Líder por primera vez de una carrera de F1

El día en que Carlos Sainz jugó con los Mercedes como si fueran dos gatitos

Sainz lideró por primera vez un gran premio con una inspirada estrategia inicial para terminar sexto tras "una de las carreras más complicadas que he hecho en la Fórmula 1"

Foto: Carlos Sainz se colocó líder desde la séptima posición tras dos primeras vueltas muy inspiradas. (McLaren)
Carlos Sainz se colocó líder desde la séptima posición tras dos primeras vueltas muy inspiradas. (McLaren)

“Gracias, colega, buen trabajo. ¡Espero que hayáis disfrutado esas primeras vueltas!”. Carlos Sainz deparó a su equipo una satisfacción algo más que simbólica, como les recordaba por la radio al terminar. No siempre se lidera en la segunda vuelta desde la séptima posición, y bajo circunstancias mixtas que saber explotar. Normalmente, quien protagoniza tales escenas suele dejar en su estela buen aroma de talento. Respetemos a los mitos y no tiremos de aquella famosa primera vuelta de Ayrton Senna en Donington, pero tampoco obviemos el gesto torero de Sainz durante las primeras vueltas del GP de Portugal.

Fue una carrera extremadamente compleja, "desde el punto de vista del piloto, de las más complicadas que he hecho en la Fórmula 1", reconocería el español al bajar de su monoplaza. Un reto de gestión de ritmo y obstáculos entre un barullo de datos en la cabeza para optimizar las opciones del MCL35 en Portimao. Sainz fue sexto como pudo haber terminado quinto. Pero el español protagonizó el mejor lance del gran premio, esa magnífica ‘chulería’ de la carrera. De las que no se ven todos los días, y sus primeras vueltas al frente de un gran premio de Fórmula 1. Mattia Binotto debía sonreír por dentro...

"Pasarles fue bastante fácil"

Sainz no fue el único en arrancar con neumáticos blandos. El mérito de sus maniobras se fundó en dos factores: su especial habilidad para las superficies deslizantes y mixtas, y esa agresividad arrancando ya profundamente engranada en su ‘software’ de piloto. Consciente de la oportunidad, Sainz amartilló su pistola generando más temperatura de neumático que sus rivales en la vuelta de calentamiento. “Los demás se lo tomaban con mucha calma, y vi una oportunidad para intentar adelantar puestos. Nunca esperas liderar la carrera, pero viendo con el cuidado que iban los demás, vi la oportunidad y la aproveché”. Estuvo incluso más avispado que Max Verstappen, por ejemplo, también con la misma monta. Sainz jugó la carta del colmillo y no la de la prudencia, y ganó.

La cámara subjetiva de las primeras vueltas delataba su habilidad. Frenada en equilibrio nervioso por aquí, contravolante instantáneo por allá, y husmeando la adherencia cambiante fue pasando monoplazas hasta llegar a los dos Mercedes. Ciertamente, sus pilotos sufrìan para calentar el compuesto medio, por lo que Sainz tampoco concedía demasiado mérito a 'cepillarse' los monoplazas alemanes. "Pasarlos fue bastante fácil, no fue una pelea realmente dura, los pasé igual de fácil que ellos nos pasan a nosotros la mayoría del tiempo". Bottas debió pensar qué diablos hacía detrás de él un monoplaza papaya y no otro negro. “Intenté enseñarle el morro, ponerle nervioso y que mirara por el retrovisor, y perdió un poco el vértice de la curva”. Pocos se ponen primero en esta era híbrida de la Fórmula 1, ni juegan con los Mercedes como el gato y el ratón. A partir de aquí…

Un adelantamiento crucial

A partir de entonces, la misión de Sainz era alargar la vida del neumático blando para terminar con el compuesto medio y a una parada. “Una pena que, luego, ese neumático blando nos ha costado 'graining' y nos hemos ido para atrás. Hoy ha faltado el sol, si hubiera hecho sol, no hubiera habido tanto 'graining”, se lamentaba el español. Había que apechugar con ese hándicap, una pista deslizante y el viento desatado en la parte final. En la vuelta 28, solo Gasly y Sainz se mantenían por delante con el neumático de la salida, pero el francés logró adelantarle en esa primera fase de carrera. Una maniobra a la postre crucial, como se comprobaría más tarde.

Mientras tanto, el español y su ingeniero iban controlando a Albon por detrás, al que dejaron tirado. Y, sobre todo, a Pérez y Ocon, quinto y sextos en la distancia por delante. Resultaba crucial superar a Gasly cuando ambos ya habían pasado por boxes. Muy cerca estuvo Sainz al final de recta, pero Bottas se lo impidió cuando tuvo que levantar el pie ostensiblemente para ser doblado. Gasly se escapó irremisiblemente. “Hemos tenido problemas en las dos últimas carreras con temperaturas más bajas”, explicaba Sainz al terminar, “nuestro coche tiende al subviraje en mitad de la curva, lo que daña mucho el neumático delantero izquierdo”. Las imágenes delataban los violentos latigazos en determinadas curvas mientras iba a la caza de Gasly. No adelantarle en su momento permitió que fuera el francés y no Sainz quien recogiera la quinta posición de un Pérez desfondado.

Un territorio talismán

Pero el resultado final fue positivo para piloto y equipo. En el GP de Portugal, McLaren paraba el golpe recibido de sus rivales en Nurburgring, cuando parecía perder el tren de la tercera posición del campeonato. En Portimao, Sainz dejó a su espalda los dos monoplazas de Racing Point y Renault. Hoy, solo seis puntos separan a los tres equipos, el británico a dos del primero y cuatro puntos por delante del equipo francés. La pugna se antoja titánica hasta final de temporada, McLaren parece recuperar el fuelle, pero la próxima cita en Imola, previsiblemente, será más fría que en Portimao...

"Gran pilotaje, Carlos. Tus primeras vueltas liderando un gran premio, pero ciertamente no serán tus últimas", le felicitaba por Twitter el jefe, Zak Brown. Pero posiblemente no serán con su equipo, sino con el de Mattía Binotto. Mientras tanto, Portugal volvió a convertirse en territorio talismán para los Sainz. "Mi padre estaría orgulloso, porque siempre me dice que hay que brillar en estas condiciones", apuntaba después Sainz en referencia a esas vueltas iniciales. El padre lideró su primer tramo en el Mundial de Rallies en el circuito de Estoril, allá por 1987. El hijo, en la Fórmula 1, en el de Portimao. De tal palo, tal astilla…

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