Por qué Red Bull y Verstappen tienen a tiro a Hamilton y Mercedes como nunca desde 2014
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NERVIOSISMO EN MERCEDES

Por qué Red Bull y Verstappen tienen a tiro a Hamilton y Mercedes como nunca desde 2014

Mientras que el desconcierto y los reproches aumentan en el equipo Mercedes, la maquinaria de RedBull trabaja unida y sin dispersiones.Ver a Mercedes hoy recuerda mucho

placeholder Foto: En RedBull se respira postividad y entusiasmo
En RedBull se respira postividad y entusiasmo

Mientras que el desconcierto y los reproches aumentan en el equipo Mercedes, la maquinaria de RedBull trabaja unida y sin dispersiones. Ver al equipo alemán hoy recuerda mucho a cómo se comportaba RedBull hace cinco o seis años. Habían sido tantos años de dominio, tantos donde la balanza en los momentos dudosos se inclinaba a su favor, que cuando las lanzas se tornaron cañas al comienzo de la era híbrida el mal perder y la queja constante se convirtió en el día a día del equipo anglo austríaco.

El ‘mal rollo’ en RedBull se prolongó durante mucho tiempo, con acusaciones fuera de lugar a otros equipos e incluso a Renault, su propio proveedor de motores y partícipes les gustara o no de los cuatro títulos mundiales consecutivos logrados con Sebastian Vettel. Tampoco ayudó la mala gestión personal con sus pilotos. Parecía que todos los problemas se iban a resolver metiendo les más presión. Por el camino, se les escapaban talentos del calibre de Carlos Sainz o Daniel Ricciardo, jóvenes prometedores como Pierre Gasly o Alex Albon se diluían cual azucarillos al enfrentarse a Verstappen, presionados ante la falta de resultados y las amenazas del sargento de hierro Helmut Marko.

placeholder Max Verstappen y Checo Perez están mostrando las bondades de una buena sintonía entre compañeros de equipo
Max Verstappen y Checo Perez están mostrando las bondades de una buena sintonía entre compañeros de equipo

Del polvorín al estanque

En definitiva, Mercedes estaba haciendo un mejor trabajo que RedBull, pero también mientras en el primero reinaba el Fuenteovejuna todos a una, en el caso del segundo se comprobaba que trabajar en medio de un polvorín no era la mejor receta para el éxito. Este año, sin embargo, es sorprendente como han cambiado las tornas al analizar el comportamiento de uno y otro equipo, para constatar que más allá de unas leves diferencias en cuanto a la competitividad de sus coches, si existe una diferencia notoria en la forma de comportamiento de ambos.

Es evidente que a RedBull le han venido muy bien sus años de travesía en el desierto. Ahora cuentan con un Max Verstappen más maduro y menos errático y por último, pero no por ello menos importante, la llegada de Checo Pérez ha supuesto la guinda que faltaba a su pastel. Ya no hay reacciones histéricas ante la adversidad como a menudo ocurría en el pasado. Y si surgen polémicas fuera de la pista como la de los alerones flexibles o las presiones en las ruedas, se defienden con contundencia pero sin pasarse de frenada y, por supuesto, si el piloto líder tiene problemas, el compañero está listo para tomar el relevo.

¿Cómo pretende Toto Wolff por ejemplo, que Valtteri Bottas corra con confianza cuando compite desde el minuto uno con la presión de ser sustituido por George Russell si no da la talla como ellos esperan? Quizás Bottas no tenga la categoría de Checo Pérez pero, como bien decía Carlos Sainz recientemente, su florecimiento como piloto se produjo en McLaren porque fue donde se sintió más querido y apoyado en todo momento. El resultado de esa presión sobre el finlandés es muy posible que tuviera que ver en sus fallos cuando tenía la misión de proteger a Hamilton conteniendo la remontada de Verstappen.

‘Jugones’ contra ‘resultadistas’

Es significativo también comprobar lo ocurrido a nivel estratégico en el pasado Gran Premio de Francia, donde Hamilton perdió la batalla ante Verstappen en la penúltima vuelta. Resulta excesivo hablar de error cuando la diferencia entre la victoria y la derrota se decidió prácticamente en los metros finales. Probablemente, se trate más de una cuestión de enfoque de ambos equipos, en el sentido de que RedBull actuó con la iniciativa del aspirante tomando riesgos, mientras que Mercedes, falto de rodaje en desafíos al límite, optó por un rol defensivo.

Resulta descriptivo que el ingeniero jefe de Mercedes Andrew Shovlin, echara la culpa ¡al ordenador!, como si una serie de errores de cálculo tuvieran la culpa de que todo le salieran bien a Verstappen y RedBull. A veces, es más sencillo asumir que, cuando alguien te sorprende con un cambio táctico, como fue la parada extra de Max, tu simplemente no te has anticipado por actuar en plan ‘amarrategui’. Cuando empiezas a echar culpas al empedrado delatas tu debilidad al rival y al evitar la autocrítica necesaria haces que tus tropas estén en modo de defensa en lugar de al ataque.

Estos estados mentales se impregnan en un equipo de arriba abajo, pues Toto Wolff y Lewis Hamilton no ven últimamente más que conspiraciones o manos negras contra ellos. Que se pongan en plan victimistas en Mercedes tiene delito, porque igual que no se puede negar su excelso trabajo durante todos estos años, tampoco se puede negar que si algo ha hecho la FIA (Federación Internacional de Automovilismo) ha sido remar a su favor.

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Andrew Shovlin (izquierda) y Lewis Hamilton (derecha) están digeriendo con dificultad la presión de RedBull

El factor Checo

Cómo derrotar a un coloso que ha dominado como nadie en la Fórmula 1 es un desafío titánico. Absolutamente todos los detalles han de funcionar a la perfección. La cuestión del segundo asiento de RedBull ha sido estos años una de las asignaturas pendientes del equipo austríaco. Probablemente influyera una inadecuada gestión del talento, pero sólo la llegada de un valor contrastado como Sergio Pérez ha puesto remedio a esta situación con su pilotaj, pero, sobre todo, con su actitud. Y si un factor está resultando decisivo últimamente en los resultados de los de Milton Keynes, ese es Checo.

Paradójicamente, es un piloto al que se acusó en el pasado de pensar demasiado en él y poco en el equipo. Acusación injusta de todas luces y que esta temporada está demostrando hasta qué punto es equivocada. El mexicano acabó la carrera apenas unos segundos detrás de Verstappen con una estrategia radicalmente diferente. ¿Protestas? ¿Quejas por haber sido perjudicado en la decisión? Ninguna. Simplemente, trabajo buscando la perfección en la misión encomendada.

Si Checo no hubiera sido capaz de ejecutar la estrategia paralela a la desarrollada por Verstappen, casi con seguridad la jugada no le habría salido bien a RedBull. Conscientes en Mercedes que una parada extra como la realizada por el holandés suponía salir detrás del mexicano fue clave para que el equipo se viera forzado a no arriesgar y se lo jugara todo a la carta de la resistencia de sus neumáticos.

El espíritu de equipo de Pérez ejemplifica perfectamente la actitud con la que RedBull enfoca en la actualidad las carreras y, de continuar la impresionante igualdad existente entre Mercedes y RedBull, probablemente sea esa actitud la que acabe inclinando el mundial a favor de Verstappen.

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