Romain Grosjean vuelve: el casco pintado por sus hijos que simboliza su nueva vida
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Competirá en EEUU pero no en los óvalos

Romain Grosjean vuelve: el casco pintado por sus hijos que simboliza su nueva vida

El pasado martes Romain Grosjean volvió a subirse a un monoplaza, pero del IndyCar americano. Lo hizo con el casco pintado por sus hijos, destinado para su última carrera en la F1

placeholder Foto: El casco que Romain iba a utilizar en la última carrera, diseñado por sus hijos, es el que usó en su primer día de vuelta al pilotaje
El casco que Romain iba a utilizar en la última carrera, diseñado por sus hijos, es el que usó en su primer día de vuelta al pilotaje

Llevaba un casco diferente al utilizado en su dramático accidente en Bahrein, el pasado 29 de noviembre. Pensaba despedirse con ese mismo casco de la Fórmula 1, pero lo impidió aquel brutal accidente del que salió milagrosamente vivo. Casi tres meses después, Romain Grosjean volvía a pilotar el pasado martes un monoplaza, aunque ahora del campeonato IndyCar americano. Ese casco tenía una particular decoración: había sido pintado por sus hijos, por lo que ahora simbolizaba la nueva etapa de Grosjean en Estados Unidos. Aunque sus hijos hayan condicionado en parte ese futuro.

“Entré en contacto con Dayle Coyne antes del accidente de Bahrein, la semana anterior a Imola”, explicaba el francés una vez conocida su salida de Haas y la Fórmula 1 para 2021, “hicimos muy buenas migas y me planteó una oferta para correr todo el campeonato”. A pesar de las dudas iniciales, Grosjean mantuvo sus planes y aceptó. “Pensé por unos instantes en el accidente que estaba muerto, y como padre de tres hijos tengo que ser prudente con mis decisiones de futuro”. Grosjean seguirá su carrera en el IndyCar, pero ha rechazado tomar parte en los óvalos del campeonato y las 500 Millas de Indianápolis, una de las carreras más importantes del mundo.

El pasado martes El francés se enfrentó en Alabama no solo a una nueva máquina muy alejada de un Fórmula 1, sino también a sus sensaciones potenciales miedos y lesiones aún sin curar totalmente. Pronto descubrió cómo va a cambiar su vida aunque haya descartado competir en los peligrosos óvales. Incluyendo su primera salida de pista.

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Accidente, en menos de una hora

Al pronto llegar al circuito de Barber, en Alabama, Grosjean percibió las diferencias de enfoque y filosofía del IndyCar americano. Nada de simuladores previos, espectaculares boxes, ni del montaje de los equipos de Fórmula 1. Un puñado de mecánicos y los monoplazas prácticamente alineados al aire libre. La noche y el día. Otro tanto sintió según subió al Dallara del equipo Dayle Coyne Racing, uno de los equipos más modestos del campeonato. Empezando por la posición de pilotaje. Después, con su comportamiento y filosofía tan alejada de la Fórmula 1. “Me recordaba a cuando pasaba de la Formula Renault a la Fórmula 3 y GP2…”. Descubrió pronto lo que era salirse de la pista por la diferente personalidad de su nuevo caballo de carreras.

El francés no está totalmente recuperado de las lesiones sufridas en Bahrein. Psicológicamente necesitaba descubrir si su instinto de piloto podía haberse resentido. Aún tiene una ampolla en un dedo de la mano izquierda que debía cuidar en determinadas curvas. En menos de una hora Grosjean estaba fuera de la pista. “Después de la primera tanda los bíceps me empezaron a doler, y pensé, ‘ok, esto es serio”, ante la falta de dirección asistida y la gran resistencia de los neumáticos, “sientes el coche de verdad, y creo que lo puedes manejar más con tu estilo de pilotaje con la forma de aplicar freno y girar. Puedes utilizar diferentes trazadas, mientras que en la Fórmula 1 tienes que limitarte a la trazada ideal debido a cómo funciona la aerodinámica”.

"Frené y toqué el acelerador"

“Es duro pilotar estos coches”, explicaba Grosjean al finalizar su primera jornada en una pista tras el accidente de Bahrein. No solo tenía que sentir nuevamente la velocidad en un trazado desconocido. Debía reprogramar su instinto de piloto tras nueve años en la Fórmula 1. “Tienes que pilotar de forma muy diferente. En un Fórmula 1 lo único contra lo que luchas es contra las fuerzas G, mientras que aquí te peleas físicamente con el peso del coche, pero no me importa". Precisamente golpeó los raíles por los automatismos desarrollados en el pasado. “Entré demasiado rápido”, explicaba más en detalle a la publicación británica The Race, “cuando frenaba también comencé a tocar el acelerador, algo que haces en las curvas de alta velocidad. Pero como el diferencial es mecánico, se abre cuando lo aceleras, y eso hace que el coche se vaya de atrás. Por el contrario, en la Fórmula 1 te ayuda a estabilizar el coche, así que diría que ha sido una experiencia de aprendizaje, ya no lo hice más, y fue todo mejor”.

“Se salió de la pista, volvió y el coche estaba todo sucio, así que se puso a limpiarlo, y los mecánicos apreciaron el gesto”, explicaba su nuevo ingeniero, también francés, Olivier Boisson, al mismo medio. Grosjean ya experimenta el espíritu americano de las carreras, alejado al de la Fórmula 1. Como alguno de sus predecesores en el IndyCar han descubierto – caso de Marcus Eriksson o Alexander Rossi- el estatus de piloto de Fórmula 1 no garantiza el éxito. Más bien, al contrario. No se trata tanto una cura de humildad como descubrir un monoplaza radicalmente diferente frente a pilotos de gran nivel y años de experiencia, con todos los circuitos por conocer y sin sesiones de simulador previas. Y, por supuesto, los neumáticos. “¡Puedes tirar y atacar con ellos!”, a diferencia de los Pirelli de la Fórmula 1.

“Me sentí como en casa, no sentí ninguna aprehension” explicaba Grosjean en referencia al aspecto mental de su retorno. Lógicamente, fue el último en la tabla de tiempos. No era lo más importante. Entre otras razones porque, por fin, ha podido estrenar el casco pintado por sus hijos que quedó inédito en la Fórmula 1.

Romain Grosjean Fórmula 1 Alex Palou
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