del coche. Habría sido el final más descafeinado posible para una temporada histórica, la mejor en décadas, pero quién quiere épica cuando levantas tu octavo título del mundo. El británico solo alcanzaba a preguntar por radio la situación. En la cabina de Mercedes, Toto Wolff perdía los papeles y la voz forzando a la FIA a tomar una decisión que les beneficiase. Eran plenamente conscientes de que Verstappen y sus neumáticos blandos solo necesitaban dos curvas para pasar por encima a Lewis.

Genio, figura y señalado

A nadie deja indiferente el piloto inglés. El aficionado automovilístico español no olvida su duelo con Fernando Alonso en 2007 —ni la actuación de McLaren en la lucha de poder de ambos pilotos—. Tan indiscutible es el talento de Hamilton en la conducción como las dudas que deja su candidatura a ‘The Greatest of All Time’. En sus siete campeonatos del mundo, la diferencia de poderío de su monoplaza con sus rivales estaba fuera de toda duda a excepción del año 2008, cuando un punto le separó de Felipe Massa. Temporada en la que se convirtió en el campeón más joven de la historia de la competición, por cierto.

placeholder Verstappen y Hamilton, en la entrega de premios. (Reuters/Hamad I Mohammed)
Verstappen y Hamilton, en la entrega de premios. (Reuters/Hamad I Mohammed)

Hamilton apabulló a sus rivales llegando a conseguir cuatro Mundiales consecutivos en los que no hubo rival. Pero el runrún sobre su verdadero nivel comparado con los Senna, Lauda, Piquet y compañía estaba ahí. Acrecentado por sucesos como su derrota frente a Nico Rosberg, el que era teórico segunda espada en Mercedes en 2016. Su reinado coincidió con una alarmante falta de competitividad en la Fórmula 1 que amenazaba seriamente al Gran Circo. Tampoco ayudaron en su imagen las controvertidas decisiones por parte de la FIA a su favor durante toda su carrera (inolvidable la grúa del Gran Premio de Europa en 2007, una situación que todavía genera debate para la afición).

Fuera de la pista, la faceta del británico se fue revolucionando. Lewis abrazó la fama de deportista en formato estrella del pop. Habitual del 'cuore' por su vida personal, amante y apasionado de la moda, abanderado de la lucha contra el cambio climático (con todas las contradicciones que esto supone para un heptacampeón de un deporte de motor)… Y cualquier lugar común de la 'jet set' que se puedan imaginar. Todo ello regado por un aluvión de quejas vía radio cuando las cosas no le salían a la perfección, mostrando una inseguridad que alimentaría sus ganas de seguir compitiendo.

Y llegó ‘Mad’ Max

A pesar de su extensa colección de récords, 2021 podía dar a Hamilton el que más ansiaba, superar a Michael Schumacher como piloto más laureado en títulos de toda la historia. A diferencia de los años anteriores, pronto se vio que esta vez Red Bull tenía coche para hacer frente a Mercedes. Durante tramos de la temporada, incluso mostrando superioridad. Por supuesto, los Toto Wolff y compañía se guardaban muchos ases en la manga y en las últimas carreras el W12 fue un auténtico avión sobre el asfalto que permitió la (casi) remontada del piloto británico.

Enfrente estaba Max Verstappen, intrépido, agresivo, gamberro y con mala baba. Su estilo de pilotaje, unido a la máxima de cualquier deporte de que nada da más gusto que ver al gran campeón caer, le convirtió en el favorito del público. Solo Reino Unido y circuitos ‘de la casa’ como el de São Paulo seguían apoyando al cien por cien a Lewis. Por primera vez en muchos años, sintió la presión sobre sus hombros. Esta vez no solo iba a mirar por el retrovisor al buscar a su rival.

Foto: Verstappen y Norris, por este orden, son los favoritos para los aficionados a nivel global en la encuesta de la F1

El increíble final de temporada en Abu Dabi llegó empañado por una reprochable campaña de medios británicos contra Max Verstappen, al que se le llegó a solicitar en la prestigiosa revista ‘Autobild’ que no se estrellara contra Hamilton por el bien del espectáculo. Nada más empezar el Gran Premio, la primera en la frente. Polémica maniobra del inglés para superar a su rival. Investigación de la FIA. Sigan, aquí no hay nada que ver. Después, Safety Car virtual tras quedarse Antonio Giovinazzi tirado, la radio de Mercedes resuena en la retransmisión después de ver cómo Red Bull opta por ir a boxes para acercarse a un Hamilton con mucho más ritmo. La voz que habló es de Toto Wolff: “Michael [Massi], por favor, no Safety Car”.

Sería un coche de seguridad el que decantaría la balanza, no por Giovinazzi sino por Latifi. Las quejas de Wolff llegarían en forma de pitidos (y lo que no se habrá oído) y en protesta formal. Mercedes pidió la suspensión de la última vuelta y, por tanto, reclamó el campeonato para Hamilton. Argumentaron irregularidades de los comisarios en el proceso del Safety Car —dirección de carrera optó por permitir que el título se decidiese en pista— y numerosos adelantamientos de Verstappen a su piloto antes de tiempo. Ambas fueron desestimadas unas horas después del término de la carrera.

placeholder Verstappen celebra su primer campeonato. (EFE/Ali Haider)
Verstappen celebra su primer campeonato. (EFE/Ali Haider)

Mercedes, la escudería más dominante de la década (ocho Mundiales de constructores consecutivos y siete de pilotos), quería decidir el título en los despachos. Si la competición necesitaba un relato para volver a enganchar al espectador, ‘Mad’ Max era el protagonista idóneo de la película. Ni el mejor equipo de guionistas habría diseñado un antagonista mejor que Lewis Hamilton y la escudería alemana. Y eso es de agradecer.

La decepción de Hamilton fue mayúscula. Quién sabe si tendrá tan cerca el octavo campeonato del mundo con que superar a Michael Schumacher. La próxima temporada se antoja como un nuevo punto de partida con el cambio de reglamento. Además, a su lado no estará un fiel escudero como Valteri Bottas, sino un talento británico de categoría como George Russell (quien, por cierto, abrazó a Mercedes con una sonada rajada en redes sociales asegurando que la actuación de la FIA era “inaceptable”).

En su “temporada más difícil”, Lewis Hamilton elevó su conducción hasta rozar con la punta de los dedos el título, incluyendo históricas carreras como su magistral actuación en Interlagos, donde remontó desde la décima posición hasta ganar. Honor para el británico, ese gran villano que se merece la Fórmula 1.

"Hemos trabajado muy duro. Ha sido la temporada más difícil, estoy orgulloso del equipo. Dimos todo y nunca nos rendimos". Las palabras de Lewis Hamilton a su compatriota Jenson Button las pronunció al borde de las lágrimas. El piloto británico, siete veces campeón del mundo, perdió la que iba a ser su octava corona en la última vuelta de Abu Dabi. La estrella de Mercedes fue el más rápido sobre la pista —prueba de ello era la incapacidad de Max Verstappen de restarle segundos en la persecución durante el tramo final de la prueba, a pesar de llevar neumáticos nuevos— y, de no ser por el accidente de Nicholas Latifi, el Gran Premio habría terminado con una incontestable victoria. La moneda, esa que tantas veces cayó del lado del inglés, mostró cruz.

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