Hamilton y la 'no sanción' del GP de Bahrein : cuando se mezclan churras con racismo
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LA POLÉMICA DECISIÓN QUE DEFINIÓ EL RESULTADO

Hamilton y la 'no sanción' del GP de Bahrein : cuando se mezclan churras con racismo

Después de haber sobrepasado los límites de pista en innumerables ocasiones en la misma curva, Verstappen adelantaba a Hamilton también por fuera de ella, pero los comisarios no siguieron el mismo criterio con el holandés

placeholder Foto: Mercedes y Hamilton lograron una inesperada y afortunada victoria, en la que la decisión de los comisarios jugó un polémico papel
Mercedes y Hamilton lograron una inesperada y afortunada victoria, en la que la decisión de los comisarios jugó un polémico papel

Lewis Hamilton fue el justo vencedor del Gran Premio de Bahrein. Las injustas acusaciones de favoritismo por parte de la FIA o los comisarios no pueden empañar una magnifica victoria. Estábamos tan poco acostumbrados a ver sudar Hamilton y su Mercedes en pista para lograr una victoria que resulta lógico decepcionarse cuando pierde el triunfo quien llega dispuesto a poner fin a su hegemonía.

Han sido ocho años de un dominio tan abrumador por parte del equipo anglo-alemán, que resulta lógica una enorme decepción y polémica cuando la victoria le niega al dúo Max Verstappen-RedBull como consecuencia de una controvertida decisión de los comisarios deportivos.

Una maniobra arriesgada

A falta de tres vueltas para el final de la prueba, Verstappen dio caza a un Hamilton con unos neumáticos en las últimas. Impetuoso como siempre, a la primera ocasión que tuvo el holandés buscó el adelantamiento. No trató de hacer un ‘Angel Nieto’, aquella táctica genial consistente en forzar el fallo del rival y adelantarlo con las justas complicaciones. Aquí fue justo al revés: Hamilton, perro viejo curtido en mil batallas, buscó el fallo de Verstappen, forzándolo a ir por el exterior a la salida de la curva. Ahí perdió el holandés la batalla.

Desde que la Fórmula 1 es Fórmula 1, el reglamento es claro. Sólo se puede rodar y adelantar por la pista. Por tanto es ilegal cualquier adelantamiento antes, durante o en su consumación, realizado fuera de los límites de la pista. El piloto que ha obtenido así una posición debe devolvela. Fin. El problema surgió cuando todos los espectadores y el propio Verstappen se hartaron de ver cómo en esa misma curva, hasta en 29 ocasiones Lewis Hamilton sobrepasó los límites de la pista, rodando muchos metros fuera de la escapatoria. El campeón británico sabía muy bien lo que hacía, pues rodando por esa escapatoria forzaba menos el desgaste exterior de unos neumáticos que sabía que debían durarle muchas vueltas. También, y aquí viene una de las claves, que los comisarios deportivos no habían sido suficientemente explícitos antes de la carrera sobre si se podían sobrepasar o no los límites, en esa famosa ‘curva 4’.

Es de una ingenuidad, o más bien una incompetencia apabullante, dejar a criterio de los pilotos cuántas veces pueden o no rebasar esos límites, confiando en que estos ‘se van a portar bien’. Los pilotos de carreras son animales competitivos que siempre te van a tomar la manga cuando les des la mano. Va en su naturaleza. ‘Mientras no me sancionen, yo sobrepaso los límites y más allá’, debió pensar Lewis Hamilton.

Protestas a la inversa

Tan exagerado fue aquel abuso que no tardaron en llegar las quejas por parte del mismo Verstappen y del equipo RedBull a dirección de carrera. Paradójicamente, si no hubieran realizado ninguna queja, los comisarios no hubieran podido decir nada en la maniobra de adelantamiento del holandés. Por la fuerza de los hechos, si toda la carrera se permitió rodar por una zona fuera de pista sin queja alguna de nadie, difícilmente podría haber sancionado nada. Sin embargo, a resultas de esa protesta se dio un aviso a Hamilton de que cualquier nuevo rebase de los límites iba a ser penalizado. Por tanto, a partir de ese momento, la literalidad del reglamento entró en funcionamiento, como desde el principio debía haber ocurrido.

Las inconsistencias de la autoridad deportiva no pueden empañar ni cuestionar otra extraordinaria demostración de por qué Lewis Hamilton es uno de los mejores pilotos de la historia. Max Verstappen es un talento descomunal, lo tiene todo para doblegar por fin la tiranía del inglés y Mercedes, pero debería aprender después de esta dura lección que para derrotarles ha de saber que en esta guerra no se permiten fallos. Por tanto, el dedo acusador debe dirigirse a los comisarios que las permitieron más que hacia Hamilton y sus continuas ‘infracciones’. Igualmente, urge que definitivamente la autoridad deportiva solucione el principal problema de la competición actual: uso y abuso por parte de los pilotos de las escapatorias de asfalto.

El ojo de halcón del tenis

La progresiva sustitución de dichas escapatorias tuvo su origen en una cuestión de seguridad. La grava puede provocar vuelcos en los coches dependiendo del ángulo de entrada en ellas. Igualmente, con grava resulta mucho más complicada la extracción de los coches cuando se quedan en una posición peligrosa después de un accidente.No se cuestiona por tanto que en aras de la seguridad se haya adoptado esta solución. El efecto indeseado es que, al permitir a los pilotos salirse de los límites del trazado, se generan situaciones que carga el diablo, como la maniobra decisiva de carrera entre Verstappen y Hamilton. Anteriormente, salirse de la pista era prácticamente fin de carrera o incluso accidente, ahora es un simple lance de la misma.

Tecnologicamente, es sencillo y barato utilizar técnicas como la del ‘ojo del halcón’ del tenis, para saber cuándo un coche ha sobrepasado los límites de la pista. Con ello no habría excusas para que el regulador ponga coto a una situación que claramente se les ha ido de las manos. Es cierto que Hamilton, con sus victimizaciones con el racismo como justificación ha prendido la mecha de un debate acerca de un supuesto favoritismo de la FIA hacia él pero, por injusto, es importante no mezclar churras con merinas. Aquí no hay ni racismo, ni favoritismo, ni nada que no sea una incompetencia manifiesta por parte del regulador, y que exige medidas de mejora inmediata. De lo contrario, se volverán a repetir historias como las del GP de Bahrein

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