El GP de Mónaco: desde perder un diamante hasta pasar una noche con Brigitte Bardot
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una carrera con historias únicas

El GP de Mónaco: desde perder un diamante hasta pasar una noche con Brigitte Bardot

El GP de Mónaco ha sido fuente única para los actos promocionales más originales, con el mundo del cine como protagonista. McLaren ha aprovechado la ocasión genialmente con su decoración específica para esta carrera.

placeholder Foto: Jaguar incorporó un diamante en el morro de uno de sus monoplazas, que desapareció tras el incidente de Christian Klein contra los raíles
Jaguar incorporó un diamante en el morro de uno de sus monoplazas, que desapareció tras el incidente de Christian Klein contra los raíles

En el GP de Mónaco ocurrirá lo que en ningún otro circuito del mundo, con una historia jalonada de anécdotas que van desde un Fórmula 1 perdiendo un diamante en una curva a un piloto que deja de participar por pasar la noche con Brigitte Bardot.

Muchas décadas antes de que pareciera que Netflix había reinventado la rueda con su serie ‘Drive to survive’, un jovencito Roman Polanski cogió en 1971 sus bártulos para ir a Monaco y se pegó durante todo el fin de semana a Jackie Stewart. Su objetivo era captar el minuto a minuto de un piloto de Fórmula 1 a lo largo de la cita más icónica de la temporada. La película se llamaba ‘Weekend of a Champion’.

La elección de Mónaco no tuvo nada que ver con el azar, pues Polanski con su buen olfato admitió que en ningún otro sitio como en la carrera del Principado iba a sacar tanto jugo a la historia. Por razones desconocidas este documental estuvo guardado en un cajón durante cuarenta años y sólo en fechas muy recientes esta magnífica película volvió a ver la luz. Es una pieza muy recomendable para entender no sólo como era la Fórmula 1 por aquellos tiempos, sino también para comprender por qué Monaco es un escenario sin igual para una narrativa épica y emocional de este deporte.

Golpe de mano de McLaren

Es muy posible que Polanski se inspirara en la película ‘Grand Prix’ (1965) de John Frankenheimer, probablemente la mejor película de carreras de la historia junto al ‘LeMans’ de McQueen. Aunque ‘Grand Prix’ narraba los avatares de una temporada completa de Fórmula 1, Monaco es sin duda el circuito que más protagonismo disfruta en todo el metraje. Otro ejemplo que confirma que no hay nada comparable como los coches más rápidos del mundo a toda velocidad por las estrechas calles del Principado.

Por ello no resulta casual que alguien con tanto olfato comercial como Zak Brown, el jefe de McLaren, haya escogido la cita más mediática del calendario para sacar a la palestra una de sus típicas jugadas maestras marketinianas. En realidad, el manager americano solo ha cambiado la pintura de sus coches para esta carrera pare recuperar la decoración icónica de su patrocinador Gulf. Ni nuevo patrocinio ni siquiera aumentan de tamaño de los adhesivos de la petrolera americana, simplemente una decoración histórica del automovilismo, pero que por llevarse a cabo en Mónaco ha obtenido un impacto mediático colosal.

Su inteligente jugada no ha afectado el ‘statu quo’ de presencia del resto de patrocinadores, el ROI (retorno de la Inversión) que va a obtener Gulf en visibilidad mediática, probablemente equivalente al resto de todas las carreras del año combinadas. Conociendo a Zak Brown a final de año solicitará al patrocinador una petición de aumento de la inversión para 2022 y por supuesto, pensará en otro conejo de la chistera para Mónaco el año que viene.

placeholder Red Bull ha utilizado el cine en numerosas ocasiones en el GP de Mónaco
Red Bull ha utilizado el cine en numerosas ocasiones en el GP de Mónaco

En busca del diamante perdido

Sin embargo, Brown no ha descubierto este filón, pero es una muy larga tradición de crear sonados golpes de efecto en esta carrera, el mejor escaparate de la temporada. Podemos recordar por ejemplo las audaces maniobras de RedBull, cuando hace 15 años presentó sus coches decorados de ‘StarWars’, con presencia de Chewbacca, Darth Vader y los soldados del imperio, que de esa guisa hicieron incluso su trabajo en los pit-stops. Tradicionalmente el Gran Premio de Mónaco y el festival cinematográfico de Cannes suelen coincidir en sus fechas de celebración y es una de las razones por las que el paddock del circuito suele estar poblado de estrellas del celuloide. De esta proximidad geográfica entre ambas ciudades se crean actos promocionales como en su día RedBull con la saga de ciencia ficción de George Lucas, o alguna otra muy sonada como la de la película `Ocean´s eleven` y el equipo Jaguar.

Dadp que la trama de la película giraba alrededor de la búsqueda de un diamante, a los creativos hollywoodienses se les ocurrió colocar un diamante real de Steinmetz en el morro del Jaguar de Christian Klein. El piloto austríaco desafortunadamente no pudo lucirlo mas de una vuelta porque se chocó en la curva de Loews y con ello se esfumó la posibilidad de dar visibilidad al diamante durante la carrera. El problema tras el choque también se esfumó el diamante y desde entonces nunca se supo más de aquella joya. Para redondear el desaguisado, la pieza de marras no estaba asegurada.

placeholder Desde siempre, el GP de Mónaco ha tenido una especial atracción para el cine
Desde siempre, el GP de Mónaco ha tenido una especial atracción para el cine

Mejor con Brigitte Bardot

De todos modos, de la conexión entre cine y GP de Mónaco, la anécdota que probablemente se lleve la palma fue la protagonizada en 1956 por Carlos Menditeguy. El argentino, uno de los mejores jugadores del mundo de polo en su época, tenía también un claro don natural para el pilotaje.Tal sería el talento del bonaerense que Fangio dijo de él, que “Menditeguy no fue campeón del mundo porque no quiso” y Maserati, impresionado ante sus habilidades, le confió para Mónaco uno de sus coches oficiales.

Sin embargo, en la vecina Cannes, una jovencita Brigitte Bardot le sugirió a Menditeguy al comenzar el Festival que quizá fuera mejor idea pasar el fin de semana con ella que participar en el Gran Premio de Fórmula 1. El argentino, por supuesto, no regresó de Cannes a Mónaco ni para los entrenamientos ni para la carrera, obligando a su equipo a subir al español Paco Godia en el coche que Menditeguy había dejado vacante. Lógicamente, aquello le costó al argentino el despido de Maserati. Pero cuando fue preguntado por ello mostró que no guardaba el menor remordimiento: “No era una oportunidad para desperdiciar, ¿no?”.

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