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Carlos Sainz, como el boxeador renqueante que saca el gancho en el momento clave
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RESULTADO MÁS QUE TRABAJADO PARA EL ESPAÑOL

Carlos Sainz, como el boxeador renqueante que saca el gancho en el momento clave

Carlos Sainz no lograba entrar en juego durante los entrenamientos clasificatorios del GP de México. A trompicones, llegó hasta el Q3, donde logró su mejor vuelta al último intento

Foto: Carlos Sainz, en plena acción. (EFE/José Méndez)
Carlos Sainz, en plena acción. (EFE/José Méndez)

“Una de las qualis más agitadas y estresantes de mi carrera”. Así definía Carlos Sainz los entrenamientos clasificatorios del GP de México. El viernes no terminó de coger el punto al SF21 a pesar del potencial que parecía ofrecer a priori en el Hermanos Rodríguez. Y el sábado, en los entrenamientos oficiales, el piloto español se asemejaba a ese boxeador que saltaba al ring convencido de su potencial pero que pronto descubrió cómo el combate se ponía de cara. El púgil no conseguía entonarse y lanzaba golpes al aire una y otra vez. Pero cuando el combate parecía perdido, de repente sacó ese gancho decisivo en el momento clave: la última vuelta del Q3, dejando en la lona a su compañero, que le había dominado durante todo el combate.

Si ese jueves pasado le hubieran propuesto a Ferrari y sus pilotos la sexta y la octava posición de parrilla posiblemente se hubieran sentido decepcionados. Pero considerando los sinsabores de los entrenamientos, quizás se den por satisfechos. Ni Sainz ni Leclerc se bajaron satisfechos de sus monoplazas. Sobre todo el español, consciente de haber sufrido más de lo esperado durante toda la sesión. Afortunadamente acertó con ese manotazo cuando más lo necesitaba. Había superado a Leclerc durante todo el fin de semana, pero su rival le había cogido por la mano en los clasificatorios, hasta ese último gancho final. Quizás en carrera no se sufra tanto.

Todo de cara

En el Q1, Sainz se vio afectado por la bandera roja primero, se salía de la pista en el primer intento y entraba en el Q2 cuando sonaba la primera campana con el tiempo justo. Se aupó arriba en la tabla, aunque aprovechando la evolución de la pista. Pero se le notaba entumecido. Al comenzar el Q2 su monoplaza le daba un susto cuando no funcionaba el turbo al salir a la pista. En combinación con su equipo consiguió resetear y activar. Descolocado, era el turno de los neumáticos medios, con los que Ferrari quería pasar al Q3 y utilizarlos en el primer relevo de la prueba. Tampoco conseguía enhebrar la aguja con el compuesto más duro, sin vueltas limpias, aunque también entraba apurado al bloque final.

“Realmente tenía una gran confianza con el coche, aunque no la tuve en la clasificación. En los terceros libres iba bastante cómodo, pero luego perdimos las buenas sensaciones en el Q1 y esto me ha hecho ir despacio en con la media en la Q2. Primero la bandera roja, y, sinceramente, no he hecho ninguna vuelta buena hasta la Q3, e incluso en la vuelta buena sentía como que estaba fuera de ritmo, porque como no había hecho ninguna vuelta buena, y por alguna razón no podía poner vueltas buenas, sectores… Sinceramente, no estoy muy contento con el día de hoy, pero luego ves la posición de salida y no es mala”.

Las sensaciones eran tales que hasta el propio Sainz no creía haber logrado ese crono que le colocaba sexto. “Cuando terminé la vuelta pensé que sería décimo, noveno. Cuando me dijeron que era sexto, estaba un poco más feliz. Esperábamos calificar más fácil de lo que realmente fue”. Como estaba previsto ante el rendimiento de Honda, los Alpha Tauri se convertían en el principal rival para Ferrari, y Gasly consiguió terminar por delante de los dos monoplazas italianos."AlphaTauri jugó el juego de los rebufos y en esta pista vale un par de décimas. Sin embargo, han tenido nuestro ritmo todo el fin de semana, suma las 2 décimas de la pista y es normal que vayan 2 o 3 décimas por delante. Pero aparte de eso, sinceramente, esperaba estar al frente, porque estaba volando en la FP3”.

placeholder Sainz sufrió en los clasificatorios como pocas veces esta temporada. (Efe/José Méndez)
Sainz sufrió en los clasificatorios como pocas veces esta temporada. (Efe/José Méndez)

Más confianza en carrera

Muchos pilotos tampoco podían lograr regularidad en sus intentos. Su compañero Leclerc también vivió una experiencia semejante durante todo el fin de semana aunque en su caso se lamentaba por haber fallado en el último intento. “Ciertamente en el último sector no ayudó tener un coche delante (Tsunoda), pero debo decir que hoy la culpa es mía solo. Solo puedo enfadarme conmigo mismo. En el primer sector todo iba bien e iba una décima y media más rápido que el tiempo marcado en la vuelta anterior. Luego cometí algunos errores que no debería haber cometido en la Q3. Lo siento por el equipo, porque han hecho un gran trabajo desde la FP1. Nunca me he sentido cómodo con el coche, cometí muchos errores en todos los entrenamientos libres. Mientras estaba en la clasificación, finalmente pude encontrar las sensaciones. Fui muy competitivo hasta el error que cometí”. Pero a diferencia de su compañero, falló en la última vuelta.

Sin embargo, Sainz se mostraba algo más confiado para el gran premio. Por un lado, con el ritmo de carrera de las simulaciones del sábado. Por otro, porque Daniel Ricciardo quedaba por detrás del español, y Lando Norris tenía que penalizar. "Hemos ganado a Ricciardo por dos milésimas con una vuelta relativamente mala, y lejos del potencial del coche. Si salimos bien mañana, sabemos que los McLaren salen muy fuerte, al principio tendrán seguramente una ventaja, pero les intentaremos ganar en ritmo de carrera. Estábamos marchando un poco mejor que ellos aquí hasta la quali, así que veremos lo que podemos hacer", avanzaba Sainz para la carrera.

“Una de las qualis más agitadas y estresantes de mi carrera”. Así definía Carlos Sainz los entrenamientos clasificatorios del GP de México. El viernes no terminó de coger el punto al SF21 a pesar del potencial que parecía ofrecer a priori en el Hermanos Rodríguez. Y el sábado, en los entrenamientos oficiales, el piloto español se asemejaba a ese boxeador que saltaba al ring convencido de su potencial pero que pronto descubrió cómo el combate se ponía de cara. El púgil no conseguía entonarse y lanzaba golpes al aire una y otra vez. Pero cuando el combate parecía perdido, de repente sacó ese gancho decisivo en el momento clave: la última vuelta del Q3, dejando en la lona a su compañero, que le había dominado durante todo el combate.

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