Gerhard Berger, un ligón en los 80

Qué hacer en la Fórmula 1 cuando pillabas a tu piloto con una azafata en el camión

Joan Villadelprat comparte más anécdotas de su dilatada trayectoria, como la bronca que recibió el mismo Ron Dennis o las aventuras de un piloto incorregible con sus ligues. La F1 de antes.

Foto: Qué hacer en la Fórmula 1 cuando pillabas a tu piloto con una azafata en el camión. (EFE)
Qué hacer en la Fórmula 1 cuando pillabas a tu piloto con una azafata en el camión. (EFE)

¿Cómo es posible partir un chasis de fibra de carbono de un McLaren en un repostaje? ¿Y que sea el propio jefe, Ron Dennis, quien se llevara una brutal bronca? ¿Cómo se las apañaba ese piloto con enome fama de ligón cuando le gustaba una azafata de la parrilla de salida? ¿De qué pasta se forjaba la gente de la Fórmula 1 en los ochenta?

Joan Villadelprat, con casi tres décadas de experiencia en McLaren, Ferrari, Benetton y otros equipos de Fórmula 1, nos ofrece otro desternillante ramillete de anécdotas que en esta ocasión tiene como centro a protagonistas del quipo británico en uno u otro momento de su historia

"Repostajes que eran la leche"

McLaren, 1982. Ron Dennis ya controlaba el equipo, con John Barnard como director técnico. Ambos participaban con el 25% en el capital del equipo. El ingeniero británico fue uno de los grandes genios e innovadores de la disciplina. Pero Barnard decidió vender su participación y quedó posteriormente como empleado del primero, algo que nunca llevó de buena gana.“Siempre se tuvieron tirria entre ellos. Y si Ron se compraba un Porsche, John se compraba otro más grande. Había muchos celos entre ellos”.

En aquella temporada, la Fórmula 1 había introducido los repostajes. “Aquello era la leche. Llegaba el coche a 200km/h a boxes, no había límite ni nada. Tú estabas allí con la manguera, el tío que llegaba a toda leche, tú mirando y esperando que no la cagara, te decías: 'espero que frene, espero que frene...' No es lo de ahora, que llegan a 70km/h y están allí todos dormidos. De golpe, te pasaba el coche un metro por delante a toda leche y tenías que ir con la manguera al quinto infierno. Aquello era tremendo, porque luego metíamos 150 litros o más en muy pocos segundos, eran 70 bares de presión, no los 12 litros por segundo de ahora…”

Cada equipo desarrollaba por entonces su propio sistema de repostaje, que antes era necesario probar en la fábrica. Uno cogía la manguera y otro metía por el lado opuesto una válvula de descompresión para que saliera el aire. Joan Villadelprat era el encargado de la manguera: “Cuando metías la presión de la manguera tenías que ser un tío fuerte. Yo estaba fuerte entonces, y me cogieron a mí. Tenía un diámetro de unos 15 cm de boca, de ancho, y no exagero”.

John Barnard (d), se ríe junto a Niki Lauda en 1982. (Imago)
John Barnard (d), se ríe junto a Niki Lauda en 1982. (Imago)

"Y de repente ¡Boooommm!"

“Aunque no fuera el director técnico, Ron Dennis se puso a dirigir la prueba. Estaba allí cronometrando, y nos iba diciendo 'un poco más de presión, un poco menos…' En eso que, una de las veces, meto la manguera más rápido que el jefe de mecánicos la válvula de descompresión. Y oímos de repente: '¡¡booooommmmm!!'. Paramos y, ostia, ¡se había reventado el chasis!… Al meter la gasolina tan rápido y con tanta presión, rebotaba dentro del depósito y bloqueaba la salida del aire. El motor se desplazó un centímetro para atrás, fue la leche aquello, nosotros allí con cara de…”, cuenta Villadelprat.

Pero la explosión del chasis no fue nada, según él, con la que se produciría después. Aunque de otro tipo. “Cuando John (Barnard) vió aquello, el chasis roto… Salió disparado a la oficina de Ron, que estaba en el piso de arriba. ¡Qué gritos! Barnard era un tío muy tranquilo, pero cuando se le metía una vena así rara en el cuello daba miedo. Le dijo de todo: '¡Pero quién eres tú para meterte aquí!'. Fue acojonante, se oía la bronca hasta en el piso de abajo, en el taller. John le decía que era un trabajo técnico y que no tenía que haberse metido. Y Ron callado, tragando. A Barnard le cabreaba que Dennis se hubiera convertido en su jefe, un antiguo mecánico frente a un ingeniero. La relación era así, hasta que empeoró del todo. Cuando Barnard se fue a Ferrari le pillaron una noche con una cámara llevándose información de McLaren. A la mañana siguiente tenía en recepción una caja con sus bolis, sus cosas y la foto de su mujer. Y no entró nunca más”.

El cigarrito de Rosberg

Joan Villadelprat vivió la época del despegue global de la Fórmula 1, repleta de personalidades singulares. Y no solo los pilotos. “Es que los mecánicos nos llevábamos una botella de Bacardí a cada gran premio y como éramos dos por habitación, después de trabajar dieciséis horas, nos pegábamos unos copazos, dormíamos dos horas y a trabajar de nuevo. El cuerpo te aguantaba todo”. El catalán recuerda una anécdota en primera persona para introducir aquellos tiempos, sus personajes y sus pilotos: “Estaban, estábamos, hechos de otra manera. Era toda la gente de la Fórmula 1, también los mecánicos. Para que te hagas una idea, nos íbamos a mitad de enero a Brasil a entrenar con el coche nuevo y nos quedábamos hasta la primera carrera. Así que estabas dos meses en Río de Janeiro, con el Carnaval en medio, con todo lo que representaba, imagínate. Viviendo en el Sheraton cinco estrellas, con pasta, te pagaban toda la comida, lavandería, te daban 30 libras al día para llamar por teléfono. Y si encimas tenías buena pinta...”.

“Pues en Río trabajabas a cuarenta y cinco grados a la sombra con una humedad tremenda. Un día, sin darme cuenta, me quemé la espalda porque me quité la camisa para trabajar. Casi quemaduras de tercer grado. Me arranque la piel al ponerme la camisa, pero no dije nada hasta que terminó la carrera. Cuando acabó, fui a ver al médico de Niki Lauda, Willi Doung, que se quedó asustado, me dijo que estaba loco y me puso una crema. Pero me sentía tan preocupado porque no dejaran trabajar que no dije nada y aguanté como un cabronazo hasta que se acabó la carrera. Era una manera de hacer, porque nosotros, además, éramos solo 180 personas en el equipo, teníamos que hacer absolutamente de todo. Era otro momento de la historia de la Formula 1 y en este sentido, los pilotos también eran así”.

Keke Rosberg, con McLaren en 1986. (Imago)
Keke Rosberg, con McLaren en 1986. (Imago)

Campeón del mundo en 1982, Keke Rosberg (padre de Nico) coincidió con Villadelprat en McLaren en la recta final de su carrera. “Era un tío que le gustaba fumar muchísimo. Aparte de que te lo encontrabas en una discoteca, y te pagaba la ronda a ti y a todos. Porque a los pilotos te los encontrabas en las discotecas. Antes de la salida de una carrera, a Rosberg le gustaba echarse un cigarro. Cuando el director de carrera llamaba a los pilotos a la reunión antes de la salida, se escaqueaba y me cogía el paquete de tabaco. Entonces, un día cogí un cenicero y se lo pegué al coche con velcro. Pues va, se mete en el coche antes de la carrera y me dice que qué era eso. 'Para que ya no salgas del coche a fumar', le contesté. Aún se está riendo de aquello. Eran tíos que bebían, fumaban y después corrían como bestias. Y uno de ellos era Rosberg, con un control y una habilidad impresionantes”, señala.

El "intercambio cultural"

Pero había quienes iban más allá del cigarrito de antes de la carrera. Como el austríaco Gerhard Berger, que también formó parte de McLaren. Con carácter y personalidad de ‘bon vivant’, una de sus proezas fue ser capaz incluso de cambiar y ablandar el temperamento del mismísimo Ayrton Senna, con quien compartió monoplaza. Sus bromas al brasileño fueron legendarias. “Después de los Rosberg y compañía, Berger fue uno de los últimos de esa estirpe. Todo un pieza”, ríe Villadelprat. Y uno de los pilotos con más fama de mujeriego de las últimas décadas: “En la parrilla de salida siempre había unas mujeres espectaculares. Pues el tío estaba allí, antes de salir y, por lo que fuera, porque se habían mirando antes o le había echado el ojo a alguna, te decía: 'Oye, Joan, ¿ves a aquella chica de allí, la del paraguas rojo? Pues dile que se venga después de la carrera al camión'. Y la chica, allá que se iba, claro”.

A principio de los ochenta no existían los sofisticados y amplios ‘motorhome’ actuales, sino grandes camiones donde los pilotos se cambiaban. “Una vez, entro al camión y me encuentro allí el pastel: Gerhard con la chica. Claro, salgo y les digo al resto. 'Chicos, aquí no se entra, dejad que siga el intercambio cultural hasta que termine (carcajadas). Hasta que no acabe, no entréis aquí'. Y luego, veías salir a Berger con la sonrisa feliz y a la chica toda despeinada…(más carcajadas). Berger era muy amigo de Barry Sheen, que era otro animal con las mujeres… Dios los criaba y ellos se juntaban. Eso no significaba que luego no corrieran como bestias. Pero Berger, en el rollo de ligar, en el 'paddock' era un fenómeno”.

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