Es noticia
Menú
Benetton: la olvidada escudería sin la que quizás Schumacher no sería leyenda
  1. Deportes
  2. Fórmula 1
CLAVE EN LA HISTORIA DEL 'KAISER'

Benetton: la olvidada escudería sin la que quizás Schumacher no sería leyenda

La 'fiebre' por Schumacher lleva semanas instalada en el aficionado de la F1. El documental de Netflix ha recordado su carrera y ha puesto de relieve la importancia inicial de la escudería Benneton

Foto: Michael Schumacher tras ganar por primera vez en Hockenheim (Alemania) con la escudería Benetton. (Twitter)
Michael Schumacher tras ganar por primera vez en Hockenheim (Alemania) con la escudería Benetton. (Twitter)

El éxito y el destino. Son dos términos que se interrelacionan de forma implacable en el mundo del deporte. Deportistas que están en el momento y lugar indicado. Y otros, a los que el destino no les tiene guardado un capítulo en la historia, por simple capricho del porvenir. ¿Qué habría pasado si Fernando Alonso hubiese tomado otras decisiones en su carrera? ¿Tendría más títulos mundiales? ¿Y si Vettel no hubiese coincidido con la ‘bestia’ que fue el monoplaza de Red Bull entre 2010 y 2013? Lo mismo podríamos preguntarnos de Hamilton y Mercedes en la ‘era híbrida’. Preguntas sin respuesta y con la única certeza de que el destino ha otorgado, en su sumo poder, el éxito a unos pocos elegidos.

Fórmula 1 es sinónimo de Michael Schumacher. En muchos sentidos. Heptacampeón del mundo, y una de las figuras más emblemáticas de la categoría reina del motor. Una historia como la de ‘Schumi’ parece sacada de un guion de película. Y, en ese plan del destino emerge como imprescindible la escudería Benetton. Desconocida por muchos de los jóvenes aficionados a la F1. Pero, con un impacto decisivo en la carrera del ‘kaiser’, y en la historia del automovilismo.

placeholder Michael Schumacher con Joan Villadelprat en los tiempos de Benetton. (Joan Villadelprat)
Michael Schumacher con Joan Villadelprat en los tiempos de Benetton. (Joan Villadelprat)

Sin Benetton, Schumacher no sería la leyenda que es. Para que una bomba explote, necesita de una chispa (o, por lo menos, así era antaño). Esa chispa fue encendida por el equipo de una marca de tiendas de camisetas. Y consiguió que explotase uno de los mejores pilotos de la historia. Una explosión fuerte y rotunda que atrajo los ojos de la prensa y del mundo del motor en un panorama en el que personalidades como Ayrton Senna, Prost, o Mansell, atraían los focos.

El destino puso de su parte para que Michael estuviera en la Fórmula 1 en el momento y lugar indicado. 1991. Ese año, de forma inesperada, un piloto del equipo Jordan, el belga Bertrand Gachot, se cayó y fue baja para una carrera en el ecuador de la temporada. En ese instante, Willi Webber, manager de Schumacher, llamó a Eddie Jordan, dueño de la escudería. "¿Quién diablos es Michael Schumacher?" fue la primera respuesta de Eddie. Nadie podía prever que aquel chico alemán ‘reventaría’ la F1. Finalmente, el dueño de Jordan le dio la oportunidad de cubrir la baja que tenía para aquel Gran Premio.

placeholder Michael Schumacher escuchando órdenes de equipo en Benetton. (Joan Villadelprat)
Michael Schumacher escuchando órdenes de equipo en Benetton. (Joan Villadelprat)

La casualidad, como si ya estuviese escrito previamente por Dios, quiso que su primera carrera fuese en Bélgica, en el Circuito de Spa, un circuito en el que haría historia más que cualquier piloto. En ese lugar consiguió su primera victoria en la Fórmula 1 el año siguiente, en 1992, con Benetton, y dominaría el circuito de tal forma en los años posteriores, que aún a día de hoy es el piloto con más victorias en Spa-Francorchamps.

Ese primer Gran Premio en Jordan a modo de sustitución, caído del cielo para Schumacher como un regalo, le sirvió de escaparate para lo que pasaría después. Una sesión de clasificación brillante en la que hizo el séptimo mejor tiempo causó sensación en el ‘paddock’.

Un nombre propio de la Fórmula 1 entró en escena para hacer una llamada que cambiaría el devenir del automovilismo. Flavio Briatore. Uno de los directores de escudería con más impacto en la historia del deporte. Muchos los conocerán por ser la persona que estuvo al frente de Renault cuando Fernando Alonso ganó sus dos mundiales, en 2005 y 2006. Pero años antes de aquello, firmó para Benetton (equipo que dirigió entre 1989 y 1997) a un alemán que a la postre sería una estrella, y una de las que más brillaría en el firmamento de la historia de la F1.

placeholder Flavio Briatore (d) aupando a un triunfal Schumacher. (EFE)
Flavio Briatore (d) aupando a un triunfal Schumacher. (EFE)

Schumacher encajó en Benetton como anillo al dedo. El crecimiento exponencial del piloto alemán fue acompañado de la mejora insospechada del coche del equipo. En el 1992 y el 1993 el ‘kaiser’ comenzó a copar portadas por subir al podio en múltiples ocasiones tras duelos vibrantes con personalidades experimentadas. Las expectativas con aquel joven por parte de la prensa se dispararon.

Los títulos mundiales que consiguió Michael Schumacher en el 94 y 95 no fueron casualidad. El talento innato sumado al punto álgido de Benetton en su historia fue el cóctel perfecto. Una serie de situaciones en las que el papel de retroalimentación entre el piloto y la escudería fueron de la mano en todo momento. Si Flavio Briatore y Benneton no hubiesen apostado por Michael, en aquel momento exacto, quizás Schumacher no sería la leyenda que es hoy día. Quizás no tendría tantos títulos. Quizás ni siquiera habría estado en la Fórmula 1 más allá de aquella carrera de sustitución en Jordan. Pero, todo eso son especulaciones. La realidad es la que es. Y, con la historia en la mano, Schumacher comenzó a ser una leyenda desde que llegó a Benetton.

De patrocinador principal de Toleman a ser escudería

A día de hoy pocos recuerdan la presencia de Benetton en la F1, pero menos aún la existencia de la escudería Toleman. Este equipo británico no tuvo gran trascendencia en sus años de vida. Pero sí que vio nacer al que muchos consideran el mejor piloto de la historia: Ayrton Senna. El brasileño debutó en la Fórmula 1 en el 1984 en Toleman Motorsport.

placeholder Monoplaza de Toleman Motorsport. (Wikipedia)
Monoplaza de Toleman Motorsport. (Wikipedia)

La aventura de Toleman en la categoría más importante del motor duró escasos cinco años, entre el 1981 y el 1985. En los últimos instantes de vida del equipo británico, el patrocinador principal del equipo, que era United Colors of Benetton, compró la escudería gracias a su gran poderío económico. Ahí nació Benetton Fórmula. Una escudería que estaría presente en las carreras hasta el año 2001, cuando Renault compró el equipo.

Primer equipo moderno de la F1 de la mano de Briatore

"Benetton fue el primer equipo de la Fórmula 1 moderna" afirma rotundamente Carlos Miquel, periodista icónico del motor y escritor del libro 'Viaje al centro de la Fórmula 1'. La escudería estaba 'con los pies en el suelo', era más informal, más cercana. Eso fue mérito del artífice del éxto del proyecto, Flavio Briatore. Él impregnó al equipo un carácter diferente al del resto de la parrilla. En un mundo cambiante, Flavio fue el primero en detectar lo que sería la Fórmula 1 futura y moderna.

"Briatore siempre me ha comentado: 'mira, nosotros llegábamos, éramos una marca de ropa y ellos eran 'los fantásticos’, y les plantamos cara'", confiesa el colaborador de Marca y Cope. Con la llegada de Flavio a la dirección del equipo "se puso la escudería al servicio del marketing, algo que los ‘estirados’ ingleses (cuando eran dueños de la escudería) era impensable que hicieran".

Es verdad que, en sus inicios, nadie daba un duro por Benetton. Y en el trascurso de su historia siempre fue un equipo que "dependió mucho del talento de los pilotos", según comenta Carlos Miquel, en el marco de una Fórmula 1 muy diferente a la actual, donde los equipos tenían menos peso en los resultados y sí más los pilotos. Además, al no estar a la altura de las grandes escuderías, siempre eran desmantelados por los equipos históricos, como Ferrari o McLaren, ya que en Benetton no tenían ese músculo histórico. Esto llevó a una irregularidad en el equipo y se convirtieron, en cierto modo, en una escudería-'cantera' de pilotos de la que se aprovechaban las grandes marcas del 'padock'.

"Era una figura muy inteligente más allá de show, una persona que sabía ver el talento"

Pese a que la presencia de Benetton fue efímera, sí que consiguió un lugar importante la historia del automovilismo. Carlos Miquel, que conoce de primera mano a Flavio, y 'El Gran Circo' de la F1, comenta: "Flavio invirtió mucho dinero en el equipo y trató de concentrar siempre a los mejores". "Era una figura muy inteligente más allá de show, que también le gusta, y una persona que sabía ver el talento". Con el moviliento de fichas en el que Schumacher llegó a Benetton se pudo ver también la ‘cara B’ de Flavio. Quitó a un piloto como Roberto Moreno, alguien que funcionaba bien y era regular, para subir a Schumacher, el joven que Briatore veía como fututa superestrella. "Desde el equipo argumentaban su salida en que a Roberto le habían quedado secuelas de su accidente, aunque él siempre lo negó" recuerda Carlos Miquel. Pese a todo, en la Fórmula 1 si hay que machacar a alguien, se le machaca, y eso es algo que ha demostrado a lo largo de los años esta categoría del motor.

Briatore llevó a Benetton a ser la primera escudería moderna. La Fórmula 1 actual es tal y como artifició Flavio su proyecto con Benetton, y posteriormente con Renault. Pero eso no fue fruto de la magia y de su innato espectáculo. Su habilidad de aniciparte a las cosas tenían nombre y apellido: Bernie Ecclestone (que fue presidente y director ejecutivo de Formula One Management). "Tuvo mucho amistad con Bernie, y estuvo muy atento a los cambios de reglamento y las ‘triquiñuelas’ para ganar puntos", afirma Carlos Miquel. Fue el precursor de una Fórmula 1 movida por el 'politiqueo', algo de lo que muchos aficionados están cansados y ven como nocivo. Pero, Briatore fue un genio en lo suyo y escribió con sus propias manos una página en la historia del deporte para la escudería Benetton.

Jos Verstappen compañero de ‘Schumi’

El apellido Verstappen es reconocido al instante por todo el mundo actualmente. Max Verstappen en esta temporada 2021 está luchando de tú a tú con un Hamilton que no ha tenido rival desde 2017. Pero no muchos sabrán del paso de su padre, Jos Verstappen, por la Fórmula 1. Entre otras cosas, porque su recorrido no fue notable. Únicamente consiguió 17 puntos y dos podios en 107 Grandes Premios. En esta efímera historia del padre del posible campeón del mundo 2021, menos personas sabrán que el lugar en el que se estrenó un Verstappen en F1 fue en la escudería Benetton, y junto a ‘Schumi’.

placeholder Jos Verstappen correindo con Benetton. (Flickr)
Jos Verstappen correindo con Benetton. (Flickr)

Temporada de 1994. Michael Schumacher era el ‘niño bonito’ de Benetton y de la Fórmula 1. Aquel año, el piloto alemán conseguiría su primer título mundial haciendo un pilotaje estratosférico en todos los circuitos en los que corrió. Ese mismo año, uno de los pilotos de la escudería británica, que dos años después pasaría a ser italiana, tuvo un accidente. J.J. Lehto se partió una vértebra del cuello. En ese momento, se contrató como piloto en sustitución a Jos Verstappen, que dio en aquel momento su salto a la élite del motor.

Fueron pocas las carreras que disputó Verstappen ‘padre’ con Benetton, ya que para las dos últimas citas de la temporada el equipo contrató al británico Johnny Herbert. Sin embargo, aquel fue su mejor año en la F1. Cosechó 10 puntos y se subió al podio como tercero en dos ocasiones, en Hungría y en Bélgica. El resto de su recorrido en el gran espectáculo automovilístico sería residual, y finalizaría sin pena ni gloria en 2003.

Último año de vida, con un futuro campeón

Los últimos años de Benetton como escudería no fueron especialmente buenos. El último, en 2001 fue especialmente malo. El equipo había sido vendido a Renault en marzo del 2000. Una temporada gris. El equipo no compitió. Los motores Playlife de sus monoplazas eran realmente malos. Sólo un aspecto de aquella última temporada de Benetton puede ser remarcable. La presencia de Jenson Button en el equipo, un futuro campeón del mundo.

placeholder Button conduciendo el último monoplaza de Benetton en 2001. (Mathieu Felten)
Button conduciendo el último monoplaza de Benetton en 2001. (Mathieu Felten)

Pocos podían llegar a pensar en aquel momento que aquel británico fuese a ser campeón. Y, menos de la forma que lo consiguió en la temporada 2009 con el equipo Brawn. Su paso por Benetton, cuando el equipo mutaba al que sería el futuro equipo Renault, fue muy pobre. El coche era muy deficiente y poco pudo hacer. Su mejor resultado fue un quinto puesto en el GP de Alemania. Ocho años después de su paso por Benetton, Jenson Button fue campeón del mundo de la Fórmula 1.

El éxito y el destino. Son dos términos que se interrelacionan de forma implacable en el mundo del deporte. Deportistas que están en el momento y lugar indicado. Y otros, a los que el destino no les tiene guardado un capítulo en la historia, por simple capricho del porvenir. ¿Qué habría pasado si Fernando Alonso hubiese tomado otras decisiones en su carrera? ¿Tendría más títulos mundiales? ¿Y si Vettel no hubiese coincidido con la ‘bestia’ que fue el monoplaza de Red Bull entre 2010 y 2013? Lo mismo podríamos preguntarnos de Hamilton y Mercedes en la ‘era híbrida’. Preguntas sin respuesta y con la única certeza de que el destino ha otorgado, en su sumo poder, el éxito a unos pocos elegidos.

El redactor recomienda